Toni Hill publica 'los ángeles de hielo'

"La Barcelona de hoy nació a principios de siglo en una tierra de nadie"

La gran sorpresa literaria española la brinda este noir gótico que, bajo la apariencia del bestseller, ofrece una historia compleja, adictiva y muy bien escrita

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Toni Hill
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Todos los sellos quieren atrapar un best seller pero ninguno lo declarará abiertamente. La última novela de Toni Hill (Barcelona, 1966), por ejemplo, el escritor que logró lo imposible vendiendo centenares de miles de libros de bolsillo, ese formato que nunca acabó de enamorar a los lectores españoles. 'Los ángeles de hielo' es su primer gran libro editada en tapa dura y Grijalbo (Random House) la publicita en la contra como un best seller "literario". Una matización pudorosa que parece indicar que quieren vender muchos ejemplares pero que, con todo, está bien escrito. Aunque, como dice el propio Toni Hill: "¿Best seller literario? Cualquier novela tendría que ser literaria o no debería ser".

'Los ángeles de hielo', de Toni Hill
'Los ángeles de hielo', de Toni Hill

Y 'Los ángeles de hielo' lo es. Nos encontramos ante la gran sorpresa literaria española en lo que va de año, un gótico noir -como lo califica socarrón su autor-, que ofrece una historia compleja, adictiva y, sí, muy bien escrita. El foco de la historia ilumina la Europa de 1916, en el ecuador de aquella carnicería que conocemos como primera guerra mundial, para después ceñirse a la Barcelona que florece al son de la contienda. Oleadas de emigrantes (andaluces, extremeños, murcianos) llegan cada día, comienzan a labrarse las tensiones laborales que más tarde estallarán en los años 20 del pistolerismo y, según explica su autor, se forja la ciudad que es hoy.

Dos historias se cruzan en este escenario: la de Frederic Mayol, un psiquiatra herido en las trincheras y afecto al psicoanálisis que se instala en un sanatorio mental de un pueblo pesquero a tiro de piedra de la metrópoli y con un funesto pasado por desbrozar, y la de los diarios de la anterior directora, cuando el sanatorio servía de colegio para señoritas. Y así, las universales referencias de la ficción victoriana, del Henry James de 'Otra vuelta de tuerca' a la Charlotte Brontë de 'Jane Eyre', sazonan en su justo punto una intriga psicológica que acelera su intensidad a medida que pasan las páginas sin desfallecimientos ni atajos. 

Pregunta. Da gusto ver un libro de Toni Hill con tapa dura, ¿no? ¿Cómo se explica que vendiendo tantos libros como vendió la trilogía protagonizada por el inspector Salgado se los publicaran todos en bolsillo?

Respuesta. El inicio fue muy simple. Yo colaboraba con Random como traductor desde hacía mucho años, me ganaba la vida con ello, e incluso hice algunas traducciones para Debolsillo. Así, cuando estaba escribiendo ‘El verano de los juguetes muertos', se me ocurrió la idea de enseñárselo a mi editor. A él le gustó y empezaron a mover la idea, por entonces poco habitual, de publicar un inédito en bolsillo. El bolsillo no acaba de funcionar en España y la prueba es que, siendo el formato más barato, es también el que más ha caído en los años de la crisis. Supongo que antes la gente compraba bolsillo por añadidura cuando iba a la librería a comprar otros libros en gran formato. Además, el libro de bolsillo deja poco margen y los sellos prefieren no venderlos. 'El verano de los juguetes muertos', sin embargo, rompió ese modelo...

P.¿Cómo lo rompió?

R. Pues lo rompió vendiendo 100.000 ejemplares, jajaja. Llenamos todo de expositores, era un bolsillo más lujoso de lo habitual, a 12,95, y, en fin, a la gente le gustó. Y a mí, una vez publicada la primera parte de la trilogía en bolsillo, me pareció feo no publicar las dos que faltaban también en ese formato. Porque el bolsillo también tiene ventajas: está en las gasolineras, en los aeropuertos, en las estaciones de tren…  En fin, vender 100.000 ejemplares de bolsillo en 2011, ya en plena crisis, fue una barbaridad. Luego, además pensé que hacerlo así me permitía de alguna manera tener dos carreras literarias. Una, la serie Salgado, en bolsillo, y otra formada por otros tipo de libros que nada tendrían que ver con ella.

Vender 100.000 ejemplares de bolsillo en 2011, ya en plena crisis, fue una barbaridad. Luego pensé que hacerlo así me permitía tener dos carreras literarias

P. ¿Podemos decir entonces que la serie del detective Salgado ha quedado cerrada?

R. Más o menos aunque cualquier cosa puede pasar... Pero no es necesario cerrarse puertas sin necesidad, tenía muy claro que no iba a matar a Héctor Salgado en la última página. Lo que pasa es que no puedes arrastrar un misterio más allá de lo necesario, llegado un momento la gente quiere conocer el final. Con tres libros era suficiente y yo podía pasar a hacer otras cosas, como ‘Los ángeles de Hielo’.

P. Pues vamos con ‘Los ángeles de hielo’. ¿Cómo le atrapó la historia?

R. Ocurrió cuando estaba escribiendo las páginas finales de ‘Los amantes de Hiroshima’, la tercera y última novela de la trilogía de Héctor Salgado. Empecé a pensar en alejarme del género negro, bastante saturado ya, y en que mi siguiente novela recogería una de las tradiciones literarias que más me gustan del mundo, la novela gótica, “o gótica noir”, como yo la llamo. Y empecé a jugar con la idea de las personas a las que nadie quiere, el tema de la represión, cuando nadie se da cuenta de que eres bueno o cariñoso y de ahí surgió Águeda. Y claro, el protagonista tenía que ser entonces un psicólogo, o neurólogo, implicado en un misterio que le afectaba directamente. Ahí tenía mi nueva novela...

P. El escenario de su novela es uno de los más atractivos y visitados por los escritores españoles, la Barcelona pujante, inmigrante y libertaria de principios de siglo. Pero si a autores como Mendoza en 'La verdad sobre el caso Savolta' les interesaba más el pistolerismo de los años 20, usted va un poco más atrás, a los años prósperos de la gran guerra y de la llegada de emigrantes a Barcelona.. ¿Nació entonces la Barcelona de hoy?

R. Claro, sí, sin duda. El hecho por ejemplo de que Mario, el protagonista del prólogo, sea un emigrante murciano -como yo, por otra parte- lo apunta claramente. Para mí era fundamental que estuviera en marcha la primera guerra mundial y que no hubiera terminado aún. Porque gracias a aquella guerra algunas zonas industrializadas de la neutral España, como Cataluña o el País Vasco, se estaban enriqueciendo mucho comerciando con los contendientes. La burguesía podía producir y, por tanto podía gastar… y subvencionar cosas. Mi novela es más psicológica que social, me interesaba más los orígenes de la tensión social que la tensión en sí misma. Era la Barcelona de aquellos años, aquella tierra de nadie cosmopolita, la que quería contar.

En aquella Barcelona se juntaron gentes con ganas de progresar y una burguesía próspera con buena voluntad… hasta que se empezó a sentir amenazada

P. ¿Era, digamos, más progresista aquella burguesía catalana que otras elites?

R. Un poco quizás. Y los que emigrantes que llegaban también eran distintos. Marcharse siempre implica una voluntad de mejora, no como el campesino que se quedaba trabajando el cortijo andaluz… Así en Barcelona se juntan en aquellos años, gente con ganas de progresar, un ambiente social que les invita a descubrir y defender sus derechos, y una burguesía próspera con buena voluntad… hasta que poco después se empieza a sentir amenazada, claro, y se lo toma como una afrenta.

P.¿Y la Barcelona de hoy? ¿Parecidos y diferencias?

R.  Es complicado, mi familia eran inmigrantes de Murcia y, de hecho, en Cornellá los llamaban "los murcianos" y, al principio, fueron recibidos, como es normal, con desconfianza. Pero en el momento en que comprobaron que era gente normal que llegaba a ganarse la vida, esa desconfianza desapareció. Lo mismo ocurre hoy.

P. Usted estudió psicología y en ‘Los Ángeles de Hielo’ nos encontramos con psiquiatras, locos, y manicomios… ¿Cómo fue el reencuentro?

R. Pues fíjese, por ejemplo, el psicoanálisis, al que yo tanto critico, vivía entonces un momento apasionante. Aunque hay que decir que, al igual que los burgueses en Viena contrataban a Klee para decorar sus salones, también contrataban a Sigmund para entretener a las mujeres un rato. Freud creó una teoría autojustificada en la que la premisa es la conclusión pero, por otro lado, su intuición es innegable. Sus inicios son apasionantes y su potencia literaria, tremenda. Pero, sobre todo, lo que yo quería marcar en el personaje de Frederik, obsesionado por la teoría imperante entonces, era cómo el psicoanálisis y las nuevas teoría de la mente estaban revolucionando, y mejorando, el tratamiento de los locos, que era horrible. De hecho, el escándalo que destapó un periodista de malos tratos en un frenopático, y que recojo en la novela, ocurrió de verdad. Y por eso Frederik se lleva a sus pacientes a ver el mar.

Al igual que los burgueses en Viena contrataban a Klee para decorar sus salones, también contrataban a Freud para entretener a las mujeres un rato

P. ¿Ha escrito un 'best seller' literario? Parece que la palabra 'best seller' está marcada para mal y sin embargo todos los sellos aspiran a lograrlo...

R. Creo que lo cambiaron al final por “revelación literaria” que, en fin a estas alturas… pero es igual, veamos. El best seller no es un género, no surge, es una conclusión. Puedes hacer mucho para convertir un libro en best seller, como sacar 100.000 ejemplares en lugar de 2.000 pero, con todo, nunca lo tendrás garantizado. ¿Hay similitudes entre '50 sombras de Grey', 'La catedral del mar' y ‘El tiempo entre costuras’? Ummm, yo no las veo. Sí que veo en todas que su complejidad no es muy alta, sólo pretenden contar una historia interesante que el lector no pueda dejar. Pero son títulos muy distintos. ¿'Best seller' literario? Cualquier novela tendría que ser literaria o no debería ser.

P. ¿Cómo ve un escritor con una trayectoria tan peculiar como la suya el actual momento que vive la industria editorial en el que, si bien el ebook parece haber quedado relegado a un nicho reducido, cada vez más focos de atención le disputan su sitio al libro?

R. Es es el gran hándicap. A mí mismo me pasa. Yo cojo el autobús todos los días, llevaba un libro y lo leía. Y ahora me cuesta mucho. Sacas el teléfono, entras en Facebook, tienes varias conversaciones a la vez abiertas, miras las noticias… Yo no soy antirredes pero hacemos 200 cosas a la vez y leer exige una concentración absoluta, cuando lees no puedes hacer nada más. O matizamos esta mentalidad nueva y dejamos un espacio para el silencio y la concentración, o mala cosa. Lo bueno es que el grupo de fieles lectores, los que siguen leyendo, leen mucho, y suelen leer en papel.

P. ¿Está la cosa más calmada en Cataluña, como parece?

R. Yo creo que la gente está cansada, sí, yo lo estoy. El tema se ha agitado mucho por ambos lados aunque lo que no va a desaparecer es el tema de que se vote de una vez. Y si no es legal, que se cambie la legalidad. Es que hasta la gente del PP catalán, aunque no lo digan abiertamente, quiere votar. Yo creo que nuestra democracia se lo puede permitir y probablemente se quede todo igual.

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