del 30 de marzo al 17 de abril en el teatro de la abadía

Ellas, las víctimas olvidadas de la Guerra Civil

Carme Portacelli homenajea en 'Solo son mujeres' a las miles de mujeres torturadas y asesinadas a través de los testimonios de Matilde Landa, Amparo Barayón y Tomasa Cuevas

Foto: 'Solo son mujeres', de Carme Portaceli
'Solo son mujeres', de Carme Portaceli

"Me acusaron por todo; por ser maestra; por no estar bautizada; por haber ayudado a evacuar niños, por haberme presentado como enfermera voluntaria... Por todo y casi sin juicio... me condenaron a muerte". Estas palabras las podrían haber dicho cualquiera de las muchas mujeres que eran aún más invisibles en la España de la Guerra Civil. Las podrían haber dicho Matilde Landa, Amparo Barayón o Tomasa Cuevas. Tres de las miles de mujeres que fueron encarceladas, torturadas, separadas de sus hijos, asesinadas, tiradas a las cunetas y ninguneadas por nuestra memoria.

"Que nadie nos borre de la historia", dice otra de ellas tras ser brutalmente apaleada. No le hizo caso una historia construida por los hombres porque, total, ellas solo son mujeres... Carme Portaceli le imprime dignidad y fuerza a esa coletilla desdeñosa y convierte 'Solo son mujeres' en una obra de teatro necesaria. Un homenaje que habla de las mujeres durante la Guerra Civil a través de testimonios reales, que dan lugar a cinco historias de madres, hijas, esposas, sindicalistas y militantes... En definitiva, de mujeres castigadas por 'rojas y liberadas'. "Es un homenaje a estas heroínas y luchadoras silenciadas por una sociedad patriarcal que no nombra nunca a las mujeres en ningún sitio", explica Portaceli. 

Es un homenaje a estas heroinas silenciadas por una sociedad patriarcal que no nombra nunca a las mujeres en ningún sitioLa actriz Míriam Iscla, la bailarina y coreógrafa Sol Picó y Carmen Conesa en la música, escrita por Maika Makovski, protagonizan este montaje en el Teatro de la Abadía de Madrid (a partir del día 30). Carmen Domingo firma el texto de una obra que funde interpretación, danza y música en directo para reivindicar el valor de la tan manoseada memoria histórica. Es necesaria, cuenta la directora, "porque las mujeres también lucharon en la Guerra Civil por la libertad y la democracia, porque también sufrieron y porque, ni siquiera, se les contó numéricamente. No hay cifras de mujeres muertas ni asesinadas ni fusiladas. Sus nombres no salen hoy en los libros de historia y pienso que es importante reconocerlas porque ellas tuvieron un papel importantísimo. Las mujeres tenemos un papel importantísimo en el desarrollo de la sociedad y no salimos ni en los libros ni en los periódicos ni la veinteava parte que ellos. Y lo peor es que hoy sus nombres siguen sin salir".

Ellas, las víctimas olvidadas de la Guerra Civil

Los relatos de estas mujeres tan diferentes y con tanto en común como Barayón (mujer de Ramón J. Sender, huyó a Zamora con su familia de derechas, pero su cuñado la denunció para quedarse con sus tierras y acabó fusilada), Landa (militante del Partido Comunista, iniciadora de una oficina de penales en la prisión de Las Ventas y acosada hasta el suicidio para que se bautizara) o Cuevas (gracias a quien tenemos los testimonios de esas presas) sirven para recrear la crueldad que miles de españolas vivieron en las cárceles. Y decimos miles porque, como matiza Portaceli, no hay registro de ellas porque no se las reconocía como presas políticas sino como prostitutas o delincuentes comunes. Algo que, además, provocó que no hubiera testigos de los crímenes que se cometieron contra ellas. "Es brutal porque no hay cifras ni de perros ni de mujeres. Son lo último. Las llevaban para aliviar sexualmente a los hombres. Es decir, eran lo menos de lo menos de lo menos".

- Señor juez. Aun siendo mujer, me castigáis como a un hombre. Eso me honra. 

Me golpearon.

- Ahora sabrás lo que es bueno. Vosotras sois mujeres, no sois nada. Tenlo claro.

También se detiene esta obra en los otros grandes olvidados de la Guerra Civil: los niños. Están en la obra muy presentes junto a sus madres en los penales, en sus vientres y camino de Rusia. Esos niños de la guerra que, admite Portaceli, representan lo que es realmente una guerra: "desarraigo, angustia, dolor y falta de solidaridad". Algo que invita a reflexionar sobre la situación actual que están sufriendo los refugiados sirios. "Una de las cosas más graves que está pasando es que la UE se está desmoronando desde que la derecha ha llegado al poder en Europa. Era un sueño socialdemócrata que en este momento está en otro sitio". ¿Hemos aprendido y algún día diremos cómo pudo pasar esto con los sirios? "No lo creo. Vamos a un mundo zombie a lo 'The Walking Dead", responde.

Imagen de 'Solo son mujeres'
Imagen de 'Solo son mujeres'

'Solo son mujeres' no solo es una obra dura, aunque su directora reivindica su esperanza y la luz que arroja sobre estas mujeres condenadas al ostracismo, también invita a reflexionar sobre la "cutrez humana" y la profunda división de España. "Es importante ver también, y más ahora que estamos en un momento de pactar o no pactar, cómo no fue posible la República en este país. Ese cainismo de este país hay que trabajarlo profundamente. ¿Por qué no se puede pactar aquínbsp;En 2010 en Inglaterra tardaron 24 horas en pactar. Tsipras pactó con la extrema derecha en 48 horas. ¿Qué pasa en este país? ¿Por qué nunca podemos hablar? Es ridículo y es patético que no se pueda hablar ni renunciar a uno mismo todo el tiempo", dice.

Una deuda histórica

En la primera escena de 'Solo son mujeres' una mujer de hoy habla con su madre de su abuela, asesinada y tirada desde entonces en una cuneta. Acaba de aparecer y junto a su cuerpo hay una botella con su nombre dentro (algo también real, matiza la directora). "¿A qué viene eso ahora? Se murió hace más de 60 años", le dice la joven a su madre mientras piensa que el tema de su abuela siempre ha sido tabú en casa. "España es un país que tiene a la mitad de su gente sin enterrar. No se trata de remover el pasado ni de dividir al país sino de todo lo contrario: de que estemos en paz habiendo reconocido lo que ha ocurrido. Es la única manera", dice con firmeza Portaceli. 

Lo preocupante, además de que la Ley de Memoria Histórica está prácticamente en un cajón, es que los jóvenes cada vez saben menos de nuestra memoria porque "ni siquiera se lo han contado". "Se creen que Franco fue un señor que ganó unas elecciones hace muchos años. Solo lo saben los nietos de los republicanos, y es sorprendente. Dudo que haya un solo alemán que no sepa quién fue Hitler. Hay una deuda histórica y es necesaria saldarla porque enterrar a esos hombres y mujeres forma parte de un ritual que sirve para despedirse de una forma digna. No poder hacerlo es gravísimo. Es una afrenta. Eso es lo que divide y hace daño". Por eso, insiste, enterrarles es "una de nuestras grandes deudas históricas, pero seguiremos igual: mantándonos por una opinión diferente". Aun así, "también creo que el hecho de se hable más de las mujeres a lo mejor podría cambiar un poquito el sentir y las formas de hacer las cosas". Solo son mujeres, pero el primero paso es hacerlas visibles.

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