'Repertorio de vituperios musicales'

Beethoven, Strauss, Wagner y otros músicos de mierda

Nicolas Slonimsky recopila en un libro los mayores insultos de los críticos contra los grandes compositores de la historia de la música clásica

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Ruido según la RAE: “Sonido inarticulado, por lo general desagradable”. Y hasta aquí llega el consenso: aunque casi todo el mundo tiene manía al ruido, casi nadie entiende lo mismo por ruido, como demuestra un simple paseo por la historia de la música. En efecto, tan ruidoso y enervante resulta hoy el sonido de una taladradora entrando por tu ventana a las ocho de la mañana, como resultaba ayer una composición de Beethoven o Debussy, calificado por un crítico de su época como “ruidito miserable”. En otras palabras: Debussy sonaba a ciertos oídos del XIX igual que ahora les suena a nuestros padres el hardocore techno del Festival de Monegros: a rayos.

“Acordes erróneos y aglomeraciones de notas intolerables para cualquiera que no esté por completo desprovisto del sentido oído… Suena espantosamente mal”. ¿King África? No, Ludwig van Beethoven, según escribió un crítico parisino en 1857.

Portada del libro
Portada del libro

Esa fobia a lo moderno, a la evolución de la música clásica, alimenta 'Repertorio de vituperios musicales', ensayo de Nicolas Slonimsky (Taurus) sobre los mayores insultos de los críticos a los grandes compositores de música clásica. “Cientos de caricaturas de su época ridiculizaban el carácter ruidoso de la música de Wagner. En algunas se lo representaba clavando un clavo en el oído del oyente… Para los oídos viejos, la música nueva siempre es demasiado estridente. Beethoven parecía hacer más ruido que Mozart; Liszt hacía más ruido que Beethoven; Strauss, más que Liszt; Schoenberg y Stravinsky, más que ninguno de sus predecesores”, cuenta Slonimsky en el libro.

Lo explicó George Bernard Shaw en 1910: “La historia técnica de la armonía moderna es una historia de la tolerancia, por parte del oído humano, hacia acordes que, en un momento inicial, a la mayoría de los músicos profesionales contemporáneos les sonaban disonantes y faltos de sentido”.

"La música de 'La consagración de la primavera' de Stravinsky se resiste a cualquier descripción. Decir que consiste en su mayor parte en un ruido espantoso es quedarse corto", escribió el crítico del 'Times' en 1913. O sea, que no le gustó... 

Del ruido espantoso al dolor de cabeza, hay un paso; de la jaqueca a la repulsión física y psicológica, otro. Y una vez ahí son inevitables las ganas de querer estrangular al músico que ha perpetrado la cacofonía. “Los críticos de música se quejan con frecuencia de que las obras modernas les producen un dolor físico. August Spanuth calificó la 'Sinfonía de cámara' de Schoenberg de 'sinfonía de cámara de los horrores'. Huneker, por su parte, escribió: 'Schoenberg introduce en su música unas dagas afiladas y al rojo vivo, con las que va cortando en pequeñas rodajas la carne de sus víctimas… El muy cosmopolita Percy A. Scholes afirmó en la edición del 13 de mayo de 1923 del 'Observer' londinense que escuchar a Béla Bartók tocando sus obras para piano le había causado el mayor sufrimiento de su vida, 'al margen de un par de incidentes relacionados con la 'odontología indolora'”.

Beethoven, Strauss, Wagner y otros músicos de mierda

Es-cán-da-lo, es un escándalo

Capítulo aparte merecen los críticos moralistas. La indignación y la rasgada de vestiduras ante formas culturales de nuevo cuño cuentan con una larga tradición (involuntariamente cómica). “En los campos de la danza, el arte, la literatura y la política, el fenómeno psicológico del rechazo a lo desconocido, opera con tanta fuerza como en el de la música”, explica Slonimsky. 

Isadora Duncan, por ejemplo, generó un gran escándalo en Boston en 1922 al bailar descalza: el alcalde prohibió que volviera a actuar en la ciudad.

Ahora adivinen a qué baile de la MTV se refiere la siguiente cita: “Condenamos el baile de origen extranjero que atenta contra la moral por su carácter lascivo”. ¿El perreo reggaetonero? No, el tango, según las inmortales palabras del arzobispo de París tras la llegada del baile a Europa en 1914. “Si esta fémina que baila tango es la nueva mujer, que Dios nos libre del desarrollo futuro de esta criatura anormal”, bramó fuera de sí el cardenal de Boston por esas fechas.

Beethoven, Strauss, Wagner y otros músicos de mierda

Un siglo antes, la aparición de otro baile había hecho explotar igualmente algunas cabezas: el vals (el vals, sí, ese baile tan picante). “El vals es una licenciosa danza alemana de invención moderna. Tras haber contemplado a un selecto grupo de extranjeros bailándolo, no pudimos evitar reflexionar sobre lo incómoda que se sentiría una madre inglesa al ver a su hija tratada con tanta familiaridad y más aún al ser testigo de la libertad con que las féminas devuelven dicho trato”, según la definición de vals de la 'Enciclopedia de Rees' (Londres, 1805).

Es toda una tradición: Que las mujeres contoneen sus cuerpos en la pista de baile suele generar fuertes dosis de horror cósmico entre un sector de la 'intelligentsia' cultural. Cyril Scott, compositor y teósofo inglés, reaccionó con escasa flema cuando descubrió el jazz. “Tras la diseminación del jazz que indudablemente fue organizada por las fuerzas oscuras, se ha puesto de manifiesto de un modo muy perceptible un declive de la moral sexual. Mientras que en cierto momento las mujeres se conformaban con un flirteo decoroso, ahora son muy numerosas las que se dedican a buscar aventuras eróticas y, de este modo, han convertido la pasión sexual en una especie de hobby”.

Todos los insultos que en el mundo han sido

El crítico del 'Times' londinense dijo de Ravel -en 1924- que su obra era propia de un “enano o pigmeo” de “sangre fría casi reptiliana”. Su tono vehemente no es una excepción vistos los centenares de ejemplos del libro de Slonimsky. Hablamos de unos niveles tan brutales de vitriolo y bilis que Twitter parece en comparación una Escuela de Protocolo y Buenas Maneras. Atentos a cómo llegó a definirse la obra de los popes de la música clásica:

Sobre Béla Bartók: “Su música es simple y llanamente estiércol”.

Rigger: “Sonaba como si se estuviera torturando, lentamente y hasta la muerte, a un grupo de ratas, mientras, de vez en cuando se oían los gemidos de una vaca moribunda”.

Strauss: “O es un lunático o se está acercando rápidamente a la imbecilidad”.

¿Strauss? O es un lunático o se está acercando rápidamente a la imbecilidad

Wagner: “La fascinación secreta que hace que esta música sea la predilecta de la realeza más imbécil, el juguete de las camarillas, de los cortesanos aduladores cubiertos de babas reptilianas y de las apáticas mujeres histéricas que parasitan las cortes”.

Strauss: "Hace que los trabajos más delirantes de los más delirantes seguidores de la escuela moderna parezcan completamente insignificantes. Es una pesadilla espeluznante". 

Schoenberg: “O está loco como una cabra o es un estafador sumamente listo”.

Wagner: 'Sigfrido' es abominable… Podría matar a un gato por miedo a estas discordancias espantosas… Los oídos me zumbaban al oír esos abortos de acordes, si todavía pueden llamarse así… Toda esa mierda podría reducirse a cien compases, pues es siempre lo mismo y resulta siempre igualmente tediosa”.  

Pero sería injusto acabar este festival del insulto sin dar derecho a réplica. A Beethoven no le gustó que Gottfried Weber publicara un artículo fulminando una de sus obras, 'La victoria de Wellington'; por lo que el compositor alemán, en pleno uso de sus facultades reflexivas, le respondió con estas simpáticas palabras: “¡Tú, miserable bellaco! ¡Lo que yo cago es mejor que cualquiera de tus ideas!”. ¡Qué carácter, Ludwig!  

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