¿Quieres dejar de ser español? Paga 10.000 euros en ARCO y sabrás cómo
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35 edición de la feria de arte contemporáneo

¿Quieres dejar de ser español? Paga 10.000 euros en ARCO y sabrás cómo

ADN Galería lleva a la feria las gestiones para intentar renunciar a la nacionalidad española convertidas en obra arte por Núria Güell

¿Puede un catalán independizarse de España de manera individual? La respuesta, de momento, es no, pero sí convertir el proceso en una obra de arte y venderla en ARCO. Esa es la obra que la artista Núria Güell, un referente del arte político de este país, ha llevado a la 35 edición de la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid.

La pieza en cuestión se llama 'Apátrica por voluntad propia sobre la prisión de lo posible' y la vende ADN Galería. Recoge todo el proceso, cuya información además se puede ver de forma gratuita en su página web, que Güell inició en 2015 para renunciar a la nacionalidad española a través de la Embajada de España en Dublín, y consta de dos cartas que envió a la Subdelegación de Gobierno de Girona, su respuesta, un informe jurídico sobre el tema comentado por la artista y una fotografía de los trámites en Irlanda. Esta versión reducida de la obra, como explican en la galería, cuesta 10.000 euros. La extendida, que se puede ver estos días también en La Casa Encendida (dentro de la exposición 'Generación 2016') e incluye el vídeo del proceso, asciende a 18.000 euros.

"Este, como todos mis proyectos, surge de un malestar personal relacionado con lo colectivo. Varios de mis proyectos anteriores consistían en subvertir la Ley de Extranjería, concretamente en buscar maneras de legalizar a personas que esta ley ilegaliza, usando para ello mis privilegios, otorgados socialmente por mi condición de ciudadana española, blanca y artista. Es una realidad que me interpela por varios motivos. Por un lado, por todas las atrocidades que se están cometiendo y encima se cometen en nuestro nombre. A nivel personal, me ha afectado muchos años porque mi compañero es cubano y como no tiene ningún pasaporte de la UE siempre son unos señores ajenos a nuestra vida quienes deciden en sus despachos cuándo nosotros podemos estar juntos y cuándo no", explica Güell a El Confidencial desde Beirut.

Hace año y medio decía también a este periódico: “En estos momentos, el artista no se puede permitir ser condescendiente con la actualidad que estamos viviendo”. Y eso es precisamente lo que hace con sus controvertidas y oportunas instalaciones. "Parte de la voluntad de no querer identificarse con el Estado-nación, con esta pertenencia impuesta por la nacionalidad", comentan los galeristas en ARCO. "La nacionalidad se puede cambiar o perder, algo que solo se concibe desde un punto de vista punitivo, pero no se puede renunciar a ella. Ella dice que va contra el derecho de autodeterminación".

"Me parece que estamos en un momento histórico en el que la estructura del Estado-nación es obsoleta y que como sociedad nos toca repensarla. Esto es lo que busco con la pieza, abrir posibilidades que nos inviten a imaginar otros modos de estar en el mundo. Abro preguntas, las respuestas deben ser colectivas. Por supuesto, no vivo en una burbuja y soy catalana. La respuesta sería la misma. Considero que esta estructura estatal, con sus vallas y concertinas, no sirve ni para el colonizador ni para el que quiere independizarse del colono", agrega la artista.

Todo comenzó realmente en 2014, cuando empieza a pedir renunciar a la nacionalidad española en varias oficias de extranjería. "Era frustrante, ya que nadie tenía la respuesta ni conocía el procedimiento para lograrlo, pero a la vez era muy interesante ver como esta simple proposición les generaba caos en su cabeza. Iba más allá de lo que les era pensable. Por un lado, y sorprendentemente, se sentían agredidos. Era una pregunta que les ponía en crisis algo de lo más 'sagrado' en su constitución como persona: la patria. Me preguntaban que cómo me atrevía a pedir esto si 'todo el mundo' quería ser español y otras cuestiones de este tipo. Para mí, en esos momentos íntimos entre yo y el funcionario en cuestión, la obra ya estaba sucediendo", relata.

placeholder Una de las fotos de la obra que Güell presenta en ARCO.
Una de las fotos de la obra que Güell presenta en ARCO.

Tras esto, Güell solicitó al Gobierno renunciar a su nacionalidad adquiriendo el estatus de apátrida, pero le denegaron esta petición. "Que no me siento identificada con la estructura Estado-nación, con los procesos nacionalistas, ni con el concepto de patria", expone en su primera carta a la Subdelegación de Gobierno de Girona. "Considero que el concepto de identidad nacional es una construcción artificial (...) es un concepto construido que se nos inculca mediante operaciones de producción simbólica", añade.

Tras dos solicitudes y empapándose de legislación española y europea con la ayuda de su abogada -Montserrat Fernández-, su petición fue derivada al Ministerio de Justicia, aún sin respuesta. "En nuestro presente, hay casos en que, según mi punto de vista, son las propias instituciones estatales las autoras de los delitos y se hacen en nombre de la seguridad de la nación, en la que sin decidirlo me veo incluida. Prefiero formar parte de una comunidad afín, elegida voluntariamente y no impuesta. Yo nunca he firmado un contrato que aceptase al Estado como mi ámbito legal y la patria como un valor superior al que rendir honores. Y me descoloca cuando los líderes políticos adoptan la portavocía de una supuesta voluntad colectiva en la que me incluyen a través de la identidad nacionalidad", expone en su argumentación.

Otras polémicas

No es la primera vez que hablamos en este periódico de Güell. Su concepción claramente política del arte y la controversia que suscitan sus obras la han erigido como un referente en este tipo de arte que persigue la reflexión a través de la contestación. "Con mis obras, busco provocar momentos de interrogación ética, me refiero a momentos donde los prejuicios, valores e identificaciones que tenemos normalizados se ponen en suspensión, y eso nos permite una distancia crítica", asegura. Por eso, subraya que para ella tener voz a nivel público y mediático conlleva "una responsabilidad con el presente".

La artista fue censurada el pasado mes de octubre por el Ayuntamiento de Figueres por una obra, hecha junto a Levi Orta, por contener símbolos franquistas. El objetivo era “repensar la presencia actual de la ideología franquista”. La instalación en cuestión, titulada 'Ideologías oscilatorias' y hecha en un Fiat Uno de tercera mano tuneado con banderas franquistas, iba a exhibirse en el Festival de Cultura Contemporánea Ingràvids y después el coche franquista iba a recorrer las calles de la localidad catalana, pero el vehículo/obra no pasó la ITV censora.

Antes, en 2014, la polémica también se instaló en otra de estas obras que buscan resaltar las contradicciones del sistema. 'Arte político degenerado. Protocolo ético' formó parte de la exposición colectiva 'Un saber realmente útil', del Museo Reina Sofía. Se trataba de una cuenta en Suiza que, inspirados en Iñaki Urdangarin, habían abierto ambos artistas para denunciar las ventajas de los tan actuales y comunes paraísos fiscales. Para ello, crearon la empresa Güell Orta Contemporary Art SA en un paraíso fiscal con un presupuesto de 4.000 euros "que nos permite evadir todos los impuestos correspondientes a nuestras ganancias", aseguraron a El Confidencial. El dinero lo donaban a un colectivo que trabaja para construir un modo de vivir anticapitalista.

Tres claros ejemplos del arte político que cultiva y surge en ella como "una necesidad". "Es mi manera de hacer soportable y transformar en algo creativo el malestar propio que tiene que ver con lo común. A la vez esta necesidad tiene que ver con el compromiso, con uno mismo, con el otro y con lo que somos colectivamente", señala.

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