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Una SGAE dividida tumba una rutinaria modificación de estatutos

Los socios rechazan la modificación estatutaria necesaria para adaptarse a la LPI en un gesto político que deja patente la grieta entre las dos facciones de la sociedad

Foto: Imagen archivo de una asamblea de la SGAE (Luis Camacho)
Imagen archivo de una asamblea de la SGAE (Luis Camacho)
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La 'paz social' fue un mero espejismo en medio del desierto. La división ha vuelto a la Sociedad General de Autores y Editores con fuerza renovada y el ejemplo más claro fue la Asamblea General Extraordinaria celebrada en la tarde de ayer. En ella se tenía que votar una rutinaria modificación estatutaria para que la SGAE se adapte a la Ley de Propiedad Intelectual pero el ambiente no pudo estar más enconado y dividido, tal y como publicaba ayer este periódico.

Los socios tumbaron los dos puntos del orden del día con más del 50% de la oposición. La primera votación, puramente formal para corregir pequeños fallos en los estatutos, no salió adelante por 7.885 votos frente a 7.411. La modificación para adaptarse a la LPI como exige el Ministerio de Cultura se votó por partes en siete puntos y todos se denegaron, algunos incluso con unas diferencias tan abultadas como 10.188 votos en contra frente a 5.307 a favor.

La realidad que asoma bajo estas votaciones es que la SGAE sigue estando profundamente dividida. Y esta negativa esconde un gesto político que pretende demostrar el rechazo de un sector de la sociedad a la gestión del presidente de la sociedad, José Luis Acosta. En el plan puramente formal, una vez rechazada la modificación estatutaria, volverá a votarse en la próxima asamblea que se celebrará en el mes de junio, aunque antes, en el mes de abril, la LPI también deberá adaptarse a la nueva directiva europa en la materia.

José Luis Acosta en el Palacio de Longoria, sede de la SGAE (Efe)
José Luis Acosta en el Palacio de Longoria, sede de la SGAE (Efe)

Al iniciar la asamblea se leyeron tres cartas de colectivos musicales pidiendo la dimisión Acosta. No supuso ninguna novedad porque colectivos como Dignidad Autoral o ACAM ya habían pedido a sus partidarios el no para el día de ayer. Después, en el turno de ruegos y preguntas, se volvió a pedir la dimisión del presidente, a la que él respondió asegurando que es el momento de construir y no de dividir y que esta asamblea no era un referéndum.

Pero el punto verdaderamente caliente de la jornada fue la carta de Fermín Cabal, dramaturgo actualmente director de Artes Escénicas en la Fundación SGAE y que ha sido vicepresidente de SGAE por su colegio, que publicó el miércoles El Confidencial. En ella, tilda a sus compañeros de la sociedad de "canallas o descerebrados" o "golfos y falaces" y alude a esos acuerdos hoy rotos. Aunque Cabal no asistió a la asamblea, muchas fueron las voces que pidieron su despido de la fundación y la apertura de un expediente. El presidente aseguró que esa decisión tendrá que ser tomada por la Junta Directiva. 

A todo esto hay que sumar esos acuerdos de regeneración pactados en la última asamblea de junio en los que Acosta y Sastrón acordaron crean nuevos cargos directivos para que el Colegio de Pequeño Derecho tuviera más peso en la sociedad y que todavía no existen. Algo que ha ensanchado más la grieta ya existente entre músicos y audiovisuales o dramaturgos. "Vergüenza y asco concitan estos episodios descabellados que hoy se suman a la defensa de una 'paz social' singular, que consiste en dejar que los ladrones sigan robando para evitar que las televisiones cumplan su amenaza de no pagar si se mantenía la corrección reglamentaria que reducía en un 30% los ingresos de la mafia", decía Cabal en su misiva al respecto sobre las dos facciones cada vez enfrentadas en el seno del Palacio de Longoria.

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