estreno de la ley del mercado

El trabajo de buscar trabajo: el hombre normal contra la crisis

Vincent Lindon consiguió el Premio al Mejor Actor en Cannes por su papel de parado en busca de un empleo en 'La ley del mercado' de Stephen Brizé, un drama social un tanto impostado

Foto: 'La ley del mercado'
'La ley del mercado'

Aunque llevaba desde los ochenta interpretando pequeños papeles en el cine, Vincent Lindon no obtuvo cierta popularidad entre los espectadores franceses hasta que protagonizó 'La crisis' (1992), una comedia de Coline Serreau en torno a un hombre que pierde el trabajo poco después de que le abandone su mujer. Veinte y pico años y un buen puñado de películas después, Lindon recibió el Premio a la Mejor Interpretación Masculina del pasado Festival de Cannes por 'La ley del mercado', otro film centrado en un individuo afectado por la crisis, esta vez en clave dramática.

Le ha tardado en llegar el reconocimiento a este actor francés que durante una época demasiada gente asociaba solo a la prensa rosa. Sin aspavientos, Lindon ha ido construyéndose una sólida carrera en el cine basada en la fiel colaboración con una serie de directores franceses (Benoît Jacquot, Pierre Jolivet, Claire Denis...) que, aunque no resulten los más conocidos fuera de sus fronteras, le han permitido demostrar su profesionalidad ante las cámaras.

El trabajo de buscar trabajo: el hombre normal contra la crisis

Lindon es uno de esos actores a quienes sientan bien los roles sobrios y contenidos, de hombres poco habituados a expresar sus emociones. Este también es el caso de Thierry, su personaje en 'La ley del mercado', un cincuentón en el paro después de que la fábrica donde llevaba décadas trabajando cerrase su planta. A Thierry y su esposa apenas les quedan cinco años para acabar de pagar la hipoteca del piso. Pero, mientras él encadena una entrevista de trabajo tras otra, se les acumulan las facturas. Sobre todo, las ligadas a su hijo Matthieu, afectado de parálisis cerebral. Cuando por fin encuentra un empleo como guardia de seguridad en un supermercado, Thierry ve el cielo abierto. Hasta que la banalidad del mal que acarrea su trabajo le hace plantearse si realmente vale la pena seguir con él...

No es la primera vez que Lindon se pone a las órdenes de Stéphane Brizé, un director de filmografía discreta pero de cierto recorrido en festivales. En 'Mademoiselle Chambon' (2009) encarnaba a un hombre de vida plácida que se enamora de la maestra de su hijo, con la que a priori comparte pocos intereses. En 'Quelques heures de printemps' (2012) era el hijo de una mujer que solicita morir a través del suicidio asistido. En ambos casos, Brizé manejaba dramas ligados a emociones muy intensas que gestionaba desde cierta contención más impostada que elegante.

Algo similar sucede con 'La ley del mercado', su aportación al cine de la crisis. Es inevitable pensar en las películas de los hermanos Dardenne ante esta historia sobre un hombre en paro que acepta un trabajo en el que no se siente cómodo. En su labor de guardia de seguridad, Thierry se ve obligado a someter a una constante vigilancia a unos clientes tratados ante todo como presuntos delincuentes, a interrogar de forma humillante a los responsables de pequeños hurtos y a colaborar en el despido de una colega. Como en el caso de las películas de los belgas, Brizé sitúa en el centro del tablero la responsabilidad moral del individuo como última cuota de libertad en un contexto de opresión socioeconómica.

Pero aquí el cineasta ha construido su estilo a base de tirar de lugares comunes del cine de realismo social. Brizé maneja una cámara observacional para otorgar un evidente tono de aires documentales a su film; recurre a la repetición mecánica de situaciones para poner en evidencia el proceso de deshumanización que lleva a cabo el sistema; apuesta por los diálogos naturalistas que dotan de una idea de cotidianidad a la película; y en apariencia opta por un registro expositivo sobrio aunque en el fondo cargue la película de situaciones extremas y dramáticas, desde la existencia de un hijo en situación de dependencia al suceso que colma el vaso de la paciencia del protagonista...

Esta impostura estilística se acaba imponiendo a los otros logros del film. El mayor interés de 'La ley del mercado' reside en plantear hasta qué punto la comunicación hoy en día se ha convertido en un rosario de interrogatorios. La mayoría de conversaciones en la película adoptan el formato de entrevistas de trabajo, de supervisión, de asesoría, de negociación, de compra-venta o de cuestionamiento. Es a través de esta cadena de cuestionarios donde se pone en evidencia el progresivo desgaste que sufre una persona en su proceso de búsqueda de trabajo. Charlas que eluden el factor humano para convertirse en mecanismos burocráticos en busca de eficiencia y resultados. Y, Vincent Lindon, cómo no, está brillante en el retrato de un hombre de mediana edad en el paro, un tipo normal y corriente desencantado de las luchas sindicales y obsesionado en encontrar trabajo que, a pesar de todo, intenta mantener su cuota de dignidad.

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