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Este muerto está muy vivo
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así fue su concierto en barcelona

Este muerto está muy vivo

Wilko Johnson anda de gira por España y toca con la energía de siempre como si ningún médico le hubiese dicho en 2013: "te quedan diez meses de vida"

Foto: Wilko Johnson en su casa de Westcliff, Essex (Reuters)
Wilko Johnson en su casa de Westcliff, Essex (Reuters)

Si la muerte me mira de frente me pongo de lao

El rock'n'roll está infestado de tópicos, pero que un guitarrista al que dieron diez meses de vida siga en los escenarios dos años después de su fecha límite no es algo que podamos mirar con recelo. Wilko Johnson no tenía que haberse embarcado nunca más en una gira española. Wilko Johnson no tenía que actuar esta semana en el Teatro Apolo de Barcelona. Wilko Johnson tendría que haber muerto antes que Phil Everly, que Pete Seeger, que Paco de Lucía, que Bobby Womack, que Jack Bruce, que Joe Cocker, que Tommy Ramone, que Lynn Anderson, que Ian McLagan, que BB King, que Ornette Coleman, que Leslie Gore, que Percy Sledge, que Ben E. King, que Manuel Molina, que Agujetas, que Lemmy, que David Bowie...

El chascarrillo oficial de la noche hacía referencia al cartel de Los Morancos que presidía la entrada del teatro. El dúo presenta estos días el espectáculo 'Antónimos' ("con sus éxitos musicales en Youtube") y nadie ha previsto el choque que provocará en el rockerío local ver a los humoristas de Triana ocupando el cartel que debería presidir el guitarrista de Essex. No es tan grave. Hay cosas más graves. A Wilko Johnson se la debe sudar. (De ahí, ya puestos, el título de esta crónica; un homenaje al humor mongo).

En enero de 2013 los médicos le dijeron que le quedaban diez meses de vida. Tenía un cáncer de páncreas, pero renunció a someterse a ninguna terapia. Si la muerte me mira de frente me pongo de lao, debió pensar, como los Ilegales de Jorge Martínez. Siguió su vida como si nada. Hasta se fue de gira a Japón mientras el tumor crecía y crecía. El tumor llegó a pesar tres quilos. Era tan grande que lo notaba cuando apoyar su guitarra en el estómago. Llegó a abultar tanto que Roger Daltrey le puso nombre: Henry.

Todo eso y mucho más está recogido en el estremecedor, macabro, relamido y extraordinario documental 'The ecstasy of Wilko Johnson' que filmó el cineasta Julien Temple. Para lo que le quedaba en el convento, el rockero confiesa allí que odiaba a su padre, que nunca besó a su madre, que su esposa falleció diez años atrás de cáncer y que lo primero que pensaba cada mañana al despertarse era: tengo cáncer. Para lo que le quedaba en el convento, Temple convenció a Johnson para escenificar una partida de ajedrez con la muerte. Y la muerte es él mismo con túnica y capucha negra.

La de Wilko Johnson no es una historia de superación personal sino una carambola en toda regla. Fue un fan de entre el público, cirujano, quien le solicitó inspeccionarlo y descubrió que su cáncer era salvable. Y tras la carambola, Johnson volvió a lo suyo. Por eso, el miércoles, cuando salió al escenario del Teatro Apolo y el público se alzó para aclamar al hombre que ganó la partida a la muerte, lo único que hizo él fue arrearle a la guitarra y empezar el concierto sin mediar palabra. Cuanto antes. Como si nada.

La paradiña, la mirada de trance, la metralleta

Y como si nada se comportó toda la noche. Quienes lo vieran actuar con Dr. Feelgood o ya en solitario, no notarían la diferencia. Wilko Johnson lo hizo todo: los tres pasos desafiantes hacia la derecha, la paradiña porque el cable blanco en espiral se tensa, la mueca, los tres pasos hacia atrás, los tres pasos desafiantes a la izquierda, otra paradiña, la mandíbula desencajada, los ojos en trance, el twist del reptil con las suelas de los zapatos pegadas al suelo, los morritos, el regate, la mirada perforadora, la metralleta... La metralleta es cuando apunta al público con su guitarra, dispara y sucede lo contrario de lo previsto: cada espectador que recibe sus imaginarios balazos no cae al suelo sino que brinca de la butaca felizmente electrocutado.

Mi tic favorito es cuando pone esa cara de 'esta guitarra está sonando sola, yo no hago nada'. ¡Lo parece! Su equipo consiste en un amplificador Fender, un cable de tres metros y un jack conectado a la guitarra. Solo eso. Ni púa ni pedales. Y sin embargo, la expresividad que obtiene es máxima. Mueve la mano derecha como si hiciese garabatos o cosquillas a las cuerdas, a veces parece que ni siquiera las roce, pero el sonido que extrae de ellas es recio y musculoso, viejuno e hidalgo. En las yemas curtidas de sus dedos, previsiblemente llenas de heridas y callos, tiene de estar escrita la historia del pub rock obrero del último medio siglo.

Wilko Johnson ha dado un curioso salto del pub al teatro. Y lo más parecido al rock que se había visto en el Teatro Apolo ha sido Raphael, Los Panchos y el musical de Queen. La fiebre acontecimientista que padece hoy la música en directo hace que muchos promotores saliven por recintos especiales, pero el protagonista de la noche se pasó la pompa (fúnebre) de la cita por el forro y no hizo un solo comentario respecto a su nueva vida. Dos 'grasias', dos 'thanks', dos 'thank you', dos 'muchas grasias' y dos 'thank you very much' repartidos a lo largo de 80 minutos de concierto fue todo lo que dijo. Eso sí, siempre con una expresión de sincero agradecimiento.

Mejor. La mitad del público, la mayoría de edad bien avanzada, se pasa el concierto en pie, saltando como críos en una charca. El rock'n'roll es un placebo, vaya que sí. Suenan 'Going back home', 'Roxette' y otros clásicos de Dr. Feelgood. En un lateral del teatro hay un hombre con una sábana con una frase pintada: 'Wilko forever'. Es el tío de Lalo López, guitarrista de la Fundación Tony Manero y otras mil bandas. "Mi tío me llevó a mi primer concierto con 15 años. Fue en la sala Vértigo, un antro que había en la carretera de Castelldefels, al lado del cámping La Ballena Alegre", recuerda. Allí vio tocar por primera vez a Wilko Johnson y aún sigue fascinado por ese toque tan silvestre y expresivo. Historias parecidas sobre Dr. Feelgood podrían contar Ricky Gil (de Brighton 64) y Joaquín Felipe (de Los Fresones Rebeldes), también presentes en el teatro.

Venceremos

El ciclo 'Pequeños Grandes Momentos 1906' se está especializando en rescatar viejas leyendas y este es su primer concierto en Barcelona. Alguna de las leyendas rescatadas, como Allen Toussaint y Johnny Winter, ya no volverán a actuar en el ciclo, pues fallecieron. Pero no parece que la muerte vaya con Wilko. Su voz no es tan flexible como sus movimientos, pero podría compartir con Micky Carreño (de Micky y los Tonys) su título de (casi) septuagenario "hombre de goma". Su elástico boogie-boogie, el no menos elástico pulso de su bajista, Norman Watt-Roy, su rock de manivela, la troglodita versión de 'Wooly bully'... Todo hace referencia a una música perdida en el tiempo, pero que ya ha dado la vuelta al calendario

Después de más de una hora sin apenas pausas entre canciones, el tío de Lalo López zigzaguea hasta la primera fila y deposita la sábana con el 'Wilko forever' sobre uno de los monitores de sonido. Wilko sigue a lo suyo. No es noche de lloriqueos ni de discursos. Es noche del 'She does it right' de Dr. Feelgood y del 'Bye Bye Johnny' de Chuck Berry. Y ni en esta última se puede percibir en su mirada un rastro de lo sufrido hace solo dos años. Wilko Johnson entra y sale del escenario como si nunca le hubiesen detectado un cáncer de páncreas, como si Henry nunca hubiese existido.

De vuelta a casa compruebo que en una escena del documental de Julien Temple se ve una pintada en el patio de la casa de Wilko Johnson. Está escrito en castellano. Y dice: "Venceremos".

Esta noche Wilko Johnson actúa en el Centro Niemeyer de Avilés. Oh, yes. Y mañana en el Auditorio de Mar de Vigo. Ya te digo.

Si la muerte me mira de frente me pongo de lao

El rock'n'roll está infestado de tópicos, pero que un guitarrista al que dieron diez meses de vida siga en los escenarios dos años después de su fecha límite no es algo que podamos mirar con recelo. Wilko Johnson no tenía que haberse embarcado nunca más en una gira española. Wilko Johnson no tenía que actuar esta semana en el Teatro Apolo de Barcelona. Wilko Johnson tendría que haber muerto antes que Phil Everly, que Pete Seeger, que Paco de Lucía, que Bobby Womack, que Jack Bruce, que Joe Cocker, que Tommy Ramone, que Lynn Anderson, que Ian McLagan, que BB King, que Ornette Coleman, que Leslie Gore, que Percy Sledge, que Ben E. King, que Manuel Molina, que Agujetas, que Lemmy, que David Bowie...

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