Entrevista a Beatriz Rodríguez

"La generación de los noventa, la mía, fue muy reaccionaria"

'Cuando éramos ángeles', policiaco rural centrado en los amigos de un joven asesinado, apunta a revelación literaria. Es la segunda novela de la joven escritora sevillana

Foto: La escritora Beatriz Rodríguez (EFE)
La escritora Beatriz Rodríguez (EFE)
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He aquí un libro trampa (para bien): 'Cuando éramos ángeles' (Seix Barral), segunda novela de Beatriz Rodríguez (Sevilla, 1980).

Trampa porque parece un policiaco rural (arranca con un cadáver y una periodista que tiro del hilo), pero no lo es exactamente: aunque nunca perdemos de vista ni al fiambre ni a los posibles asesinos, el foco se pone sobre la pandilla del finado; en concreto, sobre su modo de relacionarse de críos y de mayores: de lo afectivo a lo sexual, pasando por las luchas de poder; todo ello agitado en la misma coctelera.

'Cuando éramos ángeles'
'Cuando éramos ángeles'

Novela trampa porque su lectura transcurre a velocidad de crucero y sin esfuerzo aparente, como si las palabras de Rodríguez no pesaran, hasta que uno se pregunta si no debería echar ralentizar la lectura para asimilar mejor los quilombos que aquí se ventilan (que ni son pocos ni son livianos). En otras palabras: 'Cuando éramos ángeles' podría gustar por igual al que solo quiere pasar el rato y al que busque bastante más (pronóstico personal: el boca a boca podría convertir esta novela en una de las pequeñas sorpresas editoriales del año).

Libro trampa, por último, porque aunque no es una novela social, los conflictos sociales entran de tapadillo y por la puerta de atrás. Al habla con Beatriz Rodríguez.

PREGUNTA. Su libro está protagonizado por una pandilla de pueblo. Aunque no es una novela social, hay un dato que podría tener más importancia de la que parece: es una pandilla interclasista. ¿Por qué?

RESPUESTA. Una de las cosas que planteo en la novela es cómo la llegada de la democracia cambió nuestro modo de relacionarnos. La primera generación de la democracia se vio 'obligada' a prescindir (aparentemente) del clasismo. Aunque existía la derecha, todo el mundo era más o menos progre, y ya no estaba bien visto lo del 'no te juntes con estos'. Pero luego le doy la vuelta a la idea para concluir que las cosas realmente no cambiaron demasiado más allá de las apariencias. En el libro, los personajes están marcados finalmente por su posición social en el pueblo, aunque no siempre el que tiene más poder venga de la clase más alta. Un detalle costumbrista que yo viví y reflejo en el texto: los jóvenes de las clases bajas, los jornaleros, tienen todos motes; los de las clases altas, no.

B. Rodríguez (EFE)
B. Rodríguez (EFE)

P. Dice que la democracia superó la división por clases… en apariencia. ¿Se disfrazaron las clases sociales?

R. No era mi intención, como has dicho, escribir una novela social, pero quizá sí reflejar una época, existencial y vital, pero también una época en España: los años noventa. Escribo sobre una generación, la mía, que siento muy desarraigada de lo político. Es una generación muy reaccionaria.

P. De hecho, los personajes de la novela socializan en parte a través de la música, algo típico de los noventa.

R. Era una forma de relacionarse que antes no había sido tan potente, aunque la música de los noventa tenía un punto mojigato. Algunos personajes de la novela intentan ser rebeldes, pero son crueles; quieren ser libres, pero no son independientes.

P. ¿Por qué dice que la música de esa época era mojigato?

R. Nirvana a lo mejor lo eran un poco menos, pero Oasis… Ese tipo de música era un reciclado de muchas cosas y no tenía la voz propia de, por ejemplo, la música de los setenta….Somos una generación tan sosa. Vale que no nos pasó nada especialmente grave, pero ahora vivimos las consecuencias de esa época en muchas aspectos. Somos una generación desubicada y muy manipulable.

Somos una quinta desubicada y muy manipulable

P. Políticamente la generación de los noventa es muy fofa…

R. Sí, te pongo un ejemplo. El revival del movimiento skin/nazi es de esos años. Fran, uno de los protagonistas de la novela, pasa su fase de ir con bomber y botas de punta de acero, aunque no sea consciente de lo que hace. Me acuerdo bien de esa época porque yo tenía conocidos skins en Sevilla. Con 15 años no reconocías los códigos ideológicos: igual tenías un amigo que llevaba la cabeza rapada y decía un montón de gilipolleces, pero era tu colega.

P. Cambiando de tema: el personaje de Eugenia descubre pronto el poder de la sexualidad. ¿El descubrimiento le sirve para empoderarse o para confundirse?

R. No es tanto la sexualidad como la belleza. Eugenia se da cuenta de que la belleza le va a abrir muchas puertas. Cree, erróneamente, que su fuerza y su ser radica ahí, pero no se da cuenta de que eso la esclaviza a la percepción que los demás tienen de ella. Piensa que tiene el poder, pero su narcisismo es una gran debilidad: no actúa de modo independiente porque siempre está pendiente de lo que los demás piensan de ella y de su belleza.

P. ¿Es una novela feminista?

R. Creo que no. Habla más bien sobre cómo se ha ejercido el poder femenino en ciertos ambientes: serpenteando y trabajando en paralelo al establishment masculino. No sé hasta qué punto es feminista describir el comportamiento de personajes femeninos y masculinos en ciertos entornos y espacios. No hay una reivindicación de género intencionada, más allá de poner el foco sobre los personajes femeninos porque soy una mujer y eso sale de forma natural.

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