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La última gran broma del grunge

Historia oral del movimiento musical que aupó a Nirvana

Foto: Imagen de portada de 'Nevermind'
Imagen de portada de 'Nevermind'
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El arranque de los años noventa fue un momento eufórico para los fans de la música alternativa, aunque quizá no tanto para los periodistas culturales. Flashback: una banda underground llamada Nirvana pegó un pelotazo sideral con su segundo disco, 'Nevermind' (1991), impulsado por “ese himno generacional suave-cañero-suave-cañero que fue 'Smells Like Teen Spirit'”, cuenta Mark Yarm en 'Todo el mundo adora nuestra ciudad', historia oral del grunge que publica ahora Es Pop.

El boom de Nirvana pilló un tanto descolocado a los medios de comunicación generalistas. ¿Quién demonios eran aquellos tipos de Seattle vestidos de leñadores y con pinta de esnifar pegamento? En pocas semanas asistimos a una avalancha de artículos que trataban de explicar al gran público qué era aquello del grunge y por qué se había puesto tan de moda entre la chavalería. Entre ellos uno del 'New York Times' titulado 'El léxico del grunge: descifrando el código', que decía así:

“Todas las subculturas tienen su jerga particular: el grunge no es una excepción. Megan Jasper, 25 años y representante de ventas del sello Caroline Records en Seattle, nos ha proporcionado este léxico de expresiones grunge, muy pronto en su instituto o centro comercial más cercano:

Historia oral del grunge
Historia oral del grunge

GUARREROS: Vaqueros viejos y rotos

BARBUDO: Suéter de lana gruesa

CHUNGALADA: Bajón

APUESTACAMISAS: Fracasado

GOLOSINO: Un chico deseable

POLLITO MOJADO: Persona sin carisma”

Todo muy esclarecedor, salvo que Megan Jasper se había inventado las palabras (para espanto del 'New York Times'). “Oh, la gente se descojonó viva. Fue una demostración palpable de que estaban todos tan desesperados por publicar un artículo sobre Seattle que ni siquiera se molestaban en comprobar que fuera cierto. Fabricamos dos camisetas distintas con todo el 'Léxico del Grunge' en la espalda y una palabra escogida para el frontal, una era CHUNGALADA y la otra POLLITO MOJADO”, se cuenta en el libro.

Jasper, la bromista, resume así el asunto: “Nadie se podía creer que hubiera colado. Se montó un buen pitote que rápidamente acabó salpicando al 'New York Times'. La directora de la sección de Estilo me telefoneó para gritarme: 'Nos has causado un montón de problemas y es una irresponsabilidad por tu parte mentirle a uno de nuestros reporteros'. Después me preguntó dónde podía comprar las camisetas de POLLITO MOJADO”.

 

La anécdota resume bien el ambiente cultural del momento: el grunge aún no había sido fagocitado por el mainstream y todavía había sitio (por poco tiempo) para el humor y el desparpajo punk. Luego llegarían los agobios, especialmente el del cantante de Nirvana: incapaz de combinar autenticidad y fama, Kurt Cobain acabó pegándose un tiro, proceso narrado en el libro a múltiples voces, incluida la de Courtney Love, cantante de Hole y viuda de Cobain.

¡Qué pintas!

Menos sombríos y más divertidos fueron esos meses de 1991 en los que el underground tomó el mainstream al asalto generando situaciones cómicas típicas del choque de contrarios. Muchas de ellas protagonizadas por la obsesión mundial con la moda grunge (obsesión, por cierto, que aún colea).

“No podría decir si fui el primero, sólo sé que vestía así. En Ellensburg, que es donde iba al colegio, era normal llevar pantalón de chándal. Creo que un día me dio por ponerme unas bermudas por encima del pantalón de chándal y después me calcé las botas. Pensé: oye, qué cómodo. Cuando era pequeño, era muy habitual ponerse unos 'shorts' por encima de los pantalones de gimnasia, era una moda que arrasaba entre los chavales. Además montaba en monopatín y los 'skaters' solían ponerse bermudas encima de los vaqueros. ¿Que si me atribuyo el mérito de haber creado el look. No. Estoy seguro de que la gente lleva poniéndose pantalones cortos sobre todo tipo de cosas desde hace un millón de años”, cuenta en el libro Eric Johnson, tour mánager de Soundgarden.

En efecto, los orígenes del look Seattle fueron tan azarosos y gratuitos que da la risa floja pensar que los 'shorts' y los chándals acabaron dominando con mano de hierro las pasarelas más sofisticadas. Pero ponte tú a explicarle al mundo la chufla del asunto en 1991, cuando las revistas de tendencias y moda se volvieron locas con las pintas de los grunges. Aquello no había cómo pararlo, como tampoco se detuvo el festival del humor.

 

Jonathan Poneman (fundador del sello Sub Pop): “Recibí una llamada de una editora de la revista 'Vogue' que quería que escribiera un artículo sobre la moda grunge, cosa que hice. Algunas personas me preguntaron: '¿Cómo se te ocurre?'. Mi respuesta era: '¿Estás de guasa?'. Para mí fue como una performance: la simple idea de que yo, que soy un absoluto ignorante en estas cuestiones fuera a escribir un artículo para la revista 'Vogue'… Además me ofrecieron un par de miles de dólares y me pareció gracioso. Lo escribí apenas unas horas antes de la fecha de entrega y lo publicaron prácticamente sin revisar, sólo para rellenar el hueco. Era una sarta de bobadas y además muy mal escrito. Pero, por otro parte: 'Mira, mamá, me han publicado en 'Vogue'”.

Kim Thayil (guitarrista de Soundgarden): “¿El colmo del absurdo? Vaya, una de las primeras cosas que me vienen a la cabeza es el reportaje sobre moda grunge que apareció en 'Vogue'. Poner a modelos a recorrer las pasarelas de Milán en una especie de faldas de franela. A cierto nivel me pareció bien, porque tenía un claro elemento de parodia”.

Robert Scott Crane (propietario de un estudio de grabación en Seattle): “En aquella época salí con unas cuantas modelos. Era una cosa bastante trágica, chicas de veintipocos años que de repente se metían picos porque eso era lo que molaba. De repente, ibas al Cocodrile y en vez de encontrarte a las cuatro rockeras de siempre te lo encontrabas abarrotado de chicas guapísimas, todas cieguísimas. Estaban alli porque MTV ponía aquella música y Kate Moss salía en la portada de las revistas recién llegada de Auschwitz...”.

Entonces salí con modelos. Era bastante trágico, chicas de veintipocos años que de repente se metían picos porque era lo que molaba

Y así todo.

No es extraño, por tanto, que la palabra “grunge” acabara completamente calcinada a mediados de los noventa: nadie ni nada aguanta un hype de este tamaño. Hasta el punto de que 24 años después de la publicación de 'Nevermind', la etiqueta aún levanta ampollas: cuando Mark Yarm empezó a preparar su libro a finales de la pasada década, se topó con cierta hostilidad por parte de los protagonistas del grunge, como explica en el prólogo:

“Antes que nada, vamos a quitarnos de en medio esa palabra: 'Grunge'. Sí, ese libro está dedicado al grunge. El término que plagó y, asumámoslo, también benefició (al menos durante un tiempo) a numerosos músicos de Seattle durante la primera mitad de la década de los noventa. Soy incapaz de contar cuántas veces, mientras le describía a un entrevistado en qué consistía exactamente el proyecto en el que estaba trabajando, obtuve la réplica 'odio esa palabra'…”.

Ocurre que 'Nevermind' ha aguantado muy bien el paso del tiempo y que 'Smells Like Teen Spirit' aún es capaz de poner patas abajo un sarao; no es poca cosa teniendo en cuenta que el rock alternativo guitarrero está hoy día más allá del achicharramiento. 

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