Actriz por un día para plantar cara a la violencia machista
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día internacional contra la violencia de género

Actriz por un día para plantar cara a la violencia machista

'El despertar' llega hoy al Teatro Bosco de Madrid con una performance multidisciplanar en la que la música y la pintura acompañarán el relato de una mujer víctima de violencia de género

Foto: Marcha contra la violencia machista del 7N en Madrid (Efe)
Marcha contra la violencia machista del 7N en Madrid (Efe)

Más 1,1 millones de denuncias interpuestas en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer (sólo un 8% por víctimas y familiares), 148.894 sentencias condenatorias y 365.868 órdenes de protección. Estos son los datos del balance de la primera década de la Ley Integral contra la Violencia de Género, a los que hay que sumar las más de 790 mujeres asesinadas en España desde 2003, pero detrás de cada una de estas frías cifras hay una mujer y una historia de dolor.

Olga Aranda es una de las víctimas de la violencia machista que quiere poner rostro, nombres y apellidos a una de esas historias que hay tras las estadísticas. Lo hará hoy, Día Internacional contra la Violencia de Género. Por primera vez contará en público y sobre un escenario su testimonio en 'El Despertar', una perfomance multidisciplinar que tendrá lugar esta noche en el Teatro Bosco Malasaña de Madrid. Y lo hará sin ensayos, porque como asegura "los sentimientos se expresan, no necesitan ensayo", acompañada por el guitarrista Paco Soto, la cantaora Naike Ponce y la artista plástica María Rivas, quienes irán descubriendo junto al público la historia de Olga e irán improvisando con sus palabras. La entrada cuesta dos euros e irá destinada a los proyectos de atención a las mujeres víctimas del maltrato de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas.

Precisamente fue a través de esta federación como le llegó a Olga la propuesta de subirse al escenario de un teatro para contar su historia. "En este caso soy yo, pero todo lo que digo es algo general que ocurre cada día: cómo empieza la violencia, cuáles son los primeros indicios, cómo te atrapa esa persona y hace que seas como él quiere y que se puede acabar con un final feliz. Hay nervios, porque en el fondo soy vergonzosa, pero sólo con que una persona que lo esté pasando mal pueda ver qué es lo que esta sufriendo y reaccionar, me doy por satisfecha", explica a El Confidencial.

Olga hoy habla con el aplomo y la tranquilidad de haber superado el infierno que vivió hace una década. Algo de actriz hay en ella. Quiso estudiar Bellas Artes y hacer un curso de actuación pero su pareja la presionó y presionó hasta que consiguió que hiciera su voluntad: estudiar Magisterio en Educación Infantil. Esta noche frente a un público que no conoce y frente a tres de sus cuatro hijos -trillizos de 13 años- contará todo lo que pasó durante 17 años de su vida hasta que un día de 2005 "cogí la maleta, el carro y me fui de casa".

Tenemos la imagen de que una relación de maltrato nos la muestran los golpes pero hay una parte previa que es el maltrato psicológico

"Empezamos con 18 años. Al principio, pasa con mucha frecuencia así, él se preocupa mucho por conocerte, por saber todo sobre tí para en un futuro poderse mostrar como la persona que te va a cuidar y proteger de todo. Al inicio, todo es bonito. Es su forma de conquista. De pronto hay pequeños detalles que van cambiando. De decirte que vas guapa con un vestido pasa a decirte que sí pero mejor ponte pantalones, al día siguiente que por qué no te has puesto el pantalón y al final te termina exigiendo que no te pongas más una falda. O te dicen eso de 'no hace falta que trabajes porque ya lo hago yo' hasta que te lo prohíben. Y lo mismo pasa con las amistades y la familia. Te llega a convencer de que no te convienen hasta que te quedas sola. Su fin es el aislamiento", explica. Eso fue lo que le pasó a ella hasta que acabó viviendo en una pequeña localidad de Guadalajara sola y sin opción de hacer nada por su cuenta.

Olga reivindica la importancia de atisbar estos primeros signos de maltrato psicológico porque, enfatiza, "tenemos la imagen de que una relación de maltrato nos la muestran los golpes pero hay una parte mucho más importante -o tan importante- previa sin la que no se llega a la violencia física que es el maltrato psicológico. Cuando se habla de agresiones y asesinatos hay que pensar también en lo tremendo que fue todo lo anterior que tuvo que pasar esa persona. El asesinato es el punto final de una pesadilla muy larga".

"Realmente a mí es lo que más me machacó", prosigue. En su caso, esa violencia psicológica también dio paso a las agresiones físicas. Fue algo puntual, matiza, porque "no necesitaba golpes para conseguir lo que quería". "Mi actitud era de sumisión total. No necesitaba ir más allá del maltrato psicológico, una patada debajo de la mesa, un pellizco... con eso para él ya era suficiente. Yo no me rebelaba en nada y por eso no necesitaba ir a lo siguiente", analiza.

Con la serenidad y la seguridad que da el tiempo, Olga confiesa que ha pensado mucho sobre lo que ocurrió con su pareja. "No lo piensas. Sabes que no estás bien, pero yo lo aceptaba como algo que me había tocado vivir. Lo normalicé", asegura. Hasta que un día, de forma espontánea y sin pensarlo, él llegó tarde a casa y ella le pidió por primera vez explicaciones. A la pelea siguieron las agresiones, se encerró en la cocina y llamó al 016 (teléfono de atención a las víctimas de violencia de género, gratuito y que no deje rastro en la factura) y a la policía.

"Pasé miedo mucho tiempo pero ese día decidí hacerle frente -algo que no recomiendo, primero es mejor coger distancia y después, denunciar-. La atención fue perfecta pero no estás preparada. No tienes las ideas claras. En el juicio rápido te da hasta pena y hay muchas mujeres que sienten vergüenza y miedo a que no las crean", rememora. Al día siguiente fue el juicio rápido, a su agresor le pusieron una orden de alejamiento de tres años y ella se fue junto a sus hijos trillizos de dos años al Centro de Recuperación Integral, donde vivieron hasta que los pequeños cumplieron cuatro. Su agresor fue condenado por maltrato habitual y maltrato puntual aunque al no tener antecedentes penales no entró en prisión, explica Olga.

Ya, prosigue, no tiene noticias de él. Estuvo visitando a sus hijos unos años y desapareció. "Lo mejor que me podía pasar fue que se fuera y no volviera nunca más. El odio va pasando con el tiempo y se convierte en indiferencia", apunta. Hoy sus hijos conocerán más detalles del maltrato que sufrió su madre. Ellos, dice Olga, también fueron víctimas directas porque, a pesar de ser muy pequeños, vivieron un ambiente opresor que dejó sus marcas en su carácter. "Miras las fotos de la época del centro y las de antes y su sonrisa y expresión es totalmente diferente". Todos siguen volviendo al centro y a las manifestaciones como la del pasado 7N. Olga quiere que sus hijos crezcan concienciados sobre la importancia de luchar contra la violencia machista y por la igualdad. Su actuación esta noche será su granito de arena para que ese objetivo se haga realidad en ellos y en toda la sociedad.

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