cantautores EN SU SALSA

Cuando Serrat, Cecilia, Perales y otras estrellas pop insultaban a la casta

¿Cuál fue el sonido de los años setenta? Una avalancha de estrellas del pop escupiendo a la clase alta. Cecilia, Serrat, Víctor Jara... Viaje al fondo de los primeros versos contra la casta

Foto: Joan Manuel Serrat en un concierto en Panamá. EFE
Joan Manuel Serrat en un concierto en Panamá. EFE

Los años setenta, bajo su apariencia tranquila y formal, trajeron un aluvión de abuso del pop en español contra las élites. De Cecilia a Serrat. En gran parte, canciones clásicas, de alto voltaje poético, que están entre lo mejor del repertorio de cada uno de sus autores.

Desde entonces, se ha ido perdiendo el arte de usar los estribillos populares para cuestionar a los poderosos. Les dejamos con un repóquer de maestros del 'insulto al pijo'.

'Muchacha típica' (Joan Manuel Serrat, 1970)

El cantautor más respetado de nuestro país comienza describiendo la crianza de la niña rica madrileña: "La educó una nurse vesánica/ típicamente británica, un aya y un preceptor/ que le habló de nuestros próceres/ y un primo suyo de Cáceres, que le desveló el amor". Endogamia y esnobismo como rasgos distintivos de las clases dirigentes. "Es su deporte congénito/la pesca del primogénito/ sin saberlo Samaranch". Lo último es un bonito detalle: estamos ante uno de los pocos éxitos del pop español donde se insulta a alguien mencionando su apellido. "Para la muchacha es básico, ese veraneo clásico, en aldea de alta mar/ típicamente cantábrica, alejada de esas fábricas, que no dejan respirar". Está claro que las 'familias bien' prefieren socializar en espacios relajantes, aisladas de los trabajadores a los que explotan.

 

La canción sufrió censura por un párrafo donde Serrat alude a la Familia Real: "Como su madre es autárquica, como su padre es monárquica/ y cada catorce de abril, se le resbalan dos lágrimas/ vueltos los ojos y el ánima/ a las costas de Estoril" (lugar de exilio de don Juan de Borbón). Resumiendo: buena ración de estopa contra el barrio de Salamanca, aunque también triunfó en Chile y otros países de América Latina donde las élites gastaban la misma querencia a la hípica, los bares finos y las dictaduras militares.


'Las casitas del barrio alto' (Víctor Jara, 1971)

Al otro lado del charco, antes de ser ejecutado por orden de Pinochet, el mejor cantautor del continente usaba el registro irónico para describir a la clase dominante chilena: "Y las gentes de las casitas, se sonríen y se visitan/ van juntitos al supermarket y todos tienen un televisor/ Hay dentistas, comerciantes, latifundistas y traficantes/ abogados y rentistas y todos visten con Prolen". La última palabra hace referencia a una marca de trajes de la época, que se anunciaba con el lema "vístase para triunfar". 

 

La letra arranca con una descripción ensoñadora de los barrios residenciales de Santiago, pero va ganando hostilidad, pasando de los "niños rubiecitos" que van al colegio 'high' hasta su conversión en funcionarios fascistas: "El hijito de papi, luego va a la universidad/ comenzando su problemática y la intríngulis social/ fuma pitillos en Austin mini/ juega con bombas y con política, asesina generales/y es un gánster de la sedición". Estas líneas hacen referencia al atentado contra el comandante René Schnider, leal al presidente socialista Salvador Allende. Schnider fue asesinado en 1970 por alumnos de la Universidad Católica de Santiago, con la complicidad de la CIA. En el vídeo incluido abajo, el propio Jara explica la historia antes de interpretar la canción.


'Dama dama' (Cecilia, 1972)

Uno de los himnos clásicos de Evangelina Sobredo. En principio, se publicó como cara B, pero pronto quedó claro que era un pepinazo destinado a perdurar. Se trata de un retrato inmisericorde del vacío vital de la clase alta madrileña: "Conversadora brillante, en cocktails de siete a nueve/ hoy nieva, mañana llueve, quizá pasado truene/ envuelta en seda y pieles". Se critica, por supuesto, la pedantería reinante entre los ricos de la capital: "Ardiente admiradora de un novelista decadente/ ser pensante y escribiente, de algún versillo autora/ aunque ya no estén de moda". 

 

El asunto central de la canción es la hipocresía de esta clase social: "El sábado arte y ensayo, el domingo a los caballos/ en los palcos del Real, los tés de caridad, jugando a remediar". Cuesta imaginar un cantante pop actual que arremetiera así contra la Obra Social de La Caixa, por ejemplo. Curiosamente, el verso que más problemas le trajo con la censura fue uno que habla de las infidelidades de la señora: "Puntual cumplidora del tercer mandamiento/ algún desliz en el sexto, buena madre y esposa/ de educación religiosa". La obligaron a cambiarlo por "algún desliz inconexo". Lo extraño es que nadie pusiera pegas a la rima que dice "señora de su señor/ amante de un vividor".


'Ecos de sociedad' (Pablo Guerrero, 1975)

El maestro extremeño escupe contra la casta usando el marco festivo de un bodorrio. Uno de los mejores momentos llega al reflejar la cursilería de los rituales de los ricos. La letra merece reproducirse in extenso: "Y comienza la boda y de repente estalla/ un ligero aleteo de sonrisas, medallas, tules, lazos, satenes y condecoraciones/ Y alguna tosecilla provoca una mirada, sobre alguna señora que enseguida indignada/ abanica elegante las malas intenciones/ La catedral es un barco que navega despacio/ sobre una mar de rosas de terciopelo lacio/ y atraca en el escote de una joven doncella/ Y en el altar barroco, sueñan los serafines, fuentes de porcelana con luces y delfines/ y paseos dorados en las noches de estrellas". Una brutal descripción del empalago estético. 

 

Al contrario de la costumbre, Guerrero no se ceba con el personaje femenino, sino que vuelca más bilis sobre el marido: "Él iba luciendo su viril elegancia/  su bigotito gris, su educación en Francia/ y la fábrica azul de su suegro en Manresa/ él iba orgulloso de su aristocracia, que le ha permitido, y no es una desgracia/ amarrarse al duro banco de una galera burguesa". Posiblemente el retrato más demoledor de un trepa en la historia del folk español. 

Dos años antes, José Luis Perales había grabado una breve canción con el mismo título, donde arremetía contra las élites y la docilidad de la prensa a la hora de informar sobre sus saraos:

 

'Plástico' (Rubén Blades, 1978)

Los setenta fueron años de esplendor de las dictaduras militares en América Latina. También del desembarco masivo de multinacionales 'yanquis' en lo que ellas consideraban su "patio trasero". Rubén Blades, voz ilustrada de la salsa, les pegó un bofetón clásico con este himno, donde denuncia a fondo el 'american way of life': "Era una ciudad de plástico, de esas que no quiero ver/ de edificios cancerosos y un corazón de oropel/ donde en vez de un sol, amanece un dólar/ donde nadie ríe, donde nadie llora/ con gente de rostros de poliéster/ que escuchan sin oír y miran sin ver". 

 

Blades es panameño, curiosamente el lugar donde se estableció la Escuela de la Américas, centro de entrenamiento para torturadores, donde los dictadores de la región mandaban sus cuadros a recibir cursillos de la CIA para el exterminio de 'subversivos'. Este himno, que hoy suena tan potente como hace cuatro décadas, critica el racismo y colaboracionismo (muchas veces, inconsciente) de las clases medias latinas con el imperialismo gringo: "Era una pareja plástica, de esas que veo por ahí/ él pensando solo en dinero, ella en la moda en París/ aparentando lo que no son, viviendo en un mundo de pura ilusión/ diciendo a su hijo de cinco años: "no juegues con niños de color extraño"/ ahogados en deudas para mantener/ su estatus social en boda o cóctel". La pieza termina con un estallido de optimismo, donde pide a los latinos que estudien y trabajen para construir otra América Latina, "la que Bolívar soñó". La Historia ha acabado por darle la razón.


Posdata

Este artículo no defiende que ningún músico actual se atreva a insultar a las élites, pero sí que desde los años ochenta es casi imposible encontrar ese tipo de hostilidad en las letras pop. La Movida prefirió ser un bote de Colón y salir anunciada por la televisión, con el único contrapeso del llamado "rock radical vasco" (que en realidad señalaba problemas políticos de todo el Estado). Desde la explosión social del 15-M de 2011, han vuelto las ganas de cuestionar a la clase dirigente. Ejemplos recientes son 'Ratonera' (Amaral), 'Ciudad Vampira' (Nacho Vegas), 'Los invisibles' (Los Chikos del Maíz) y 'El día de la ira' (Ismael Serrano). También sobreviven veteranos maestros del género como Evaristo Páramos, antes en La Polla Records y hoy en Gatillazo, todavía capaz de pepinazos como 'Esclavos del siglo XXI'.

Acabamos con un ejemplo antiguo: en 1979, el cantautor leonés Amancio Prada musicó de manera espléndida 'La cara del que sabe', poema del filósofo Agustín García Calvo, donde arremetía contra banqueros, presidentes y arquitectos. ¿Conclusión? Los setenta fueron un festival del abuso pop contra el estilo de vida de los ricachones.

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