adiós a javier krahe

Esquela para cocinar un Cristo

Hasta los 11 años sacaba unas notas extraordinarias, pero a los 11 empezó a ir para atrás y a los 14 ya era el último de la clase de los curas. Vida y milagros de un cantautor atípico

Foto: Javier Krahe falleció el pasado domingo (Efe)
Javier Krahe falleció el pasado domingo (Efe)
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El hombre blanco que moriría de un infarto el 12 de julio en su casa de Zahara de los Atunes había nacido 71 años antes en Madrid. Javier Krahe se había criado en buena cuna, por lo que no habría de extrañar que le metieran a estudiar al colegio marianista de El Pilar. “Por comparación con amigos que iban a otros colegios, al que yo iba tampoco estaba tan mal, sólo había que ir a misa un día a la semana, había otros donde iban más” le contó a Pablo Iglesias. Hasta los 11 años sacaba unas notas extraordinarias, pero a los 11 empezó a ir para atrás y a los 14 ya era el último de la clase. Se separó de la religión a los 17 pero no dejó de creer en lo de Jesús hasta los 21.

A los 33 años, esa que llaman la edad de Cristo, Krahe practicó la cristofagia. Era el año 1977. Una pequeña pieza audiovisual de carácter experimental jugaba con la cuestión de la fe, poniendo a prueba los nuevos derechos y libertades democráticas. Según este vídeo, las instrucciones para hornear un cristo consisten en separar la figurita del crucifijo, desencostrar, salpimentar, untar con mantequilla sobre un lecho de cebolla y patatas y meter al horno.

Al igual que el crucifijo horneado, del que se aseguraba retornaría a la vida por su propio pie tres días después, las repercusiones de aquello llegaron 27 años más tarde, cuando el cantante fue entrevistado en Lo + plus a propósito del disco ...Y todo es vanidad y del documental La vida privada de Javier Krahe. Este último rescataba del olvido aquel cortometraje gastrocristonómico que los presentadores, al ponerlo en el programa, calificaron de “provocativo”. Al presidente de la Asociación Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro, conocida por meterse en acusaciones particulares por motivaciones ideológicas, decidió acusar a Krahe y a la directora del programa de delito contra los sentimientos religiosos.

Krahe durante el juicio (Efe)
Krahe durante el juicio (Efe)

El día que Elisa McCausland cumplió la mayoría de edad, sus amigos le regalaron un ramo de 18 rosas rojas. Ese día, ella les invitó a todos a un concierto de Krahe en la sala Galileo, habitat natural del cantautor. Al terminar la actuación, el artista se dirige a la barra para beber, se acoda allí y Elisa decide acercarse. Le da las gracias y le regala una de las rosas de su ramo. A Krahe le obsesionan las mujeres. Quince años después vuelven a verse. Viven en el mismo edificio de la calle del Pez, el número 21. Se está celebrando el juicio por el cristo la horno. Es el año 2012. Elisa quiere darle su apoyo, otra rosa roja, pero el hombre blanco es un huidizo, un escurridizo.

Hombre blanco ser absuelto. Los hechos descritos no son constitutivos de delito. Acusación particular hablar con lengua de serpiente. Jurídicamente. Maliciosamente.

Rodrigo Casteleiro es un joven periodista en el año 2008. Tiene 23 años y quiere conocer a Javier Krahe pero no le dejan. Pasa semanas detrás de él hasta que lo consigue. Queda en el bar La Antorcha, en la calle del Pez. El hombre blanco llega con un pañuelo anudado a la garganta, la tenía castigada. Eso no fue inconveniente para que se fumara dos o tres puritos durante la charla. Tenía un par de conciertos en el horizonte pero tampoco peligraban. Le hace a Rodrigo varias confesiones. Le asegura que nunca ha tenido resaca. Que jamás bebe de día, sólo de noche. Le dice que lo suyo no era trabajar. Lo del hombre blanco, no lo del periodista. Que se levanta sobre las diez y pico, que desayuna y se indigna con las noticias del teletexto.

El Brassens español escribe versos en cuadernos y lee el teletexto. Casteleiro consigue, incluso, que el cantante le deslice algunas palabras de la canción que está componiendo. Más tarde se sabrá que se trata de Vals del perdón. “Que el salón no lo sea de pasos perdidos, anda, ven, corazón a estrenar otra vez los latidos del amor en la calle del Pez” canta la canción aquella. Recuerda el reportero que a Krahe le obsesionaban las mujeres, pero sobre todo la suya, de la que hablaba maravillas. Ahí en La Antorcha, junto a la vitrina de cristal y su luz taciturna, Javier le cuenta a Rodrigo, vete a saber tú si confesando o alardeando, que en la época de La Mandrágora le levantaba las novias al Sabina.

Krahe y Sabina ya no cantaban juntos en 1986, no se sabe si por el tema de las chavalas. Sabina le invita a fumar la pipa de la paz en un concierto televisado, le dice que venga a tocarse una. Krahe no sabe cual, no se decide, así que abre uno de sus cuadernos y se encuentra con una canción inacabada. Había empezado con ella en los tiempos en los que Calvo Sotelo era presidente y sucedió lo que llamaron la crisis de la energía. Krahe escribió: “yo bañarme en agua fría, tu bañarte en agua caliente”. El estribillo decía “Cuervo Loco, tu hablar con lengua de serpiente”. Eso le gusta. Comienza a amasar la canción, a trabajar las estrofas.

En esto un día tiene puesta la tele y ve un documental sobre pieles rojas en el que un español entrevista a un indio llamado, precisamente, Cuervo Loco. Krahe queda tocado por la coincidencia, por el personaje, por el nombre. Decide actualizar la canción con los acontecimientos de la política que estaban sucediendo en ese instante. Ahora el cuervo ya no es Calvo Sotelo sino Felipe González. “Tú decir que si te votan, tú sacarnos de la OTAN. Tú convencer mucha gente, tú ganar gran elección. Ahora tú mandar nación, ahora tú ser presidente. Hoy decir que esa alianza es de toda confianza”. Krahe y Sabina con una pluma en la cabeza. Krahe y Sabina fundiéndose a negro por orden de la censura en Televisión Española.

El día que el humorista de Mongolia Darío Adanti conoció a Javier Krahe se sentía acojonado por la fama de huraño que le precedía. Le habían convocado para una charla en el Teatro del Barrio. Todo podía ir mal. En verdad fue bien. Febrero de 2014. Krahe llega. Saluda. Sonríe a medias. Algo en el aforo completo le hace sentirse bien y de pronto se siente cómodo y locuaz, se repantinga en la sila como quien ha bajado al bar de la esquina donde desayuna cada mañana. Todo lo que dice a Adanti le suena lúcido, interesante y divertido. Capta la atención con su capacidad brutal para narrar. Habla muy bajito, hay que prestarle mucha atención para oírlo. Cuando acaba el dibujante, que siempre tiene un chiste en la boca, se da cuenta que no tiene nada que decir, nada que agregar, ni una gracia certera para rematar. El Krahe de aquella charla era el mismo Krahe de las canciones, que no siempre es el Krahe de las conversaciones. Un hombre preciso, sin prisas, sin agobios.

Hombre blanco comiendo sopa en El Bocho. Hombre blanco mirando feo a los otros comensales. El Bocho ha cerrado. El hombre blanco ha muerto.

Hace dos meses Lorena Gómez Maldonado tiene 24 años y le encargan su primera entrevista. Resulta ser que es la última que le hacen al hombre blanco. Quedan en Malasaña, cerca de su casa. Ella llega y le dice al maestro “tenía mucha ganas de conocerle”. Él se pone incómodo, incomodísimo, y se gira bruscamente para pedir dos cafés en la barra, sin contestar el cumplido de Lorena. Fue una entrevista complicada por sus “silencios locos”. Al principio ella cree que él no quiere contestar, al rato entiende que necesitaba 30 segundos para arrancar cada respuesta. Poco a poco, se van pillando los ritmos. Lorena le vio hastiado de todo. Educado, pero no amable. Aunque fuera árido, la periodista en prácticas y el fotógrafo de El Mundo no pueden esconder una media sonrisa al escucharle, con esa admiración que despierta la gente vieja y sabia. Krahe ya no fuma, pero sus famosos puritos le han dejado tos de perro. “Yo he fumado 57 años y no voy a morirme, al menos no de eso” le dice a Lorena. Ella le pregunta, con miedo, sobre Podemos. Pablo Iglesias se subió al escenario de la Galileo a cantar Cuervo ingenuo con él. Pero no le apetece hablar de política, los de Podemos “no van a cambiar el mundo”, le dice.

Hombre blanco morir, a los 71 años, enfermo de la vida. Hombre blanco morir, con lengua de serpiente. Evidentemente.

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