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Conde Nast toma el Thyssen
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zurbarán hace sitio a las modelos

Conde Nast toma el Thyssen

El museo madrileño vuelve abrir sus puertas a la fotografía de moda para mayor gloria de 'Vogue'

Paseo del Prado, 12:20 dela mañana, camino a la inauguración de la nueva exposición del Thyssen. Lo primero que se ve alatisbar el museo son unas lonas gigantes con la palabra Vogue colgando de la fachada. Las lonas de Vogue tapan las lonas de Zurbarán; toda una metáfora involuntaria del estado de las cosas del Thyssen.

Por un lado, la pinacoteca parece dar la misma importancia simbólica a Vogue que a Zurbarán. Por el otro, no está claro si las lonas de Vogue son una anuncio de la revista o un anuncio de una exposición del museo; quizá porque se trata de ambas cosas a la vez...

Hablamos de la muestra Vogue like a painting, que se abre hoy al público y reúne sesenta fotografías de moda “de inspiración pictórica” de los archivos históricos de Vogue.

A nadie que haya seguido la programación del Thyssen en los últimos años le puede sorprenderel interés del museo por dar rango de bellas artes a la moda, a la alta costura y a las marcas de lujo asociadas al papel cuché: recuerden las exposicionesdedicadas al fotógrafo de moda Mario Testino, al modistoGivenchyy, redoble de tambores,a las joyas de Cartier.

Ya no es noticia, por tanto, que el Thyssen abra sus puertas a Vogue. Pero que sea "habitual" no lo hace menos extravagante. Los interrogantes siguen en pie: ¿Tiene algún sentidounaexposición como Vogue like a painting enuna de las principales pinacotecas del país?Cuando hablamos de "sentido" nos referimos a laaportación de la muestra alas lecturas sobre la historia del arte. No, no es que las fotografías de Vogue sean malas -algunas, de hecho, son estupendas- es que donde lucirían divinas sería enuna sala enlasoficinas de Conde Nast...

De hecho, la empresa que edita Vogue y otras publicacionesde prestigioha jugado un curioso doblepapel en Vogue like a painting, en calidad de productor y patrocinador de la muestra, como admitióalegremente Guillermo Solana, director artístico del Thyssen.

El Museo madrileño es incapaz de establecer diferencia alguna entre historia del arte, patrocinios y comisariado. Es el vale todo cultural

En efecto, la rueda de prensa de presentación de la muestrase convirtió en un argumentario de los motivos que justificarían que la fotografía de moda cuelgue de las paredes de un museo de referencia -por ejemplo: que los fotógrafos de moda beben de los grandes de la pintura-lo que paradójicamente no hizo más que demostrarla debilidad de dichos argumentos: Zurbaránno necesita que nadie justifique su presencia en eledificio, como ustedes comprenderán. Por otro lado, podrían utilizarse justificaciones muy parecidaspara inaugurar mañanauna exposición conlas mejores fotografíasde Marca, dado que los grandes de la fotografíadeportivatienen una plasticidad similar al arte clásico griego (o algo).

Insistimos: nadie niegaque algunas fotografías de Vogue son bonitas y estánbien hechas. Los problemas aquí son otros: La confusión cultural generada por elThyssen al vender estos trabajos comerciales como el no va más del arte contemporáneo(oigan: a mí me gustan mucho las novelas de abogados deJohn Grisham, pero no creo que le deban dar elNobel de Literatura, y sin duda Grisham tampoco lo cree). O queel Museo madrileño sea incapazde establecer diferencia algunaentre historia del arte, patrocinios y comisariado. Bienvenidos al vale todo cultural. Que pase el siguiente.

Paseo del Prado, 12:20 dela mañana, camino a la inauguración de la nueva exposición del Thyssen. Lo primero que se ve alatisbar el museo son unas lonas gigantes con la palabra Vogue colgando de la fachada. Las lonas de Vogue tapan las lonas de Zurbarán; toda una metáfora involuntaria del estado de las cosas del Thyssen.

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