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“La poesía te aparta de tus certezas, el periodismo de tus engaños”
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Javier rodríguez marcos publica 'vida secreta'

“La poesía te aparta de tus certezas, el periodismo de tus engaños”

Poesía de verbo honesto, cristalina, emocionante, narrativa y, de alguna manera, periodística. En el límite del pudor, trata de ocultarse en casi 30 poemas sobre el pasado rural español

Foto: Javier Rodríguez Marcos durante la entrevista, en una cafetería del barrio de Lavapiés. (E.C.)
Javier Rodríguez Marcos durante la entrevista, en una cafetería del barrio de Lavapiés. (E.C.)

En el pueblo llamaban artistas a los que no trabajaban el campo. Javier Rodríguez Marcos (Nuñomoral, Cáceres, 1970) sería a ojos de su abuelo eso, un artista. Poeta antes de periodista en El País, acaba de desvelar sus intimidades y cuitas con su pasado rural, en el poemario Vida secreta (Tusquets). Poesía de verbo honesto, cristalina, preguntona, emocionante, narrativa y, de alguna manera, periodística. En el límite del pudor, tratando de ocultarse, el autor libera casi treinta poemas como destellos pasajeros de una intimidad en perpetua cuestión.

Arranca con un homenaje a la palabra, indomable: “Las palabras son/ animales salvajes./ Nacen y crecen/ y se reproducen, mueren/ de agotamiento. Siempre/ lo tiñen todo/ con sus colores pardos,/ con su mascar nervioso”. Son blandas por fuera y duras por dentro, dice. También que estemos alerta de las que caminan heridas, porque esas “son las más peligrosas”. Los versos de esta vida huelen a aforismo recién hecho, escenas privadas tan personales que podrían ser pensamientos de cualquiera.

“Mi vida secreta es mi pasado. Quería poner por escrito un mundo de 125 vatios, al que no le veía poesía por ningún lado. Al final, te das cuenta de que lo único que interesa contar es eso”, cuenta Rodríguez Marcos. Ha escrito varios artículos sobre el pudor y la autocensura, que ha puesto en práctica sobre sus propias experiencias para dejar de sentir vergüenza por haber sentido vergüenza de venir de donde viene. De ese lugar que ya no existe: “Ahora el campo ya es urbano, con conexión a internet, carreteras de dos carriles, luz eléctrica, agua caliente… no falta de nada”, y ríe.

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Parecería arqueología costumbrista, pero no. “Ya lo sé, la memoria/ no es un lugar seguro./ Está llena de trampas,/ consuelos, desconsuelos,/ atajos, emboscadas,/ pistas falsas, canciones/ lacrimógenas, torpes/ maneras de quedar/ bien,/ traiciones, heroísmos,/ fotos trucadas siempre/ con el fotoshop tonto/ de la melancolía”. Primeros versos de Ya lo sé, la memoria, uno de los puntos calientes del libro, donde se insinúa una imagen que se repetirá: la ceguera. Ciegos ante nuestro pasado, presente y futuro. Ciegos de conciencia.

Poesía y periodismo

¿Si hablar mucho de uno mismo es una forma de ocultarse, qué es hablar mucho de los demás? Poesía y periodismo: “El yo está relativamente prohibido en el periodismo. Debería estarlo mucho más. Sin embargo, el yo es el cambo de acción de la poesía. En el periódico, el reto es escribir con un punto de vista, con conocimiento y rigor”, dice. Pero cuando se viste de poeta, no. O no siempre, porque “ahora tenemos una idea del yo anabolizado”. Somos lo que somos porque somos puro reciclaje. Todo lo que no es tradición es plagio y al yo hay que ponerle en cuarentena para declararle auténtico.

Así que no tanto autenticidad como naturalidad. “Me da vergüenza meter en un poema palabras que no utilizaría en un artículo o en esta conversación contigo. Admiro a Rubén Darío, a Góngora y a los surrealistas, pero no me sale. Y para mí es muy importante la naturalidad al escribir en un periódico o un poema”. En esa línea imaginaria que separa la poesía en dos (San Juan de la Cruz, Lorca y Claudio Rdríguez; frente a Fray Luis de León, Cernuda y Paco Brines), él es más de la "tradición peatonal", o sea, la d Brines. "Pero una poeta como Szymborska me ha enseñado que se puede ser a la vez sentimental e irónica".

Eso a pesar de la mala reputación que tiene entre los poetas el runrún informativo. La claridad está penada. “Claro que en un periódico tampoco puedes publicar nada que suene mínimamente hermético. Como mucho, un poco de prosa sonajero si eres columnista”. Ya saben, brillantina para tapar vacíos.

Lo más feliz es creer en dios, en el Gobierno y en el Ministerio de Hacienda

Imaginamos que los poetas explotan las carencias propias y los periodistas las ajenas, pero no sabemos a qué se expone más un periodista y poeta, si en un artículo o en un poema. “En el periodismo te expones a que te echen, a caer mal y a crearte enemigos que ni siquiera conoces. Eso va con el carné. Con la poesía te expones a contar los conflictos personales”.

Acaba su taza de café y explica que la poesía es algo parecido a un chute de consuelo en un mundo inhumano. Pero ojo, en el periódico no habrá paz para los atormentados: “El periodismo es todo lo contrario al consuelo. Al periodismo debemos pedirle un efecto político diario. No está para consolar”, porque dice que es vieja escuela y no entiende esta cosa del entretenimiento. Él tampoco lee un periódico para entretenerse. Es más, el periodismo es lo menos consolador del mundo, “lo más feliz es creer en dios, en el Gobierno y en el Ministerio de Hacienda”.

Por aquí viene el titular: “La poesía te tiene que sacar de contexto y el periodismo ponerte en él; la poesía te debe apartar de tus certezas y el periodismo de tus engaños”. Y otro de regalo, para apuntar: "La poesía es un tratado contra la costumbre. Contra acostumbrarte a las cosas, a las palabras y acostumbrarte a que tú eres de los buenos".

Los deberes y los conflictos

Del poeta destaca la mirada, del periodista el carácter. Para el primero, la verdad es un efecto, para el segundo, la esencia. Javier se encuentra más cómodo con la definición de periodista. Dice que es inquieto, también que es retraído, que por eso las entrevistas le parecen “un chollo”, porque jamás le preguntaría a Hanif Kureishi o a cualquiera, cosas que pregunta sin problemas en una entrevista. “Si estuviésemos tomando un café lo consideraría una invasión. Si estuviésemos haciéndonos una entrevista, lo consideraría un deber”.

placeholder El poeta metido a reportero, Rodríguez Marcos.
El poeta metido a reportero, Rodríguez Marcos.

Hablando de deberes y haberes, ¿periodismo o periodismo cultural? “El segundo está muy cercano a la propaganda. Las secciones de cultura tienen muy poco margen para decir lo que se quiere ocultar, porque todo el mundo que acude a ellas es para exponerse”, cuenta. Como esto es una entrevista, aunque con café, es inevitable preguntarle por los conflictos de intereses que contradicen el ejercicio de sus dos caras.

No soy suficientemente valiente como para salir a la calle, a las barricadas. Por eso escribo contra mí mismo

“He tardado mucho en publicar, porque tuve muchas prevenciones”. Es responsable de la industria editorial en el suplemento Babelia, por eso se lo ha pensado. Pero no se ve dedicándose al periodismo en exclusiva. “Tusquets ha tenido críticas demoledoras desde que firmé este libro y seguirán teniéndolas”. Busca sus razones, pero termina explicando que “todo esto puede ser una coartada para convencerme de que puedo publicar en esta colección”. Menos mal que lo hizo.

Curiosamente, no hay referencias políticas en el libro al contexto en el que vivimos. Nada, cero. Es un libro introspectivo, que presta más atención a lo invisible que a lo evidente. Rodríguez Marcos explica que para escribir de política la acción tendría que ir por delante de las palabras. “No soy suficientemente valiente como para salir a la calle, a las barricadas. Por eso escribo contra mí mismo”. Recuerda que en una entrevista con Pablo Gutiérrez el autor de Democracia le explicaba que las novelas no pararían desahucios, pero sí lo eufemismos. Ese es el objetivo de los trabajadores de la palabra, sacar toda la basura de los eufemismos. Aquí ha salido mucha.

En el pueblo llamaban artistas a los que no trabajaban el campo. Javier Rodríguez Marcos (Nuñomoral, Cáceres, 1970) sería a ojos de su abuelo eso, un artista. Poeta antes de periodista en El País, acaba de desvelar sus intimidades y cuitas con su pasado rural, en el poemario Vida secreta (Tusquets). Poesía de verbo honesto, cristalina, preguntona, emocionante, narrativa y, de alguna manera, periodística. En el límite del pudor, tratando de ocultarse, el autor libera casi treinta poemas como destellos pasajeros de una intimidad en perpetua cuestión.

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