filosofía de ayer para aplicar hoy

Una clase magistral con Emilio Lledó

Es el hombre del día, aunque nunca debería pasar de moda. Entramos en una de sus lecciones sobre filosofía clásica, donde repasará la corrupción, las elecciones, la democracia y la educación

Foto: El filósofo Emilio Lledó llega al aula de la Casa del Lector, donde sus alumnos esperaban una nueva lección sobre Epicuro y a felicidad. (CL)
El filósofo Emilio Lledó llega al aula de la Casa del Lector, donde sus alumnos esperaban una nueva lección sobre Epicuro y a felicidad. (CL)

Es el hombre del día, aunque nunca debería pasar de moda. El recién condecorado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades acaba de llegar a Casa del Lector de Madrid, donde participa en un curso sobre filosofía, en el que en dos clases desmenuza a Epicuro, que propone una filosofía de la felicidad para tiempos de crisis. ¿Cómo puede ser que sea la filosofía y los filósofos una moda pasajera? ¿Cómo puede estar desahuciada de los planes de estudios de este país? “La ignorancia se fomenta, sobre todo por esos políticos que quieren que pensemos cuanto menos mejor, para ser más manipulables. Los majaderos no pueden con una sociedad crítica”, dice a la prensa, unos minutos antes de recibir la ovación de sus alumnas. Algún hombre también hay en el aula.

Le cuesta alzar la voz. Son las siete de la tarde y ha recibido 123 llamadas, dice, de todas partes del mundo. Alguna era felicitación. Y a pesar de su delicadeza, reconoce estar contento porque a eso se ha dedicado toda su vida, a las humanidades. Si usted es muy de Lledó tome nota: Palabra y Humanidad, su último libro, en KRK. En él desarrolla la humanidad entendida como virtud de quien comprende que “la palabra no es un ejercicio aséptico o meramente filológico sin una reflexión sobre lo humano”.

Yo me pregunto: ¿cómo se puede votar a ciertos políticos y no voy a dar nombres? Por la ignorancia fomentada por los malditos intereses 

Las humanidades han sido su pasión y su vida. “Es lo que nos constituye como personas. Es un elemento esencial como lo son la justicia, el bien, la belleza o la solidaridad”. Estamos en una rueda de prensa y el silencio es absoluto. Hasta los cámaras guardan respeto. No tarda mucho en llegar al lugar que preocupa a la sociedad española, la corrupción, la inmoralidad de los políticos que gestionan en beneficio propio. “La indecencia política destruye la vida de la ciudad sobre la que actúa”, dice. A cuatro días de unas elecciones municipales y autonómicas alguien debería pasear al maestro por todas las plazas para aclarar la intención de voto dubitativa.

Ya en clase, trata de serenarse, aunque las dudas no se han quedado fuera. Se pregunta en alto por qué necesita el hombre tanto. Es como si en el programa de los partidos sólo se leyera la misma palabra una y mil veces entre líneas: codicia, codicia, codicia, codicia. “Se vive con lo suficiente”, dice Lledó que dice Epicuro. Leer al filósofo griego antes de votar. “En medio de la corrupción, los engaños, las mentiras y de las trapisondas, y de la falsedad y de la ignorancia, en medio de todo esto la pregunta esencial de la filosofía epicúrea es ¿cómo hay que vivir? ¿Qué hacer? Yo me pregunto cómo se puede votar a ciertos políticos y no voy a dar nombres. Pero, ¿cómo es posible? Por la ignorancia fomentada por los malditos intereses que corrompen al ser humano”, explica con una curiosa mezcla de vehemencia contenida.

Emilio Lledó, durante la rueda de prensa en Casa del Lector. (EFE)
Emilio Lledó, durante la rueda de prensa en Casa del Lector. (EFE)

La ignorancia es el enemigo del pueblo y el aliado del poderoso. Una frase bonita, como otra cualquiera, pero Lledó es mucho más atronador en este asunto: “Es un crimen. La ignorancia es el crimen del sistema educativo de nuestro país. La violencia es fruto de la ignorancia”. Sueña con una evolución hacia una escuela libre, en la que a los niños se les enseñe a pensar. No a cumplir con el redil. No a tragar con la mentira.

“Tenemos que acabar con la idea de que lo económico es lo importante. Por encima de todo está la educación en libertad. Tenemos que echar a los tipejos de la incultura. La cultura ofrece a los seres lo que merecen ser”. La palabra de Emilio Lledó es contagiosa. Es palabra libre que escala por la melancolía, la marchita y acaba con la desesperanza. Lledó es un medicamento que inmuniza contra los parásitos.

Tenemos que acabar con la idea de que lo económico es lo importante. Por encima de todo está la educación en libertad. Tenemos que echar a los tipejos de la incultura

Y contra el ruido. Ha empezado la clase magistral pidiendo perdón por haber traído todo ese ruido que hoy se le ha pegado a la piel, porque lo que necesitaba era estar solo, mejor, estar en silencio y preparar la clase. Así que le ha tocado hablar en medio del ruido, “algo inédito en mi vida”. En soledad uno toma conciencia del cuerpo y del tiempo: el tiempo es los latidos que mide mi corazón. Mi pulso es el tiempo. “Pero el ruido nos ha distraído”. Y ¡boom! A uno de los fotógrafos de periódico, que escapaba del aula después de retratarle en acción, se le acaba de caer el trípode. “Recógelo tranquilo”, le dice amable Lledó, que vuelve a repetir la cita en griego.

No hemos salido de la Grecia clásica, porque desde allí, desde hace 28 siglos, cerrará su intervención. Veamos: cuenta Lledó que los mitos son narraciones ideológicas de la aristocracia, que proponen seres superiores con la virtud del valiente. “Era un mundo predemocrático, aristocrático, un mundo del poderoso, del que puede”. El mito cayó con el diálogo. El diálogo es democrático y anti aristocrático.

Hoy vivimos en un mundo de mitos pestilentes… y no exagero“¿Para qué nos sirve el valor? Hablemos los unos con los otros. Eso es la vida y la democracia”, tan sutil, tan provocador. “Hoy vivimos en un mundo de mitos pestilentes… y no exagero”. Ya se imaginan a quiénes se refiere el filósofo de 88 años. Nunca había tenido el ser humano tantas posibilidades para la comunicación “y nunca hubo tanto silencio en nuestras comunicaciones, que no dicen nada”. Aldeanos silenciosos en una aldea global, alterados por lo que ocurre a su alrededor. “La imperturbabilidad es difícil hoy”. Hay nuevos enemigos, nuevas distracciones, pero “¿cómo nos mantendremos lejos de la inquietud?”. La filosofía, siempre preguntando. 

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