Muriel Barbery y la elegancia de los elfos
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francia recibe 'La vida de los Elfos'

Muriel Barbery y la elegancia de los elfos

Tras 9 años de silencio, la autora de 'La elegancia del erizo' regresa con una novela de fantasía

Foto: La escritora francesa Muriel Barbery (Catherine Hélie)
La escritora francesa Muriel Barbery (Catherine Hélie)

Con La elegancia del erizo (Seix Barral) arrasó el mercado editorial internacional. Vendió dos millones de libros en Francia y cuatro millones más con la traducción, a más de 40 idiomas, de la solitaria y rica vida de la portera Renée. Hubo película. Hubo problemas con la película. La profesora de filosofía tuvo todo el reconocimiento de la industria y desapareció.

Muriel Barbery (Casablanca, Marruecos, 1969) es sencilla, discreta y brillante. Delicaday rigurosa. Abandonó París por Amsterdam, de donde también se ha mudado recientemente. La autora francesa, con raíces en Japón, busca su lugar en el mundo y en la literatura. Nueve años después del fenómeno ha regresado a las librerías francesas con algo nuevo y diferente. La traducción española estará en la calle a la vuelta del verano, el uno de septiembre, con el título La vida de los Elfos (Seix Barral). Con este trabajo ha puesto “los contadores a cero”, ha asegurado en las primeras entrevistas con medios franceses.

El libro no es un cuento ni una parábola, 'en el fondo, no sé qué es este texto, eso lo decidirá el lector'

En 2006, Gallimard puso en la calle 4.000 ejemplares del erizo. Ahora, presenta libro en la prestigiosa Colección blanca, con 80.000 ejemplares en las librerías francesas. El salto es arriesgado: del costumbrismo filosófico al misterioso poder élfico que ayudará a salvar a la humanidad de las fuerzas del mal a las dos protagonistas, María y Clara, dos niñas de 12 años.

“¿Qué tendría que haber hecho? ¿El erizo 2? No, no habrá retorno de la portera”, explica feliz por explorar “terrenos desconocidos”, y divertida por comprobar “la sorpresa general” con la que se ha recibido la nueva novela, de la que, esta sí, reconoce Barbery, habrá segunda parte.

Para sumergirse en ese mundo invisible, subyugado por el deseo de armonía, deseres sobrenaturales “en ósmosis con la naturaleza”-como la autora define a sus particulares elfos-, Barbery se ha inspirado en gran parte en losjardines de Kioto, donde residió durante dos años en su marcha de Francia. “Era élfico. Había una pureza que cortejaba la perfección, algo que no era humano”, ha dicho la escritora aLe Monde. Si la inspiración fue en Japón, la ejecución fue en los Países Bajos. Ante los canales de Ámsterdam la autora regresó a la escritura imbuida en un relato consolidado, después de varios años buscando un motivo para regresar a la ficción.

Un mundo ajeno a la realidad

La vida de los elfos arranca con dos cuentos. Las historias de María, aparecida tras su nacimiento en una granja perdida de Borgoña, y Clara, una niña que fue encontrada por un cura en un pueblo de los Abruzos y que es enviada a Roma para desarrollar el don con el que ha nacido: toca el piano convirtuosismo sin haber aprendido nunca música. El libro, sin embargo, no es un cuento ni una parábola, señala la autora en una entrevista con la editorial, “en el fondo, no sé qué es este texto, eso lo decidirá el lector”.

La novela está ambientada en el periodo de entreguerras, un punto de referencia temporal real que, sin embargo, como en relatos ya clásicos como El león, la bruja y el armario, de C. S. Lewis, o contemporáneos como la saga de Harry Potter, de J. K. Rowling, sirve de ancla para desarrollar un mundo fantástico ajeno a la realidad.

'No es la 'fantasía heroica', ni es lo maravilloso, no es un cuento, aunque toma prestado de todos los elementos del género. Es simplemente una ficción'

Con un lenguaje preciosista y barroco, la autora escribe por primera vez en tercera persona, lo que, según ella, le ha dado más libertad creativa. Sobre su voz literaria, Barbery reconoce que entre sus libros de cabecera se encuentra Un rey sin diversión, de Jean Giono (1895-1970), que describe como “el texto perfecto, en el que no hay una frase que no sea poética”.

La crítica francesa hace referencias a los universos invisibles de Tolkien o del ilustrador y director japonés Hayao Miyazaki, padre de Mi vecino Totoro (1988). Pero Barbery no quiere encasillar el texto en un género concreto. “No es la “fantasía heroica”, ni es lo maravilloso, no es un cuento, aunque toma prestado de todos los elementos del género. Es simplemente una ficción. Es por eso que Gallimard no ha pestañeado cuando les remití el manuscrito, del que estuve retocando la escritura hasta el último momento”, señala la autora en una entrevista con Paris Match.

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