un libro recoge más de 2.000 improperios

Consejos para conseguir el peor insulto

Es difícil encontrar un campo semántico tan amplio como el de los improperios. Decenas de sinónimos de tonto y de puta convierten nuestra lengua en una de las más ricas para ofender

Foto: Frank Gehry hace una 'peineta' en la rueda de prensa del premio Príncipe de Asturias (EFE)
Frank Gehry hace una 'peineta' en la rueda de prensa del premio Príncipe de Asturias (EFE)
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Al ser humano le encantan los insultos. Es difícil encontrar un campo semántico tan amplio como el de los improperios. Nuestra lengua es especialmente rica en tacos. Mientras que en inglés usan un genérico 'fuck' para casi todo, nosotros podemos elegir entre follar, joder y mil sinónimos más. Muchos insultos son más antiguos de lo que nos imaginamos, otros han ido modificando su significado y por el camino se han creado otros nuevos. La lista puede ser interminable, pero no está mal que de vez en cuando alguien se preocupe por juntarlos. El insulto es casi como una religión, así que lo raro es que hasta ahora no hubiera ninguna biblia sobre el asunto, o una lista de mandamientos para insultar.

En Eso lo será tu madre (Ediciones Espasa), María Irazusta, autora también de Las 101 cagadas del español, parte de una premisa: que el insulto es lo más parecido al gruñido, al ladrido que nos queda de nuestra animalidad. Irazusta ha recogido más de 2.000 expresiones que van desde los insultos más finos a los más groseros, pasando por aquellos que están a punto de caer en desuso y todo tipo de variantes para convertirte en el mejor insultador, o en el peor, porque de lo que se trata al final es de ofender al que lo recibe. Aquí tienes una lista de consejos para ello.

El tamaño sí importa, y para insultar más. No es lo mismo decir 'joputa', que 'hijoputa', que 'hijodeputa', que 'hijodelagranputa' ni que 'grandísimohijodelagranputa'

El insulto cuanto más grande mejor:

El tamaño sí importa, y para insultar más. Como dice María Irazusta en su libro no es lo mismo decir 'joputa', que 'hijoputa', que 'hijodeputa', que 'hijodelagranputa' ni que 'grandísimohijodelagranputa'. La intensidad de la ofensa va creciendo según añadimos nuevos elementos. Así que puestos a vilipendiar a alguien, cuanto más grande y ostentoso mejor.

Que sea machista:

Uno de los campos semánticos más sexistas es el de los insultos. Sólo hay que darse una vuelta por los más conocidos para ver que la misma palabra en masculino es algo parecido a un piropo y en femenino una ofensa en toda regla. Eso lo será tu madre subraya que mientras las referencias a genitales masculinos siempre tienen una connotación positiva ('esto es la polla', 'eso es acojonante'), los femeninos van asociados a algo negativo ('menudo coñazo').

Todavía hay más, sólo hay que ver el uso de los animales para destacar ciertas habilidades en los hombres (ser un lobo, un zorro); y otras muy diferentes en las mujeres (una loba y una zorra). Hasta el tal fulano, convertido a mujer se convierte en prostituta (una fulana). No hay nada más sexista que los insultos.

Catulo, considerado el padre de los insultos (CC)
Catulo, considerado el padre de los insultos (CC)

Mejóralo con un buen ‘puta’

Como ya hemos mencionado todo insulto se complementa cuando añades un ‘puta’. No es lo mismo algo que es una ‘mierda’, que algo que es una ‘puta mierda’. Incluso para connotaciones positivas: algo puede resultar ‘una pasada’, pero resalta más si es una ‘puta pasada’.

Los insultos y expresiones que incluyen a la profesión más antigua del mundo son muy variados: 'putón verbenero', 'putón desorejado', 'estar como las putas en cuaresma' y eso sin contar todos sus sinónimos. Más de 50 son los que ofrece Eso lo será tu madre para que el lector amplíe sus balas.

A falta de ‘puta’ buenos son ‘cojones’

Los genitales masculinos valen para todo. Para mostrar agrado, disgusto, retar a alguien, provocarle… todo depende de la frase y del número de cojones.'Me importa tres cojones' no significa lo mismo que 'tener un par de cojones'. María Irazustra se acuerda en su libro del artículo de Arturo Pérez-Reverte en el que se detenía en los mil usos de la palabra 'cojones'. Para quedarse acojonado.

Conocer sus orígenes

Los genitales masculinos valen para todo. Depende de la frase y del número de cojones. 'Me importa tres cojones' no significa lo mismo que 'tener un par de cojones'

El insulto también tiene unos padres: Catulo y Marcial, ya en tiempos de los romanos. Ellos hicieron de la ofensa un arte. El primero era famoso por sus poemas de amor, pero también por los versos soeces y burlones que insultaban hasta al mismísimo César. He aquí una muestra de cómo se las gastaba Catulo.

“Os daré por el culo y me la chuparéis, maricón Aurelius y Sodomita Furius”

Tal era su fama que incluso muchos le atribuyen el origen de la palabra ‘puta’ con el significado que hoy conocemos.

Don Quijote de la Mancha, un buen maestro

El ingenioso hidalgo no deja títere con cabeza en el libro de Cervantes. Sólo hay que acordarse del famoso pasaje de los molinos de viento, a los que llama “cobardes y viles”. El pobre Sancho es definido como “ladrón y vagabundo”, y Rocinante no es “más que pelo y huesos”. Sólo Dulcinea se libra de su verborrea. 'Majadero', 'mentecato', 'gañán', 'follón', 'contrecho'… decenas de piropos en sus páginas, hasta el conocido ‘Hideputa’ que dice el fiel escudero. Pero los que se pelean se desean.

El libro no sólo se acuerda de Cervantes, sino que también cita a Quevedo, Góngora, Borges y Cela como maestros del insulto y grandes inspiradores de esta biblia de la ofensa.

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