en el teatro galileo

El teatro descubre el filón del sexo: cómo calentar al espectador

'Vooyeur' propone al público convertirse en un mirón para colarse en la más tórrida intimidad de parejas o tríos y que la excitación recorra (y mejore) su vida sexual

Foto: 'Vooyeur' se estrena en el Teatro Galileo
'Vooyeur' se estrena en el Teatro Galileo
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Visualice esta escena. Él y ella se acaban de encontrar tras años sin verse. Buscan un lugar donde retormar una historia que comenzó en la niñez. Una habitación a oscuras. Risas. Besos. Respiraciones que aumentan. Manoseos ansiosos. Ropa que cae. Gemidos. Mordiscos. Sexo. Y usted allí, escuchando y prácticamente a oscuras como un mero espectador. Excitándose casi sin ver y sin ser percibido, pero mirando. 

"Mirar sólo es el principio". Con este sugerente subtítulo se presenta Vooyeur, una obra de teatro -repetimos: teatro, no porno- que pretende excitar y calentar al público. O mejor dicho, al mirón, porque eso es precisamente en lo que se convierte el espectador de este montaje. "El objetivo es estimular sexualmente al espectador", asegura Patricia Jordá, protagonista y autora de la obra, que se puede ver a partir del 16 de abril en el Teatro Galileo y está dirigida por Luis Andrés y producida por La Tropa.

'Les vamos a dar propuestas e ideas de juego para romper con la rutina y estimular su vida sexual'

"Les vamos a dar propuestas e ideas de juego para romper con la rutina y estimular su vida sexual", garantiza. Esos insinuantes juegos son las escenas en las que consiste esta obra. El público, dividio en grupos de 30 personas y ataviados con un antifaz de un color, irán paseando por oficinas, camerinos, pasillos, un montacargas o el escenario del teatro y tropezándose con cinco tórridos encuentros sexuales. Desde la chica o el chico que está delante del ordenador practicando cibersexo, hasta el deseo de dos amantes que se acaban de conocer, un trío o un banquete sexual. 

No esperen látigos a los 50 sombras de Grey ni ciclés manidos del cine. Son escenas cotidianas y cercanas a cualquiera dominadas por la pasión y el deseo. Por eso cuando uno quiere jugar con comida, se mancha -"aquí nos manchamos mucho porque el sexo mancha", asegura Andrés- y si quiere salir de la cama con la sábada enrrollada, corre el peligro de caer al suelo. Porque el sexo, el de verdad que no se proyecta en pantalla grande, es una buena dosis de humor y otra más de excitación.

Todas las escenas que conforman Vooyeur se producen de forma simultánea y el público va pasando de una a otra acompañdo por un guía y con boleros como banda sonora. ¿Y por qué debemos convertirnos en voyeurs? Lilith, interpretada por Jordá, es la maestra de ceremonias. Es la primera mejor de la historia, pero ha sido expulsada del Paraíso por revelarse contra Adán. Fue castigada a fornicar con demonios en el infierno, algo que se convierte más bien en un placer, y acaba en la Tierra. Su propósito es, tras asistir como mirona a la vida sexual de cientos de personas, mejorarla y cambiar la forma de ver la sexualidad de las mujeres, en especial, y de los hombres.

Jordá, que además es terapeuta sexual, explica que quieren invitar al espectador (sólo o en pareja) al voyeurismo y a jugar. La rutina, explica, es el mayor problema que se encuentra en su trabajo. "Es el retrasar el sexo para mañana y mañana nunca llega. La falta de deseo, la rutina en pareja y, normalmente, la desidia son los principales problemas", asegura. Por eso, su propuesta es "seducir a tu pareja todos los días" y fomentar el sexo, algo que "hay que regar porque se seca". Y estas escenas, prosiguen autora y director, son pequeñas semillas de "un jardín que de repente florece con sexo inesperado".

'Vooyeur' mete el sexo en el teatro
'Vooyeur' mete el sexo en el teatro

Sexo, remacha, no es sinónimo de coito. "Hay que tener una concepción más amplia de sexo. Está en todo el cuerpo y, sobre todo, en la mente y la capacidad de imaginar", destaca en una concepción muy acorde con la función. "Todo es sexo y empieza mucho antes de llegar a la cama", desde una conversación hasta una insinuación, caricias, besos... "El objetivo es disfrutar del camino", dice.

La reacción que esperan en el público es que exciten. Luis Andrés confirma que él, que ya se sabe las escenas, se ha excitado dirigiendo los ensayos aunque también, en ocasiones, ha sentido cierta sensación tipo estoy-viendo-algo-que-no-debería-ver. Pero esto es teatro, señores, y aquí hemos venido a mirar doble (de ahí las dos oes del título), por espectador y por voyeur. "Nosotros estamos utilizando el sexo como vehículo creativo y de juego", concluye Jordá sobre un montaje que define como "una locura sexual". La última escena de esa locura, ya saben, la interpretan ustedes.

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