frederik peeters amplia la obra 13 años después

El SIDA tiene cura, los prejuicios no

'Píldoras azules' es un libro espejo en el que cada uno ve lo que quiere y en el que el autor contó una gran historia de amor incondicional. La suya con Cati. "La autobiografía nunca muere"

Foto: Una secuencia de viñetas de la ampliación de 'Pildoras azules'. (Astiberri)
Una secuencia de viñetas de la ampliación de 'Pildoras azules'. (Astiberri)

“¿Por qué me quieres?”. “Porque me haces reír y también me respetas y no me das el coñazo. Porque me estimulas, tienes espíritu, eres honesta, porque me gustan tus ojos, tu culo, tocar la parte inferior de tu cara y tu nuca, el sabor de tu piel, tu vientre, tus manos ásperas, la inclinación de tus cejas, porque eres la única persona con la que no estoy jugando, porque eres cerda e impúdica, fuerte y frágil, porque te planteas las preguntas acertadas, me haces soñar con el mundo ideal, me das la impresión de ser buena gente, y porque, al contrario de lo que crees, de todas las personas que conozco, eres la mejor dotada para la vida”. “Aaaaaa. ¿Y mis pies?”.

Ella pregunta, él responde. Ella es Cati, seropositiva como su hijo de tres años. Frederik es dibujante y hace trece años publicó tres meses de su vida, para quedarse con un trocito de la nuestra. Así es una historia de amor incondicional, sin peros, inesperada, un cruce luminoso que saca las costuras y vuelve del revés. Así es como la contó Frederik Peeters (Ginebra, 1974).

En el canon de la Novela Gráfica, Píldoras azules (Astiberri) tiene trono por la claridad al abordar un asunto tabú; por desvelar la mayor enfermedad de todas, los prejuicios; por golpear y hacer daño; por no caer en la compasión, ni en la redención; por la máxima expresividad con el mínimo recurso; por tratar el amor con poco rojo y mucho azul.

Frederik Peeters dibujando en su estudio, por Frederik Peeters.
Frederik Peeters dibujando en su estudio, por Frederik Peeters.

Si hay vida, hay autobiografía. Nadie está a salvo, ni los autores ni los lectores. Estos beben el pocillo de la conciencia que los otros limpian. De un trago y todo para adentro. El sabor que dejan los libros incómodos y honestos se resiste a abandonar el paladar, aunque pasen trece años. La cosa acababa así, con un viaje los tres a Bangkok: “Me la imagino llegando al vestíbulo, con su adorable semblante consumido… La cabeza llena de angustias y deseos. Y la bolsa llena de píldoras azules”. 

'El estilo del dibujo ha cambiado. Esto afianza aún más al libro, si cabe, en el mundo real. Y, en segundo lugar, queríamos actualizar el contenido médico del libro'

¿Qué ha pasado todos estos años después? Que el libro ha vuelto a crecer con una posdata. Nos cuenta Peeters que la editorial Atrabile le perseguía desde hace tiempo para ampliar el final. “Mi pareja y yo decidimos tomar la oportunidad por dos razones. En primer lugar, para demostrar que la vida continúa, que los adultos y los niños crecen. El estilo del dibujo también ha cambiado. Esto afianza aún más al libro, si cabe, en el mundo real. Y, en segundo lugar, queríamos actualizar el contenido médico del libro. Como en todas las enfermedades, la medicina y el conocimiento avanzan y el discurso del libro había caducado”.

Once nuevas páginas en las que, a modo de documental grabado, Peeters, fuera de cámara, habla y pregunta a su pareja, al hijo de su pareja y a la hija en común. Vuelve al VIH a desmontar los prejuicios y miedos, a levantar el estigma con doble dosis de divulgación. Peeters pregunta a su hija de 9 años: “¿Quieres decir algo a quien esté leyendo este libro?”. “Que no hay que tener miedo a la gente con VIH. Que tengan una enfermedad no es que no sean buenas personas”. “Te quiero, mi niña”.

Un fragmento de 'Píldoras azules', de Frederik Peeters.
Un fragmento de 'Píldoras azules', de Frederik Peeters.

“Es emocionante ver crecer a tus hijos, verles cambiar. El pequeño ya es casi un hombre. Y debe entender que el virus está ausente de nuestras vidas, en realidad”, explica a este periódico. Han pasado muchos nuevos libros, y muy diferentes, en todos estos años, pero todavía recuerda cómo a los 26 años, cuando decidió contar esos tres meses –el tiempo en que conoce y se enamora de Cati-, se decidió a hacerlo con una “actitud imprudente, con una energía directa y con la claridad de la simplicidad”. “Una novela autobiográfica nunca muere. Sobre todo si está escrita en primera persona, porque siempre provocará en nosotros un fuerte sentido de identificación. La impresión de sumergirse en la visión de una persona y de su tiempo”, añade. 

La ampliación insiste en la normalidad y la felicidad. “¿Nunca te has sentido desplazado?”, pregunta el dibujante al adolescente. “No. Menos cuando se lo he dicho a algunas personas”. “¿Tus amigos?”. “Ningún problema con los amigos de verdad. Pero bueno, a veces me he dado cuenta de que cierta gente ha tenido miedo. El caso es que no conocen el VIH y cuando hablo de SIDA, hay quienes marcan las distancias”, responde. El virus ha desaparecido de su sangre gracias al tratamiento. ¿Qué es la normalidad? “Una mayoría estadística”, responde el dibujante a este periódico. ¿Y la felicidad? “Momentos que pasan”.

El dibujante fotografiado por Stanislaw Kraszewski.
El dibujante fotografiado por Stanislaw Kraszewski.

Peeters quiere quitarse de encima todas las banderas que los demás le ponemos. No es un especialista en el VIH, no quiere ser visto como un “misionero”. Porque, de hecho, Píldoras azules no es una novela sobre lo extraordinario, sino sobre la normalidad. “No estoy seguro de que el prejuicio sea la peor enfermedad, porque es la consecuencia de la ignorancia”. De hecho, le preocupa mucho más la sobrepoblación y el consumo excesivo. La culpa la tiene Claude Lévy Strauss, dice, por haberle hecho temer haber nacido en un mundo abarrotado.

'Gran parte de los prejuicios con el VIH proceden de la tradición judeo-cristiana y de la cultura islámica'

Al margen de bromas, el autor suizo tiene la fórmula para mejorar nuestras vidas: “pensamiento crítico y conocimiento”. “Deberíamos deshacernos del castigo de las religiones. Una gran parte de los prejuicios con el VIH de los que hablas proceden de la tradición judeo-cristiana y de la cultura islámica: el odio al sexo, el odio a las mujeres, el odio a la belleza, el odio al placer, el odio a la vida. Si lográsemos deshacernos de las nociones de pecado, culpa y justicia divina, no tendríamos miedo de la gente enferma. Esto es un sueño muy lejano”, dice.

Píldoras azules es un libro espejo en el que cada uno ve lo que quiere ver. Desde “una simple historia de amor sin voluntad de poner mensajes, simplemente el intento de captar los sentimientos intensos de amor de una hermosa historia que comienza”, al relato de una comunidad que se ayuda y se acusa, que protege y rechaza. Su autor asegura que lo hizo con más paz que rencor e ira, que representa a la perfección su visión del mundo, “como si fuera una instantánea de mí”. De todos. 

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