una exposición recorre su vigencia en el arte

El punk (no) ha muerto

Rabia, irreverencia, violencia o sexo. Las señas de identidad de este movimiento inconformista perviven en el arte contemporáneo porque, aunque fracasado, el punk hoy es un zombie muy vivo

Irreverencia, inconformismo, rabia, sexo, violencia. Son sólo cinco de las señas de identidad del punk, un movimiento que hoy parece caduco pero que quizás ni haya fracasado ni muerto como pretende demostrar nuestro cotidiano siglo XXI. 

Más allá del fogonazo musical que el punk vivió a finales de los setenta y los ochenta, la esfera punk se apoderó de tal forma de mucha de las bases de la cultura popular que su estela lleva hasta nuestros días. Ese rastro y esa vigencia en el arte es la que descubre la exposición PUNK. Sus rastros en el arte contemporáneo, que se inaugura mañana en el Centro de Arte Dos de Mayo (hasta el 4 de octubre). ¿Qué queda hoy de ese tan repetido binomio: Punk is dead or Punk is (not) dead? ¿¡Muerto, vivo o zombie?

“Más allá de las clasificaciones y definiciones de arte contemporáneo, hay un ruido secreto que une a muchos artistas y que tiene que ver con la incomodidad punk”, explica David G. Torres, comisario de esta muestra, que es el culmen de un trabajo que comenzó en 2005 en torno al punk. ¿Y meter al punk en un museo? “Es como traicionar al propio punk, aunque no hay nada más punk que ser un traidor”, asegura.

'Hoy sigue viva la rabia pero lo que fracasó del punk fue la voluntad de cambio'

Para crear esta exposición, Torres parte del libro del periodista y crítico musical estadounidense Greil Marcus, Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX (Anagrama, 1989), en el que cuenta que ese 14 de enero de 1978, durante el último y desastroso concierto de los Sex Pistols, escuchó el rabioso rechinar de dientes de Johnny Rotten tras espetar su última frase como miembro de la banda: “¿alguna vez os habéis sentido estafados?”. Ese rechinar indicativo de rabia, furia y malestar es una suerte de ruido secreto que ha recorrido todo el siglo XX y que todavía resuena. Por eso, si Marcus hace un recorrido por la génesis del movimiento punk, Torres ha ido a buscar las secuelas de ese No future en la cultura y el arte contemporáneo. 

“El punk sigue siendo un referente para muchos artistas”, responde rotundo el comisario. “No es estereotipo, es sobre todo una actitud que recorre aspectos como el sujeto alienado, el sexo, el miedo o la violencia. El punk tiene un estereotipo creado, que viene de Viviane Westwood, las tachuelas, los okupas y esas cosas. Lo que yo he querido es demostrar que fue un movimiento más sofisticado. Punk también son Los Ramones, The Slits, el primer grupo punk de mujeres, The Clash o Patti Smith”.

'Beast', de Basquiat (1983)
'Beast', de Basquiat (1983)

Si es mucho más en la música, también lo es en el arte contemporáneo. Más allá de clasificaciones de género, Torres explica que el punk es un legado que articula y atraviesa la producción de los más de 60 artistas que participan en esta exposición. Entre ellos artistas de antaño como Basquiat, de quien destaca que “fue muy castigado por las cotizaciones del mercado de los ochenta, pero su obra se va a releer en los próximos años”, Raymond Pettibon o Paul McCarthy junto a jóvenes como María Prat o Antoni Hervàs. Y en todas sus obras, la misma actitud rebelde e inconformista para enfrentarse a la realidad.

El punk está, sobre todo, en la superficie de las obras desde el No future de Jordi Colomer hasta las cientos de versiones de los billetes con la reina de Inglaterra tuneada, de Hans-Peter Feldmann o Carlos Aires, o las muñecas nazis de Natascha Stellmach. Y esté en la superficie, explica el comisario, no porque el punk sea fachada sino porque ahí es donde se libra la batalla contra lo convencional sea eso en el look, el sexo, la corriente dominante. La superficie no es pose es toma de posición.

“Esa superficie del punk, ruidosa, incómoda o feísta, implica una consideración política del cuerpo: la reivindicación de la diferencia siempre supone una lucha frente a lo establecido e implica la reivindicación de la diferencia sexual o, mejor, la anulación de la diferencia sexual por la aplicación de la diversidad”, escribe Torres en el catálogo de la exposición.

'Lo tengo todo', de Tracey Emin (2000)
'Lo tengo todo', de Tracey Emin (2000)

Porque el sexo es totalmente punk. No en vano el movimiento surge de Sex, la tienda que Malcon McLaren abre con Viviane Westwood en Londres y que dio sex del nombre a los Sex Pistols. Pero es un sexo que va mucho más allá de la visión hetero (y más rockera) sino que entendido como sinónimo de diversidad. Ahí está Patty Smith con bigote, el travestismo de los New York Dolls, las camisetas con tetas serigrafiadas de Westwood o, más reciente, la denuncia del machismo de las Guerrillas Girl, la que hace del arte como prostitución Tracey Emin (foto de la izquierda) o la relectura porno gay que hace Hervàs de un cómic punk.

Pettibon, Kelley, Paul McCarthy, Mullican o Solmi se centran en la violencia, otra de esas señas del punk. Una violencia reaccionaria contra una sociedad alienante pero también una violencia recibida por parte de una sociedad opresora y sin futuro como la de los setenta. O como en la nuestra, porque podríamos estar en una época muy punk.

“Si uno repara en el contexto social en el que nació el punk tenía que ver con una juventud en paro, una crisis económica importante, la aparición del terrorismo y una cierta psicosis que provocó en los setenta, la crisis del movimiento hippy y la pérdida de la fe en el progreso frente al retorno del conservadurismo, más acusado en los ochenta con las figuras de Thatcher y Reagan”, señala Torres.

'Billete de 5 pounds con nariz roja', de Hans-Peter Feldmann (2012)
'Billete de 5 pounds con nariz roja', de Hans-Peter Feldmann (2012)

“Hoy sigue viva la rabia pero lo que fracasó del punk fue la voluntad de cambio. Los movimientos radicales del siglo XX, y el punk es el referente, han sido efectivos en generar conciencia pero no en cambiar la sociedad”, matiza. Algo que enlaza con la idea de fracaso, de nuevo. O como decía el eslogan del cortejo fúnebre de McLaren: “fracasa otra vez, fracasa mejor”. “El fracaso es intrínseco a la idea del punk”, remacha.

Pero ese fracaso también tiene algo de nostalgia, al igual que su vigencia actual. Por ello, asegura Torres, “podríamos hablar de una doble nostalgia”. Ese zombie que es hoy el punk ha sobrevivido a su propia muerte como espacio para que unos cuantos indignados se expresen sabiendo que, como antaño, sólo van a conseguir canalizar su rabia porque nacieron fracasados. Porque como cantaba The Clash: “luché contra la ley y la ley ganó”.

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