Antropoloops: todas las músicas del mundo caben en una cinta de 60
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el pop del futuro viene del de ayer

Antropoloops: todas las músicas del mundo caben en una cinta de 60

Rubén Alonso mezcla 168 canciones tradicionales de todo el mundo y de distintas épocas para crear un collage musical de la que podría ser la música del pueblo hoy

Foto: Antropoloops, la música collage de Rubén Alonso
Antropoloops, la música collage de Rubén Alonso

Antropoloops es un puzle musical compuesto por cientos de piezas que Rubén Alonso, su creador, ha recogido buceando en canciones tradicionales de todo el mundo y de distintas épocas. Después las ha ensamblado para formar con ellas un collage fascinante de músicas populares que encajan con pasmosa naturalidad.

A finales de diciembre de 2014 lanzó en descarga libre la segunda mixtape, que se podría considerar su segundo disco. Incluye ocho canciones que creó usando 257 loops procedentes de 168 temas folclóricos grabados a lo largo y ancho del globo, desde Vietnam a Bali pasando por las comunidades campesinas peruanas, el Sacromonte granadino o Tennessee.

El empaste que emplea para dotar de nuevo sentido a esa amalgama es música electrónica, y no sólo por una cuestión de sonido.

“Uso música que podríamos llamar pre-moderna, o tradicional, aunque realmente la combino con fragmentos de muchas otras músicas más recientes. Quizás los años ochenta son una barrera para mí. Me atrevería a decir que en la música electrónica, además de semejanzas formales, existe también una dimensión colectiva que podría ser análoga a la música pre-moderna, no en el sentido de tradición, sino en el de celebración y autoría algo difusa (no propietaria)”, indica Alonso, quien también canta y toca varios instrumentos en Las Buenas Noches, un sugerente grupo de pop con aires psicodélicos.

En Antropoloops su intervención se ciñe a unas normas auto-impuestas, como no modificar el tono de las canciones originales, hacer sólo pequeños ajustes de tiempo que no varíen en exceso el carácter del tema y emplear ocho pistas, es decir, que haya un máximo de ocho fragmentos sonando a la vez.

“Me sorprendió el uso de citas musicales perfectamente reconocibles y su posterior descontextualización para, en último lugar, revitalizarlas a través de procedimientos musicales contemporáneos generando así un discurso musical genuino”, opina Marta Sancho Moliner, especialista en Musicología e integrante del grupo punk Genderlexx y de la formación experimental Balaclava.

Esa doble vertiente es uno de los rasgos más llamativos de Antropoloops: se puede leer como una investigación sobre el pasado pero el efecto es música plenamente actual, muy disfrutable en el presente.

El otro pilar de la propuesta son los vídeos, cruciales para ofrecer información sobre la fecha y procedencia de las grabaciones usadas. Esperanza Moreno ha desarrollado una aplicación en Processing para visualizar en tiempo real, mientras suena la canción, cómo se mezclan los diferentes loops y se construye ésta. El resultado, espectacular y muy divulgativo.

Antropoloops no existiría sin la ingente labor de archivo y conservación de sonidos antiguos que internet permite. Es la materia prima con la que trabaja Alonso, como reconoce sin ocultar su agradecimiento. “Hay todo un mundo increíble de amantes de la música y coleccionistas que digitalizan vinilos descatalogados con sus maravillosas portadas. Descargo mucha música, me interesan mucho las grabaciones de campo de antropólogos, discos de músicas tradicionales, música de los 60-70 de otros lugares… Es que las posibilidades de acceso son inmensas en la web. Hay una riqueza cultural inmensa fuera de la maquinaria del mercado discográfico que está siendo recuperada y mantenida por mucha gente de manera muy altruista. Es fascinante”.

Sin embargo, su empeño como reciclador de material añejo para nutrir nuevas composiciones choca con la protección de los derechos de autoría, obstáculo para un proyecto de estas características. La posición de Alonso al respecto es clara.

“El problema es que toda esa música está en un limbo legal por enfocarse la propiedad intelectual en la música desde una lógica excesivamente patrimonialista y especulativa. Una creación musical no puede ser como una propiedad privada material que el autor crea supuestamente de la nada, y su hijo hereda y explota y luego su nieto hereda y explota. Una canción no es un terrenito vallado. Los derechos de autor deberían ser más ajustados y las obras volver antes al dominio público, a ese espacio colectivo desde el cual surgen”.

Lo que hace Antropoloops está a medio camino entre la creación artística y la documentación, el archivo. Él prefiere diluir su responsabilidad como autor, apelando al origen de las grabaciones. “Gran parte de los fragmentos que utilizo en cada canción proviene de expresiones musicales de culturas en las que la noción de autoría no es como la nuestra occidental. La música tradicional tiene intérpretes, no autores. Esta idea de autoría colectiva, distribuida, actualizada en el contexto de la remezcla digital e internet es fundamental en el proyecto”.

La experta apunta al uso que se hace de la música. “Antropoloops es transmisor y a la vez creador. Si ampliamos nuestra óptica y salimos de la órbita europea, encontramos que en muchas de las áreas geográficas de donde extrae el material, sobre todo África, el fenómeno musical no puede deslindarse de su uso social y colectivo: la música no puede entenderse sin sociedad, de la misma manera que la sociedad no puede entenderse sin música. No existe el individualismo de la figura de autor que presuponemos en la composición musical de Occidente”.

Mirando hacia el otro

La utilización de material folclórico, el uso de citas musicales y collages no son extraños en la tradición musical occidental, recuerda Sancho Moliner. “Desde las parodias renacentistas hasta el siglo XX, los compositores, especialmente a partir del siglo XIX, han dirigido su mirada hacia el “otro” musical. Al principio con cierto paternalismo como cultura hegemónica y después con rigor científico”.

Así, nombra como antecedentes a Stravinsky y su uso del folclore o “folclore imaginario”; a Bartók y Kodály en Hungría, quienes realizaron profundos trabajos de campo; o la “voluntad de compositores como Henry Cowell, Harry Partch, Lou Harrison o Colin McPhee que buscaban experimentar con el sonido más allá de la tradición formal y recogiendo material folclórico tanto local como ajeno a la cultura occidental”.

Sobre Antropoloops, subraya el esfuerzo por dar a conocer músicas populares de marcado carácter social que han sido ignoradas. “Su resultado parte de una música del pueblo que responde a una necesidad social, sí. Sin embargo, nos llega filtrada a través de formas específicamente occidentales de composición: los loops gracias a la informática”.

El pop del futuro es de ayer

La mirada con la que Antropoloops trabaja sobre músicas cantadas y grabadas en todo el mundo durante los últimos cien años plantea asimismo interrogantes sobre la música que hoy se escucha en Occidente y su valor. ¿Alguien usará a Beyoncé, Pablo Alborán, Björk o Kanye West en el siglo XXII?

La especialistapronostica que sí. “El pop crea un espacio donde transferir gradualmente las nuevas conquistas musicales. Es esta cualidad de actualizarse y reinventarse sin dejar de ser un producto deseable lo que creo que hará que dentro de cien años la musicología y la composición vuelvan la vista hacia el pop que conocemos en la actualidad”.

Él, por su parte, apunta a la similitud entre el pop y la música tradicional. “Si dentro de cien años no ha petado todo y la especie humana sigue practicando el sexo, el pop estará ahí seguro. Quizás será pop cuánticoy no escucharemos una canción sino que cada uno percibirá su propia canción-tiempo personal mediante ondas cerebrales.Realmente el pop de alguna manera es como la música tradicional. Si uno lo mira con perspectiva es como una gran melodía con las mismas notas y requiebros emocionales que va evolucionando poco a poco de manera colectiva. Lo que pasa es que en la pequeña escala cotidiana, el mercado nos lo vende como un acto de creación individual empaquetado en papel de novedad… “.

Esa posición hegemónica del pop como objeto de consumo frente a otras disciplinas remite al análisis de Adorno y Horkheimer sobre la industria cultural, observa Sancho Moliner. “No hay que olvidar que el pop tal y como lo concebimos es posible y puede entenderse dentro de los engranajes de la cultura de masas y es en este contexto donde se ha creado toda la industria que lo rodea. No pretendo con esto desprestigiar esta música, como muchas veces se hace, pues soy firme defensora y consumidora. Si enfocamos esta problemática como la dicotomía entre música “culta” o “académica” y música “popular” o “ligera” – esas eternas antagonistas irreconciliables históricamente-, el pop es la música tradicional del siglo XXI, puesto que podría situarse en oposición a la música culta, donde antes estuvo la música tradicional, adaptándose a nuestras necesidades sociales como consumidoras. El pop es simplemente la cristalización de lo popular dentro de la época que nos ha tocado vivir, la música que mejor se ajusta a nuestras circunstancias”.

Música Pop Siglo XXI
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