La milagrosa expropiación de Kendrick Lamar
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reseña de 'to Pimp a butterfly'

La milagrosa expropiación de Kendrick Lamar

El joven rapero californiano vuelve a la carga con un disco arrollador donde reivindica la tradición cultural afroamericana

Foto: Kendrick Lamar en director en 2014 (Gtries)
Kendrick Lamar en director en 2014 (Gtries)

Esta semana se adelantó por sorpresa el nuevo disco de Kendrick Lamar (1987), To Pimp A Butterfly, tras unos días intensos en los que el MC californiano nos dejó un poco aturdidos al adelantar título, portada y unas cuantas pistas más vía Instagram. Tras confirmar la fecha definitiva del lanzamiento… va y se adelanta una semana para coincidir, dicen, con el aniversario del lanzamiento de Me Against The World (1995) de Tupac Shakur, FLIPA.

Primer homenaje, veremos más adelante hasta qué punto el difunto rapero de Harlem está presente en el disco, de una serie de ellos: To Pimp a Butterfly es una reivindicación plena de orgullo del rap, la música y la cultura afroamericanas, empezando por la figura del escritor Wallace Thurman, autor adscrito al Renacimiento de Harlem, cuya obra The Blacker The Berry, A Novel Of Negro Life (1929) sirve de fuente de inspiración. Reivindicación brutal que arranca con ironía y mala hostia y nos conduce por caminos repletos de referencias explícitas y más sutiles, entre sonidos funk, jazz, soul y spoken word desnudos; es decir, de los sonidos de los que surgió el hip-hop allá por los años setenta de manos de, por ejemplo, Gil Scott Heron o George Clinton.

Y nada, así arranca To Pimp A Butterfly, con el sonido de una aguja sobre un vinilo, un sámpler retro setentero que repite EVERY NIGGA IS A STAR y ¡BAM! George Clinton, sí, el mismo, entrando a contarnos la historia del capullito y la mariposa junto al inconfundible bajo from outerspace del virtuoso Stephen Bruner a.k.a Thundercat, colaborador habitual de Flying Lotus, encargado aquí de las bases.

El rapero recupera los sonidos de los que surgió el hip-hop en los setenta, de Gil Scott Heron a George Clinton

Ya solo este momentazo, amigos, merece todo el HYPE creado en torno a este disco y a este hombre. La canción se llama Wesley's Theory (“I’ll Wesley Snipes yo’ ass before 35”) y cuando la escuché por primera vez, casi me tienen que asistir con oxígeno. Arrancando así, con esta contundencia, pues da hasta un poco de susto seguir, que algunos ya tenemos una edad, pero no pasa nada: el segundo corte es otra burrada en clave de jazz con Kendrick enloquecido cantando THIS DICK AIN'T FREE, THIS DICK AIN'T FREEE. Un impactante ejercicio de sardonismo que tampoco permitir recuperar el resuello: a continuación suena otra bomba de trepidante funk salvajito (por favor, que haya videoclip y que salga Kendrick bailando, POR FAVOR) llamada King Kunta (“I was gonna kill a couple of rappers but they did it to themselves”). Creo que ha sido ahí cuando he empezado a llorar DE FELICIDAD, no sabría decir.

A partir de aquí, Lamar da un respiro formal para sumergirse en narrativa pura y comenzar a contar la historia, la del propio Kendrick, la de un chico negro de barrio hiperconsciente de la realidad que le rodea, que trata de asumir su nuevo rol de súper estrella y lo que esto implica, su lucha paralela por no perder de vista ni a sus raíces ni a su gente pese a las tentaciones de Uncle Sam.

 

Y entonces, ONCE UPON A TIME, entra en escena Snoop Dogg, que nos invita a comprar, ya sí, el ticket para subirnos a la montaña rusa en Institutionalized.

These Walls, por su parte, podría formar parte del universo de Good kid, M.A.A.d city, anterior largo de Lamar; de hecho nos reconforta por eso, porque luego viene U a abofetearnos otra vez con un tono afectadísimo y tan pasado que te deja hasta mal cuerpo. Si esto es un patrón en este trabajo, me parece un poco aventurado decirlo: escribo tras escuchar el disco por tercera vez… y me va a explotar la cabeza.

Volver al hogar

La clave narrativa sería, digamos, los versos que Kendrick repite en modo spoken word a partir de Alright (Pharrell a los coros aquí): “I remember you was conflicted”. Conflicto que conduce a la desesperación y a la huida en busca de respuestas, respuestas y consuelo que se encuentran solamente al volver al hogar. El hogar, como anuncia Snoop Dogg, es el barrio, que “nunca podrás sacar de dentro de un homie”. Y la llegada al hogar viene de la mano del góspel arrullador (sobre músicas de Sly & The Family Stone) de Momma. Por cierto: Ojo al brillante trabajo de los coros, backing vocals o lo que sea en todo el disco.

 

Llegamos a Hood Politics (sampler de Sufjan Stevens, ojo) y aquí me encuentro con el momento que más me ha conmovido: la mención a Killer Mike. Me muero. ME MUERO. Por cierto, que el titánico rapero de Atlanta se lo agradeció vía Twitter y yo, en una labor de periodismo de investigación sin parangón, le pregunté a El-P qué le había parecido este momento, fucking amazing o QUÉ. En unas increíbles declaraciones a esta reportera, la respuesta del músico de Brooklyn fue “YES IT IS”. No sé. Me he pasado el rap, amigos…

Ahora en serio, nos adentramos en la recta final de esta auténtica locura con How Much a Dollar Cost, con unas trompetas jazz febriles a lo Toshinori Kondo, sampleados de Ron Isley (sí, de los Isley Brothers) y la voz angelical de James Fauntleroy. Uno de los cortes más maravillosos de todo el disco, venga, hemos venido a jugar.

Suena pues The Blacker The Berry, de la que ya hablé la semana pasada y permanece como la barbaridad que es, y se resuelve la incógnita que me tenía sin dormir: saber cómo demonios iba a integrar I (Love Myself), la canción del Grammy, la canción que en Fact alguien calificó como “la banda sonora de The Emperor's New Groove” (LOLS), en el disco. Pues bien. No sabría deciros la DIOSARREZ que se marca y casi prefiero que lo escuchéis. La fiereza del speech es memorable y merece la pena.

 

Y para cerrar, una entrevista soñada entre Kendrick y Tupac Shakur, que conversan tranquilamente COMO SI TAL COSA (bellísimo momento), yo alucino, en Mortal Man, para la que, para colmo, viajó hasta la celda en la que estuvo preso Mandela (a hablar con el fantasma de Mandela, también, que haga LO QUE QUIERA). Y esto es lo que querría subrayar, finalmente, de To Pimp A Butterfly. Hablar de Mandela, Luther King, utilizar el spoken word como hacía el activista Scott Heron y sonar a jazz, funk, a soul, mención aparte de las legendarias colaboraciones de iconos de la música negra de distintas generaciones, vivos y MUERTOS, es una EXPROPIACIÓN CULTURAL en toda regla (lo opuesto a la apropiación cultural, quiero decir).

Kendrick se pregunta a cuántos de los suyos han asesinado este año (“¿Cuántos hermanos hemos perdido?”) y, de este modo, con este horror y esta herida, planta cara a quienes ponen en duda su “nivel de implicación”. Qué nivel de implicación va a tener un negro de un barrio marginal, criaturas. Su respuesta es sintetizar y “apropiarse” de manera prodigiosa, en un disco, de la música y la cultura de su gente en una OBRA MAESTRA que, curiosamente es una deslumbrante CELEBRACIÓN llena de connotaciones positivas y de esperanza y cuyo alcance no conoceremos hasta dentro de un tiempo. Este tío es un milagro, amigos.

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