david grossman publica 'gran cabaret'

"El resultado de las elecciones israelíes nos va a llevar a una nueva tragedia"

El escritor israelí y firme defensor de la paz entre Israel y Palestina gira en su nueva novela hacia el humor entendido como ese recurso que nos hace libres y sirve para quitar caretas

Foto: El escritor israelí David Grossman en Barcelona (Efe)
El escritor israelí David Grossman en Barcelona (Efe)

Es un hombre reflexivo, que habla despacio como saboreando cada palabra para darle un sentido más hondo. Y no tiene pelos en la lengua. El escritor israelí David Grossman (Jerusalén, 1954) es tan conocido por sus obras y ser eterno candidato al Premio Nobel como por su compromiso político a favor de la paz y su oposición al primer ministro de su país, el recién reelegido Benjamin Netanyahu.

De hecho, durante su visita ayer a Kosmópolis, el festival literario que se celebra en Barcelona hasta el domingo, para presentar su nueva novela, Gran Cabaret (Lumen), esas palabras no podían dejar de referirse al resultado de las elecciones de Israel del martes. “Me temo, y es lo que yo percibo, que el resultado de las elecciones nos va a llevar directamente a una nueva tragedia. El día de los resultados Netanyahu dijo que se opone radicalmente a una solución de dos Estados y eso para los palestinos significa que desparece su esperanza. Así que pronto nos encontraremos de nuevo inmersos en un circo de violencia entre Israel y Palestina que, a su vez, traerá más devastación. Ahora mismo sólo veo la tragedia que se avecina”, dijo rotundo.

El resultado de los comicios sigue haciendo de Israel “un país atrapado bajo una mirada rígida de la realidad acorde a cómo la ve Netanyahu. Y ha sido elegido por mayoría”. “Hay gente que lo ve de una forma distinta, con un punto de vista más lógico y flexible, a pesar de las amenazas que recibe. Ellos sí caminan sobre las manos, pero, según las cifras, me temo que son cada vez menos personas. O, al menos, no las suficientes para formar gobierno”, señaló trazando un paralelismo entre la realidad de su país y el protagonista de su novela, Dóvaleh, un hombre que de niño caminaba cabeza abajo como una peculiar marca personal de ver las cosas. “Es una perspectiva que te permite flexibilidad y originalidad”, explicó, y que parece utópica en Israel.

''Israel un país atrapado bajo una mirada rígida de la realidad acorde a como Netanyahu la ve''

Y si la reelección de Netanyahu, a juicio de Grossman, no va a servir para acercar posturas con Palestina, tampoco va a mejorar las delicadas relaciones con Estados Unidos, especialmente tras la comparecencia de Netanyahu en el Congreso cuando cargó contra Obama por sus negociaciones sobre el programa nuclear con Irán. El escritor defendió las palabras del presidente de su país en contra de este acuerdo pero, explicó, el problema de Netanyahu es que “incluso cuando dice algo acertado, no se le tiene en cuenta” porque “a menudo su discurso está mezclado con una buena dosis de manipulación”, como las burlas que hizo del presidente norteamericano en esta “lamentable” visita.  “La administración Obama reaccionó con debilidad cuando deberían haber escuchado y tomado sus palabras seriamente”.

El humor como liberación 

Más allá de cuestiones políticas, el nuevo libro de Grossman sí invita a ese caminar sobre las manos, a la flexibilidad y a la libertad. La forma de canalizarlo (o lograrlo) es el humor, que supone un nuevo tono en la prosa de un escritor que hasta ahora había sido mucho más sobrio y profundo en obras como La vida entera, dedicada a su hijo Uri, muerto en 2006 en la guerra de Líbano, o Más allá del tiempo, un texto más poético. "Espero con cada nuevo libro inventar un nuevo estilo. Siempre busco nuevas maneras de contar una historia, si bien la historia siempre es la misma”, afirmó.

El humor para mí es sinónimo de flexibilidad. Te permite cambiar rápidamente tu punto de vista con agilidad y rapidez. Me gusta esa flexibilidad porque indica libertad”, señaló Grossman. El lado opuesto a ese humor -muy judío, dijo, como no podía ser de otra forma- y a la ironía que derrocha Gran Cabaret y que se convierte en un motor de cambio es el cinismo. “El cinismo supone que tu pones una barrera entre tú y de lo que te ríes, pero el humor judío siempre está comprometido incluso con aquello de lo que te ríes”.

El Gran Cabaret que ha escrito Grossman es un escenario donde se miente pero también se quitan caretas. Dóvaleh es el cómico de un particular espectáculo de stand up comedy. Es burdo, bruto e incluso chusco en sus bromas facilonas hasta que llega ese resorte que hace que mire a sí mismo y cuente su verdadera historia. La infancia, los recuerdos, la soledad, la tristeza, la melancolía, la muerte y el lugar donde se encuentran los artistas es lo que va desgranando este hombre en un monólogo catártico.

“Para mí este libro es muy personal, como todos los que escribo, y tal vez tenga un punto kafkiano por cómo Dóvaleh está atrapado en su vida”, reflexionó Grossman. En efecto, la novela tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera, el artista deslenguado intenta llamar la atención y flirtea con su público, pero, en la segunda, “aparece un artista más humano, menos vulgar y más profundo y la historia empieza a respirar de otra manera”. Será un pequeña mujer, vieja conocida, la que le haga cambiar con un “si tu eras un buen chico”. “Una frase tan sencilla que es como el punto de un roca muy sólido en el que si das, se rompe. Ese es el efecto de esta frase”.

''Lucho desde hace años a favor de la paz y me mantengo firme porque creo que con la paz tendremos el privilegio y la oportunidad de reuniremos con nuestro propio ser real''

A partir de aquí, ofrece “esa información que es difícil de tragar para el público” y el protagonista empieza a contar su infortunada historia. “A veces las personas son un poco como Dóvaleh. Hay gente que vive una vida paralela a la que en realidad debería vivir. Son personas que están más allá de sí mismos. Él está así hasta que esas palabras le hacen conectar su ser paralelo con su ser real, algo que le brinda la oportunidad de vivir de nuevo como debería haber vivido”, aseguró.

Algo que, de nuevo, tiene su paralelismo político. “Muchos países y sociedades viven de una forma contraria a su carácter real”. “Yo lucho desde hace años a favor de la paz y me mantengo firme porque creo que con la paz tendremos el privilegio y la oportunidad de reunirnos con nuestro propio ser real y conseguiremos la libertad que nos permitirá escapar de esta dura vida de beligerancia y de ser enemigos permanentemente,  porque vivir así te deja exhausto”. 

Y frente a Dóvaleh, o frente a todos, un juez que le conoce desde niño pero al que no ve desde hace 45 años y que tendrá precisamente que juzgar su transformación más allá de la capa de cinismo. “Dóvaleh necesita recordar quién es y quiere hacerlo gracias  a la mirada sobria del juez, del que espera sea un testigo misericordioso. Necesita desesperadamente, como todos, una cierta simpatía y una mirada amable”.

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