Björk, una de merchandising en el MoMA
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exposición de la cantante en el museo

Björk, una de merchandising en el MoMA

La experiencia "psicosonora" de la polifacética Björk entra en el museo más importante de arte contemporáneo, con una exposición de escaso vuelo, aburrida y muy poco ambiciosa

El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) acoge con gran ruido a Björk, el icono del pop transversal, capaz de generar un hit musical, hacer historia con su videoclip y reproducir su impacto en el cine, la moda y las ventas de masas. Los empleados del MoMA lo saben y por eso ayer emitían suspiros para contener a las multitudes que saturaban la segunda planta, donde se desarrolla la retrospectiva de la compositora e intérprete islandesa.

La exposición sólo abarca el éxito internacional de la precoz cantante Björk Guðmundsdóttir, que grabó su primer álbum a los 11 años y dejó la banda islandesa Sugarcubes en 1992 para saltar a Reino Unido y Estados Unidos. Desde entonces ha producido ocho discos en 22 años, todos ellos alineados en una pared del MOMA como una colección de retratos surrealistas.

"Björkes una de las artistas más innovadoras de su generación", explicó el comisario de la exposición, Klaus Biesenbach, durante la presentación a la prensa."Ella es música, pero cuando colabora, siempre fuerza los límites de los artistas. Está acostumbrada a explorar territorios a los que el resto acabamos de llegar, no solo artística sino tecnológicamente", añadió.

La exposición, que ha generado comentarios bastante ácidos, tiene tres partes. Primero, el videoclip deBlack Lake, encargado por el propio museo y parte del último disco,Vulnicultura(2015)."Ella misma compuso, cantó y arreglóBlack Lakepara el MoMA (...) La filmamos en una cueva, cantando, haciendo playback, con su vestido de cobre... Se recrea un efecto sonoro de una cueva, no solo el efecto físico", explicó Biesenbach del vídeo.

La sala donde se proyecta es un cubo rectangular, totalmente oscuro, con dos pantallas simétricas. Las paredes y el techoestán forradas con lo que parecen miles de mangas de jersey negro. Pequeños cráteres flácidos que imitan las entrañas de un volcán, aíslan del sonido exterior y emiten un calor intenso. Es la zona en la que los visitantes se abanican con los folletos del museo.

Björk aparece en una cueva de paredes rojizas; lleva un traje negro, como de petróleo, y canta los males del amor (¿su reciente ruptura con el artista californiano Matthew Barney?) mientas serpentea por la geografía de un volcán. Su rostro, casi liso, casi oriental, ya no es de porcelana; la Björk de 2015 despide un tono añejo, colgante. Se golpea el pecho entre fragmentos de volcanes estallando, muere metafóricamente y amanece feliz bajo el cielo azul, en un paisaje musgoso.

Han dicho de la exposición que es 'aburrida', 'un sin sentido', 'extrañamente poco ambiciosa'

La segunda parte, otra sala de cine, es una sucesión de sus videoclips más “divos”: 30 creaciones firmadas por directores comoMichel GondryoSpike Jonzedonde Björk, por ejemplo, hace bailar a su antojo las placas tectónicas (Biophilia, 2011), que suben y bajan de las arenas movedizas, flotan y se dan besos con las entrañas, para terminar formando, cómo no, un volcán apocalíptico.

Una realidad pop rugosa y colorida, intensa como la propia Islandia: una protuberancia de la dorsal mesotlántica, nacida en el lugar, ni más ni menos, donde se tocan las placas tectónicas de Europa y América. Una isla con 30 volcanes activos, 13 de los cuales han hablado desde que los vikingos colonizaron la isla en el siglo IX.

La tercera parte: la de los objetos y la memorabilia, es una ruta de 45 minutos (cifra oficial; requiere menos) que precisa una entrada especial. En ella escuchamos, de un lado, canciones como Venus as a boy, y de otro, versos del poeta islandés Sjón, que ha sido frecuente letrista de Björk y suele cantar a la peculiar naturaleza de su país. Están los cuadernos donde Björk garabateó algunas canciones, el vestido de campanillas de Alexander McQueen, el de cisne, diseñado por Marjan Pejoski, y los robots del vídeo All is Full of Love.

Varios críticos han tachado la exposición de ser “extrañamente poco ambiciosa” (The Guardian), “aburrida” (Forbes), “un sin sentido"(New York Post). Como si fuese una voluta de humo, un discurso desparramado hecho de referencias arbitrarias, sin un ceñidor que les dé coherencia. ¿Demasiado incompleto como para iniciar a los profanos en Björk? ¿Poco preciso para encandilar a sus seguidores? En cualquier caso, un pelotazo de visitas.

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