revisión de paul delvaux en el Museo thyssen

Putas, esqueletos y un prostíbulo de pintura

El pintor belga inventó un mundo insólito y personal que se ha liberado de las reglas de la lógica universal, entre el clasicismo y la modernidad, entre el sueño y la realidad

A los 33 años Paul Delvaux entra en un prostíbulo y encuentra la solución a sus fracasos y tormentos sentimentales. Las escenas homosexuales resuelven la representación del tema capital que atraviesa la producción del pintor belga: las relaciones frustradas entre los sexos. El artista surrealista se abraza en sus pinturas a la homosexualidad, porque le parece “más sencilla, más íntima y más espontánea que las relaciones que mantienen hombres y mujeres”. Es la visión de Laura Feve, comisaria de la exposición Paul Delvaux. Paseo por el amor y la muerte, que inaugura el Museo Thyssen con cerca de 60 obras y cinco unidades temáticas muy mascaditas: la mujer, el doble, la arquitectura grecorromana, el tren y el esqueleto.

Al parecer, en la visión de aquel está el origen de un tema que se vuelve insistente, en el que Delvaux representa sin ambages a numerosas mujeres amándose. En El diván vuelve a ilustrar la intimidad de dos mujeres, pero los vínculos entre hombre y mujer son inexistentes en sus cuadros. “Para algunos estudiosos, Delvaux recurre al lesbianismo para indicar su decepción con las relaciones heterosexuales, con lo que era para él la inaccesibilidad última de la mujer”, explica la responsable científica del Musée d’Ixelles (Bélgica), de donde ha llegado el núcleo principal de la muestra.

Un asunto tabú tratado al mismo nivel que la madre, la niña inocente, la mujer fatal o la diosa mitológica. A pesar de su insistencia y seguridad en la repetición del tema, tropezó con arrepentimientos sonados como en El incendio, un cuadro cortado, dividido en dos mitades por el propio artista: la mujer vestida y de espaldas, queda separada de la mujer desnuda que nos muestra sus atributos. La primera es la madama del prostíbulo al que había ido con su primo, la otra, una prostituta. Se desconoce la razón por la que cortó el lienzo, pero antes de exponerla en 1935, en el salón anual de la asociación L’Art Contemporain (Amberes) lo cortó. Un coleccionista adquirió esa mitad perdida y se pudieron mostrar juntas, por primera vez, n 2014.  

'El incendio', 1935.
'El incendio', 1935.

Si el lesbianismo es tratado con absoluta naturalidad, los asuntos políticos ni asoman. Europa arde y él se mantiene en una postura indiferente ante su entorno, porque lo único que le interesó a lo largo de su carrera fue él mismo y sus propias experiencias. En el tratamiento de los esqueletos (que recoge de James Ensor) podría verse -erróneamente- alguna alusión metafórica a la Segunda Guerra Mundial, puesto que adoptan comportamientos típicos de los humanos o protagonizan asuntos religiosos, como la crucifixión de Cristo, el descendimiento o el entierro. En 1954, el cardenal Roncalli, futuro papa Juan XXIII, las condena por herejía. A pesar de ello, prostitutas protagonizan pinturas de los sesenta, como La anunciación y Las señoritas de Tongres.

“Delvaux inventó un mundo insólito que se ha liberado de las reglas de la lógica universal”, cuenta Laura Feve. De ahí, que en la exposición se insista en la atmósfera poética y misteriosa tan particular, para elevarle como un pintor independiente cuyo tema más atractivo es él mismo y sus preocupaciones. “Delvaux supo crear un lenguaje totalmente personal en un registro onírico-poético, entre el clasicismo y la modernidad, entre el sueño y la realidad”. 

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios