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Libertad de expresión contra alta velocidad
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Erri de Luca se enfrenta a cinco años de cárcel

Libertad de expresión contra alta velocidad

El autor declaró hace dos años que las obras del tren de alta velocidad que atraviesan los Alpes debían ser saboteadas. En el libro 'La palabra contraria' habla del compromiso del escritor

Foto: La editorial Seix Barral publica 'La palabra contraria', del escritor italiano Erri de Luca. (Efe)
La editorial Seix Barral publica 'La palabra contraria', del escritor italiano Erri de Luca. (Efe)

Hay dos o tres cosas que hay que saber sobre Erri de Luca (Nápoles, 1950): después de su primer beso entendió todos los libros que había leído antes. Dos, tiene “manos de paleto”, o sea, pura dignidad laboral. Y tres, gracias a los gases lacrimógenos que tragó a los dieciocho recuperó “la cólera del niño”. Italia hervía a fuego lento y él alimentaba la lumbre, era parte de una generación derrotada, “la más encarcelada de la historia del país”.

“Podía tragármelas, esas lágrimas, junto a los botes humeantes del gas que disparaban contra nosotros. Los recogía ardiendo con un guante y los lanzaba contra las tropas. Nos convertíamos en muchos, se reducía la importancia del uno mimo. Conocí entonces el peso y la amplitud del pronombre nosotros”, cuenta en el libro Los peces no cierran los ojos (Seix Barral).

“Si mi opinión es un delito, no voy a dejar de cometerlo”

Antes de explicarles cómo ha podido llegar a los tribunales italianos, donde defiende su libertad de expresión para evitar cinco años de cárcel, es importante descubrir su pasado militante en Lotta Continua –grupo comunista de acción directa contra la Democracia Cristiana de Andreotti-, porque es esa sombra la que casi cinco décadas después le empuja al interior de una celda.

“He sido objeto de una demanda por parte de la empresa francesa LTF, constructora de la línea del tren de alta velocidad (TAV) Turín-Lyon, por haber declarado públicamente que dichas obras han de ser saboteadas. El Tribunal de Turín admitió a trámite la denuncia y seré procesado por incitación a la violencia. Me arriesgo a una pena de uno a cinco años de prisión”, explica el escritor italiano en el libro que hoy llega a las librerías españolas, La palabra contraria (Seix Barral).

Es procesado, como él mismo dice, por ejercer su derecho a la palabra contraria. “Si mi opinión es un delito, no voy a dejar de cometerlo”. La empresa francesa actúa en estos momentos un valle de los Alpes italianos, horadando una montaña atiborrada de amianto. El riesgo mortal en el que se ha puesto a la población le hizo alzar la voz en una entrevista con The Huffington Post en su versión italiana, en septiembre de 2013, donde lanzó un llamamiento a la insurrección y al sabotaje del proyecto.

placeholder Protestas contra el tren de alta velocidad en Turín. (EFE)

Hace una semana, sentado en el banquillo de los acusados, reivindicó, tal y como informaba AFP, su derecho a levantarse: “El verbosabotear es noble. HastaGandhilo empleó”. Tanto el fiscal como el abogado de la empresacuestionan la impunidad de la opinión. Por un lado, quieren esquivar el derecho del autor a la libertad de expresión –terreno en el que lo tienen todo perdido- y, por otro, señalan que“los delitos se cometen tanto con la palabra como con los actos”. Por su parte, el abogado defensor de Erri de Luca explica que el proceso se abre por lo que su defendido fue y pensaba a los 18 años. “Este es un juicio contra la libertad de expresión”, dijo. Aí lo ha entendido el juez.

Aprendió de Don Quijote que nada es lo que parece, que “la evidencia es un error, por todas partes hay un doble fondo y una sombra”. En este caso, el trampantojo es el progreso. En La palabra contraria cuenta su experiencia a lo largo de estos años, esposado por aquel entrecomillado: “A un escritor le toca en suerte una pequeña voz pública. Puede usarla para contribuir a algo más que a la promoción de sus obras. Su ámbito es la palabra, de modo que le corresponde la tarea de proteger el derecho de todos a expresar la suya propia”.

Erri de Luca es un escritor sin ciudades, ama los Dolomitas y suda camisetas para liberarse de sus problemas. Es un ser pacífico por naturaleza hasta que le tocan las desigualdades. Confía más en los sustantivos que en los adjetivos, es un escritor obsesionado por la eficacia de la historia y la exactitud del lenguaje sencillo y pulcro. Uno de los pocos autores de presencia atronadora y serena. Aquellos 15 años en los que militó en la izquierda revolucionaria, donde dice haberse formado como persona, quedan lejos. Cree en lo escrito –“La palabra dicha es pura mentira”-, por eso nos quedamos con esta frase del libro: “No tengo la intención de defenderme, sino de atacar”. Un escritor sin efectos especiales.

Hay dos o tres cosas que hay que saber sobre Erri de Luca (Nápoles, 1950): después de su primer beso entendió todos los libros que había leído antes. Dos, tiene “manos de paleto”, o sea, pura dignidad laboral. Y tres, gracias a los gases lacrimógenos que tragó a los dieciocho recuperó “la cólera del niño”. Italia hervía a fuego lento y él alimentaba la lumbre, era parte de una generación derrotada, “la más encarcelada de la historia del país”.

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