'Invisible Inmigrants': operación rescate

Boinas en Nueva York, el álbum familiar de la emigración española en los EEUU

Cuatro millones de españoles que emigraron a los EEUU, entre finales del siglo XIX y mediados del XX. Este libro rescata la memoria de una historia olvidada y anónima

Foto: Gira campestre de mayo de 1937 para beneficio de las viudas y huérfanos de la guerra civil española.
Gira campestre de mayo de 1937 para beneficio de las viudas y huérfanos de la guerra civil española.

Una fotografía rota, arañada y doblada confirma que la historia es algo que hacemos todos, porque somos producto de nuestra propia historia. ¿Cómo he llegado a ser quién soy? ¿Quiénes eran mis padres? ¿Mis abuelos? La historia de los grandes caracteres está cosida por vidas tan insignificantes como una foto carcomida y olvidada en una caja de zapatos. Relatos tan mínimos que la verdad podría pasar por la invención de un escritor urdiendo vidas.

“Estuve en una de las varias playas que tiene Nueva York, y es cuatro o cinco veces la de San Lorenzo. ¡Cómo alegran las playas estas americanitas! Ríen, saltan, charlan con gracia, sin mohines aliñados. En fin, las americanas no son como las pintan. Tienen sal, alegres y reidoras, cual pudiera serlo una mujer española, ahora que no tienen tanta alma como las nuestras”, escribe el emigran Sixto Fernández a su hermana Florentina, el 24 de junio de 1919. La carta está incluida, junto con más de 300 fotos y testimonios, en el libro Invisible Inmigrants, de Luis Argeo y James D. Fernández, que rescata la memoria de cuatro millones de españoles que emigraron a los EEUU, entre finales del siglo XIX y mediados del XX.

Luis Argeo y James D. Fernández han rescatado más de 7.000 imágenes de los familiares que emigraron a finales del siglo XIX

Cartas y fotografías, testimonios de esos cachitos de realidad pasada que se arriman a la actualidad para demostrar lo que leímos a la historiadora Margaret MacMillan, en Usos y abusos de la historia (Ariel), que la historia “yace debajo del presente, dando forma silenciosamente a nuestras instituciones, nuestra manera de pensar, nuestros gustos y aversiones”. La historia no está muerta ni congelada, late en los álbumes familiares que Argeo y Fernández han rescatado al otro lado del Atlántico a lo largo de los últimos diez años, para trazar un arco narrativo olvidado que arranca en la llegada y acaba con la asimilación.
 

En todo este tiempo han archivado cerca de 7.000 fotografías personales de los que, como Colón, cruzaron el charco en busca de progreso. Huían de la España negra, deprimida y ruin. Titular del New York Times, 14 de febrero de 1906: “La hambruna en España se agrava. Hordas de desempleados saquean en el sur”. Los autores del libro explican que “en una época de gran convulsión, entre millones de europeos llegando a los Estados Unidos, los españoles apenas eran una gota en el océano”. Un relato tan pasado como actual. “Llegaron y se esparcieron por todo el país en busca de oportunidades y trabajo. Juntos rieron y lloraron, juntos amaron…” Y allí se quedaron.

Usamos la historia, cuando lo hacemos, para comprendernos y para comprender a los demás, “si la gente puede retroceder un poco y observar sus propias historias con una perspectiva más amplia, verá que es el producto no sólo de individuos particulares, sino de sociedades y culturas enteras”, cuenta MacMillan.

Eso es Invisible Inmigrants, una máquina del tiempo que viaja en los pies de las fotos de las historias de los pequeños caracteres. En una vemos a Juan y su familia retratados en un estudio fotográfico, unos días antes de acercarse a Gibraltar, donde se embarcaron en el vapor Orteric, rumbo a las islas de Hawái. En otra aparece Joaquín, con la camisa blanca, llegaría a EEUU en octubre de 1915. Pablo es el de la americana de color claro, emigró un mes después. Los dos acabaron en Virginia Occidental. Ese de ahí es Emilio Signes Monfort, de Gata de Gorgos (Alicante), tiene 17 años recién cumplidos y viaja solo a EEUU porque no quiere pasar el resto de sus días cosechando aceitunas.

Otro titular del NY Times, el 21 de marzo de 1911: “La lengua vasca paraliza a los inspectores [de la Isla Ellis]. Agentes de inmigración no son capaces de descifrar ni una palabra de la arcaica lengua. Se produce un atasco de varias horas”. El del centro, con boina, es Adolfo Losada, llegó a los EEUU en 1926 y trabajó de fogonero para una planta eléctrica de Newark. Aquí aparece Hermina Guerra, en 1917, delante de la tienda de ropa de su primo Antonio Outeda, en la esquina de Roosevelt y Water, Lower East Side, NY.

En esta foto está retratado el equipo técnico y artístico reunido en el vigésimo aniversario del estreno de la primera película española rodada en EEUU, El pobre Valbuena (1917), dirigida por el asturiano Manuel Noriega –es el de la pajarita y puro en la mano- y fue rodada en Biograph Studios en el Bronx. Y la vida del gallego José María Vázquez, un empleado de la tienda de ropa ‘la iberia’, en Brooklyn, esta imagen es de antes de comprar el negocio y trasladarlo a la Calle 14 Oeste, donde durante décadas fue uno de los comercios más importantes de la arteria principal de Little Spain de Nueva York.

Los autores han autoeditado el libro gracias al crowdfunding: recaudaron en un mes 45.000 dólares, aunque necesitaban 35.000

El libro empezará a distribuirse en un par de semanas, sólo a partir del momento en que el barco que lo transporta atraque en su destino, los EEUU, donde reside la mayoría de los mecenas que han hecho posible la publicación de este magnífico libro y autoeditado. Los autores recaudaron en un mes 45.000 dólares, aunque necesitaban 35.000. “No queríamos mercantilizar la historia que cuenta el libro. Por eso no se lo dimos a una gran editorial y convertirlo en un número más de un catálogo. No nos parecía respetuoso”, cuenta Argeo a este periódico.

Cree que este libro no podría haberse hecho así en una gran editorial, “porque hay en él un valor más allá del comercial”. De hecho, no es más que la primera parte del proyecto: un archivo de la migración española a los EEUU, con películas, entrevistas, documentos y fotografías. “No es un libro, es el relato de una historia colectiva olvidada”. La edición es casi de coleccionista, con una tirada única de 1.500 ejemplares.

Guitarra, ukelele y banjo. España, Hawái y California (Monterey): la odisea de una familia interpretada por tres instrumentos de cuerda.
Guitarra, ukelele y banjo. España, Hawái y California (Monterey): la odisea de una familia interpretada por tres instrumentos de cuerda.

Es una iniciativa privada, sin el apoyo de las instituciones públicas, que trata de aclarar un episodio borroso de nuestro pasado. “Nos han negado subvenciones porque veían muchas banderas republicanas hondeando en las fotos y en las películas. Se asustaron. Los políticos llevan a un terreno político contemporáneo y no entienden el lado histórico”, explica Argeo sobre el temor partidista a ser tachados de pro republicanos.

Lo cierto es que muchos de los emigrantes no pudieron regresar tras la guerra civil y renegaron de su sueño por la persecución comunista en su tierra de acogida. “De nuevo, tuvieron que volverse invisibles”. Argeo y Fernández, en sus encuentros puerta a puerta, tuvieron que explicar a los herederos en qué consistió la batalla y qué significaba esa bandera a la que apreciaban. “Les cambiábamos el relato familiar durante la cena”.

Hoy, cuando ya nadie cree en los héroes, la historia rescata dos nonagenarios en Tampa, que durante su vida se han dedicado a recopilar apodos y motes de la comunidad española que vivió allí. Tienen cerca de 1.200 y una minúscula historia que mantener.   

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