El musculado mesías del soul ha vuelto (y tampoco hacía falta)
  1. Cultura
Reseña de ‘Black Messiah’, de D´Angelo

El musculado mesías del soul ha vuelto (y tampoco hacía falta)

D'Angelo, rey del neo soul, saca disco tras catorce años de silencio

placeholder Foto: D'Angelo durante su última gira europea (EFE)
D'Angelo durante su última gira europea (EFE)

Catorce años, que se dice pronto. Catorce añazos con sus catorce primaverazas han transcurrido desde el lanzamiento en 2000 de Voodoo, segundo ejercicio en formato larga duración del artífice del Neo R&B, divo del Neo Soul y protagonista de esta reseña, el fornidito (además de cantante, productor, compositor y multiinstrumentista) D'Angelo.

Que qué demonios es “Neo R&B” y qué es “Neo Soul”, pues si alguien lo tiene claro, que me lo explique. Quizá el R&B sea más abierto y beba de diversas fuentes como el hip-hop, el funk o el jazz y el Soul sea la variante más jonda, se me ocurre. En todo caso es bastante flipante que este titanazo nacido hace cuarenta años en Richmond, Virginia, sea considerado algo así como un elegido por algunos sectores puretas o entendidos de esos, ya que ambos estilos son apabullantemente ricos.

Para poner un poco en contexto la barbaridad de tiempo que suponen catorce años en términos musicales, en el año 2000 los referentes que actualmente manejamos cuando hablamos de R&B y Soul, o estaban jugando al parchís (Frank Ocean tenía unos trece años) o estaban a punto de comenzar su carrera musical (Amy Winehouse tardaría aún tres años de debutar con Frank. Pharrell Williams se estrenaba como productor en 2000). Así que, lo primero que podríamos decir sobre D'Angelo es ¿Quién es este tío?.

El origen del mito

Resulta que, mirando las fotitos que aparecen al buscarlo en Gúgol, es un caballero de desnudo y musculado torso (una especie de A$AP Rocky anabolizado). Resulta también que en 1995 debutó con un álbum, Brown Sugar, que hoy es considerado como una especie de piedra angular del Nuevo Soul, Nuevo R&B y todas estas etiquetas en las que hoy podrían encajar desde superdotaditos como Pharrell a idolazos como Ocean, Beyoncé o la diosa (muy metida aquí con calzador) FKA Twigs. Pero claro, en 1995 el panorama era diferente y Soul lo que viene siendo Soul pues era Prince y tres o cuatro cositas más. De hecho, los artistas que dieron forma y nombre a esto del Neo Soul junto a D'Angelo fueron Maxwell, Erykah Badu y Lauryn Hill. Pues no ha llovido ni nada.

En cuanto al R&B, los noventa fueron una época dorada a la que debemos el lujo y esplendor actual. Productores como Babyface o Terry Riley acuñaron el New Jack Swing que fue un pepino comercial con grupos como TLC y toda una suerte de boy bands rollo New Kids On The Block que te la rimaban con gran armonía, te lo bailaban y no dejaban braga seca.

El disco de marras se titula Black Messiah, con bien ahí de alharaca por si catorce años de silencio y un año de expectación no eran suficientes para crear el hype.

Todo el mundo ya muy loco en este punto. ¿Será una especie de Kanye y éste un Yeezus?, ¿Será una sacada de chorra tipo la mixtape de Killer Mike y su God Complex?. ¿Qué será, será?. Pues un tostón.

Hete aquí que, tal y como habían comentado en una nota de prensa lanzada en algún momento de este largo “parto”, el título del disco poco o nada tiene que ver con la temática de las canciones, a saber: con un sonido muy jazz/funky sorprendentemente contenido, oh, resulta ser un disco con temas ciertamente intimistas y románticos.

Es decir, poco o nada de religión (bueno, en Prayer tenemos una plegaria como de andar por casa) o de política como el título podría hacernos suponer, que al parecer alude a un rollo humanista de unión de los pueblos o una vaina similar. ¿Ein?

Los doce cortes, en definitiva, adolecen un poco en conjunto de esta falta como de coherencia, fruto quizá de una gestación demasiado prolongada. Los arreglos y colaboraciones (Pino Palladino al bajo, Questlove de The Roots a la batería) eso sí, brillantes. Arreglos que incluso resultan ya excesivos, como en Really Love, donde las secciones de cuerda (¿Suena un harpa?), los riffs de guitarra española y un sampleado realmente horroroso de una voz hablando en castellano producen, cómo decirlo suavemente, un efecto un poco LOL. Para compensar hay momentos muy golosos como el acidito Sugah Daddy (con el legendario Palladino sonando a gloria), el muy funky 1000 Deaths, o la pequeña exquisitez que es Betray My Heart.

Quizá por todo esto tan locáter al final me invade un poco la sensación de que ME ESTÁ DANDO UN POCO IGUAL LO QUE ESTOY ESCUCHANDO, francamente. Una movida tan pretendidamente virtuosa como insustancial y, lo que es peor, bastante soporífera. Me he aburrido un poco, D'Angelo. Las cosas como son.

Señor con maletín

Detrás de toda gran historia hay otra que merece ser contada

Conoce en profundidad las 20 exclusivas que han convertido a El Confidencial en el periódico más influyente.
Saber más
Música
El redactor recomienda