Andrés Trapiello: “Obligar a leer 'El Quijote' en los colegios es un disparate”
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habla el autor de 'el final de sancho panza'

Andrés Trapiello: “Obligar a leer 'El Quijote' en los colegios es un disparate”

El escritor leonés publica otra novela sobre el destino de Sancho Panza y el resto de secundarios de la obra icónica de Cervantes

Foto: El escritor Andrés Trapiello (EFE)
El escritor Andrés Trapiello (EFE)

La idea de escribir una continuación de Don Quijote podría parecer disparatada a primera vista. Pero algo así es lo que hizo en 2004 Andrés Trapiello (León, 1953), y salió airoso: Al morir don Quijote, donde fantaseaba con el destino de Sancho Panza y otros secundarios de la obra de Cervantes, se hizo con el Prix Littéraire Européen y es el gran best-seller de Trapiello hasta la fecha.

Ahora, diez años después, el escritor leonés vuelve a la carga con El final de Sancho Panza y otras suertes (Destino). ¿Novedades? Los personajes han cruzado el charco: Sancho Panza y compañía hacen las Américas. Para analizar las claves de tamaña aventura, Trapiello recibe a la prensa en el interior de la Torre de Oro sevillana.

Una advertencia personal antes de arrancar. De pequeño me obligaron a leer ‘El Quijote’ en el colegio. Entero, dos veces, en alto, un párrafo por niño. Tardamos varios meses en acabarlo. Resumiendo: le tengo bastante manía al libro desde entonces. ¿Tengo motivos para estar traumatizado?

¿Por qué España no adapta ‘El Quijote’ a una lengua viva? ¿Nos da miedo alterar el texto sagrado?

Seguramente. Eso es.

¿Es ‘Don Quijote’ una novela cómica? ¿No es extraño que siendo el libro fundacional de nuestra literatura su tradición cómica sea ahora marginal?

¿Hemos relegado a Cervantes por ser excesivamente gracioso?

En España hay dos tradiciones humorísticas diferentes. El humor de Cervantes, solidario con el débil. Y el de Quevedo, que no lo es. La literatura cervantina es compasiva, misericordiosa, trata de ver el sustrato de bondad de los seres humanos. Cuando uno lee a Quevedo se cree peor de lo que es por su manera de ahondar en los bajos instintos. Cervantes idealiza y Quevedo caricaturiza.

Alguna vez ha dicho que la “mirada limpia” de Cervantes es muy poco española…

¿Ha cambiado nuestra mirada sobre Sancho Panza con el paso de los siglos?

Siempre ha sido parecida. Sancho parece una persona simple, pero no lo es en absoluto. Es aquel que es capaz de ver al emperador desnudo. Es un idealista, pero también un realista, al llamar a las cosas por su nombre. Cuando todo el mundo habla maravillas del traje del emperador, llega Sancho, que ama la verdad y la realidad, y dice que está desnudo. Eso le acarreará muchísimos inconvenientes. Ser políticamente molesto, que es lo que es Sancho, forma parte del idealismo quijotesco. Por eso nos gusta tanto Sancho.

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