el nuevo premio planeta

Jorge Zepeda: “Las novelas escandinavas son muebles IKEA: eficaces y eficientes”

Ha pasado de ser un novelista primerizo a Premio Planeta en su segundo libro, 'Milena o el fémur más bello del mundo'. Carrera meteórica.

Foto: El escritor mexicano Jorge Zepeda, ganador del Premio Planeta 2014, con 'Milena o el fémur más bello del mundo'. (EFE)
El escritor mexicano Jorge Zepeda, ganador del Premio Planeta 2014, con 'Milena o el fémur más bello del mundo'. (EFE)
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Ha pasado de ser un novelista primerizo a Premio Planeta en su segundo libro. Carrera meteórica. Aunque había publicado ya seis títulos de crónicas periodísticas. “Era una pluma más o menos conocida en México”, dice Jorge Zepeda Patterson. Tiene entrevistas hasta en la hora de comer. Gambas a la plancha y cabracho compartido. Le ha tocado pasar por la televisión para contar que Letizia fue becaria suya, otra vez. Tiene más de medio centenar de encuentros con la prensa para hablar de Milena o el fémur más bello del mundo. En la promoción más avasalladora del año, lo que menos importa es el libro, que llega un día antes de las entrevistas a las redacciones. Lo importante es el Premio.

Jorge Zepeda asegura que la noche del Premio Planeta sudó hasta el último minuto, porque 'estás dudándolo hasta el último instante'

Hay claves inéditas en el nuevo afortunado por la estrategia de la empresa editora: para empezar, Jorge Zepeda ¿Quién? Para vender 200.000 ejemplares y dejar los 600.000 euros del premio en calderilla, Planeta había recurrido hasta el momento a nombres y apellidos notables, reconocibles, celebridades que coleccionar en la estantería. Dos, la novela no pretende ser amable, ni edulcorada, aunque es un thriller sobre la corrupción, que cae en un país en el que el consumidor está muy sensibilizado con estos asuntos. Tres, Planeta necesita refuerzo en América Latina, sobre todo en México, ahora que Penguin Random House se ha quedado con Alfaguara para hacerse con el mercado del español.

Figura en México

Precisamente, cuenta Zepeda que cuando terminó su primera novela, Los corruptores, alguien de su entorno mostró el manuscrito a la editorial Alfaguara, que hizo una oferta muy alta por quedarse con sus derechos. Para superar la cantidad puesta sobre la mesa, la filial mexicana de Planeta tuvo que involucrar a la sede española. Al final, el sello Destino se hizo con el libro, que publicó ahora hace un año. “No fue un best seller, pero tuvo buena recepción crítica. En América Latina se ha vendido muy bien”, cuenta el autor.

“Esta segunda la propuse al Premio confiado en la suerte. Es como lanzar una botella al mar. Empecé a recibir señales diez días antes del premio. La mía fue una de las diez novelas que pasan la criba. Hay una primera calificación del jurado y esto le permite a Planeta saber que se resolverá entre tres o cuatro de ellas. Así se aseguran que estén todos los candidatos en la noche de la decisión. A mí me llamaron de Planeta para asegurarse de que viajaría de México a España y estaría en la cena”, Zepeda se esfuerza por explicar la imparcialidad del premio. “Yo te puedo decir que sudé hasta el último minuto. Estás dudándolo hasta el último instante”.

Pilar Eyre, finalista del Premio Planeta, junto a Jorge Zepeda. (EFE)
Pilar Eyre, finalista del Premio Planeta, junto a Jorge Zepeda. (EFE)

El autor cuenta que comió hace unos días con libreros españoles y le confirmaron que hay un regreso de la novela negra. Están contentos porque creen que ese motivo les ayudará a vender muchos más libros. Las modas son la grasa de la máquina. “Parece que ahora, quizá por lo que está viviendo España, se lleva la novela realista contemporánea”. En España tiene sentido, pero ¿en América Latina? “No sé si hay una intención tan fría que pueda precisarse. Ahí yo estoy a oscuras. No sé si hay guiños en Planeta a América Latina con esta novela, pero conocí al jurado y mostró un conocimiento de la obra muy claro. Hay un proceso de deliberación y la finalista no es nada mala”, cuenta Jorge Zepeda.   

La sombra de Larsson

Milena, la protagonista de la novela, es secuestrada a los 16 años y vendida, en un centro de mercado de mujeres para que se prostituya en Marbella. Milena trata de escapar y, mientras, va acumulando sus secretos en una libreta negra, donde apunta las justificaciones de los hombres que acuden a ella. Este recurso le permite a Zepeda dar cuenta de las bambalinas de la versión descarnada de la esclavitud de la mujer. Son fichas de sus clientes. Esta es la parte que más aprecia Zepeda de su obra, porque “ridiculizan las razones por las que los hombres prostituyen a las mujeres”.

Al autor le parece que a las novelas escandinavas les faltan los olores, no hay música, los personajes comen sándwiches y café frío, el sexo o es muy violento o es como lavarse los dientes y no hay sentido del humor ni erotismo

¿Qué le parece la etiqueta del Stieg Larsson mexicano? “Hay algo en el sentido en que los dos somos periodistas y en la consideración de las mujeres como víctimas. Veo muy bien que me comparen con Larsson, porque ha tenido un éxito mundial. Pero veo las novelas escandinavas como muebles IKEA: muy eficaces y eficientes. Pero les faltan los olores, no hay música, los personajes comen sándwiches y café frío, el sexo o es muy violento o es como lavarse los dientes y no hay sentido del humor ni erotismo”. Prefiere verse como un Larsson renovado, como uno latinomediterráneo, en cuyas historias aparecen relaciones entre hombres y “mujeres muy cachondas”.  

Un periodista de raza en las aguas de la ficción. ¿Es que el periodismo necesita libro para ser libre? ¿Es que no tiene el lector suficiente realidad con el periódico? No. “Porque los periódicos retratan la realidad en blanco y negro”, contesta con tino el autor. En los periódicos, continua, no ves al tipo que usa las tarjetas negras mirarse al espejo y decir: “Qué corrupto soy”. Quizá eso sólo ocurra en las novelas. Lo que le interesa es recrear la normalización de la mala práctica de la corrupción y la canallada. Meterse en la piel de “los estafadores de la cosa pública, que ya son de la Cosa Nostra”.

¿Y no teme que su libro sea crítico con la corrupción de los otros y condescendiente con la propia? “Desde luego, todos queremos acabar con la corrupción, pero cuando se habla de nuestra pequeña esquinita de impunidad, esa que no la toquen”. Por eso espera que Milena no se convierta en un bálsamo tranquilizante. Aunque tampoco en un ejercicio político, porque “las malas novelas son aquellas donde el discurso político y social se impone a la lógica de una historia bien contada”. Así que la novela es hija de su tiempo, crece al calor del contexto social. “Por supuesto. La novela no se da en un vacío y el escritor forma parte de ese contexto”. 

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