Mafalda no usa tarjetas B
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quino recibe el viernes el príncipe de asturias

Mafalda no usa tarjetas B

“¿Limpio todos los países o sólo los que tienen malos gobiernos?”. Mafalda pregunta a su madre con un plumero en la mano. El globo terráqueo asoma

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“¿Limpio todos los países o sólo los que tienen malos gobiernos?”, pregunta Mafalda a su madre con un plumero en la mano. El globo terráqueo asoma por la viñeta y Quino disfruta con su especialidad: la pregunta. Cuestiones que quedan en el aire, preguntas sin resolver. Porque lo incómodo no es el interrogatorio, sino las respuestas. El compromiso está en la solución. Los adultos no tienen respuestas para la lógica infantil que desenmaraña el pequeño mundo de la niña argentina a golpe de cuestionario. “Siempre me he considerado un periodista que dibuja”, ha dicho hoy Quino en Oviedo, donde el viernes recoge el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Un periodista siempre pregunta, responder le cuesta más.

Quino, Joaquín Salvador Lavado (Mendoza, Argentina, 1932), espera “que los niños de hoy no sean los corruptos de mañana, un fenómeno de la humanidad que nadie sabe cómo manejar”. Dejó de dibujar a la pequeña en 1973, pero no envejece porque, asegura, “las cosas están tan mal o peor”. El jurado del premio sentenció en su día que el personaje creado por el dibujante argentino “percibe la complejidad del mundo desde la sencillez de los ojos infantiles” y sueña con cambiarlo por uno “más digno, justo y respetuoso con los Derechos Humanos”. Mafalda no sólo pregunta, también dispara aforismos: “Si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno”.

“Era importante que hablase de la relación del poder”, explica Manel Fontdevilla, el humorista gráfico más irónico y satírico con la actualidad política y social española, ejerciendo desde Orgullo y Satisfacción. Pero, curiosamente, no es el fondo lo que más destaca este dibujante, sino haber logrado una serie coral perfecta y que todos los niños (Mafalda, Susanita, Manolito, Miguelito y Felipe) participen y resuelvan un conflicto en apenas tres viñetas.

Mensajes muy masticados

“A los 12 años me gustaba muchísimo, porque para mí fue el primer dibujante que funcionaba como narrador y muy potente en sus silencios”, añade Fontdevilla. Lo que menos le gusta, ahora, con tantas relecturas encima, es que le resulta un poco obvia. “Cuando el mensaje viene muy masticado se hace más antipático”. Y desvela un secreto: puede recitar diálogos enteros de Mafalda, pero sólo en privado.

Quino explicó de aquella niña que nació para un anuncio que nunca vio la luz y que ya ha sido traducida a más de 30 idiomas, será más promocionada todavía –quizá, entre las nuevas generaciones– y ahí su republicanismo no entra en contradicción con el premio. Dice el dibujante que la Monarquía española ha aportado mucho a la democracia del país, en referencia al 23-F: "Hablo del tejerazo". Y siguió alabando a don Felipe y doña Letizia, porque "van a contribuir a que esto siga adelante lo mejor posible".

“Siempre me pareció un adulto en el cuerpo de una niña”, sentencia el dibujante Pepe Medina para resumir esa voz que lo cuestiona todo y que tan lejana a la infancia le parece. Le interesa más el trabajo mudo de Quino, el dibujo que sólo se define con dibujo. En este aspecto coincide con Javier Olivares, coautor de Las meninas (Astiberri), al que le llama la atención cómo en estas historietas todo se adivinaba en silencio. Sin embargo, Mafalda le parece una obra profundamente inteligente. Tiene muy presente aquellos cuadernillos publicados por Lumen en los setenta siempre cerca. “No podías dejar de leerlos. Son chistes que te acompañarán toda la vida”.

Olivares valora la capacidad que tiene Quino para conseguir en una sola página un efecto. Como Fontdevilla habla de la viñeta del silencio. “Es un maestro contando en tres viñetas una historia universal. El formato de tira es muy complicado, porque tienes que ir a lo básico para resolver el planteamiento-nudo-desenlace”. Mauro Entrialgo es uno de los dibujantes españoles más asiduos a la tira y reconoce que la obra de Quino “supuso la prueba de que podía realizarse una tira diaria de humor no estadounidense, de calidad, que fuera al mismo tiempo muy popular internacionalmente”.Entrialgo señala la definición precisa de unos personajes inolvidables, los escenarios y los diálogos muy cuidados, como las claves del éxito de la obra. “Y un estilo de dibujo personalísimo”.

El Velázquez del humor gráfico

Otro de los dibujantes tocados por la gracia de Quino es Eneko, uno de los autores más acertados de la prensa diaria (en 20 Minutos), al que le llama la atención la vigencia que mantiene Mafalda. Reconoce que cuando empezó a dibujar, Quino no era de sus autores favoritos: “Pero con el tiempo cada vez le apreciaba más. Es la línea clásica del humor, como un Velázquez o un Goya del humor gráfico”, dice. “Logra hablar de los grandes problemas con un lenguaje muy sencillo”, y asegura que desvela a un dibujante humanista, preocupado por el ser humano, que no hace caricaturas sobre el poderoso del momento, sino un humor sobre la esencia del poder. “Por eso no pierde vigencia”.

Compañero de Fontdevilla en Orgullo y satisfacción, Albert Monteys explica que Quino es artífice de un universo muy local y universal y que Mafalda no es tan adulta como parece, porque no entiende el mundo de los adultos y porque no quiere claudicar ante las incoherencias de estos. “De sus tiras me interesa mucho, más que la actualidad de las referencias, el fondo filosófico que ha quedado. Lo bueno de Quino es que cada viñeta da para pequeñas tesis”.

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