Morrissey: Narciso en decadencia
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un recital mediocre del ídolo pop

Morrissey: Narciso en decadencia

Estamos ante un narciso al que le causa repugnancia la mediocridad del sistema político y llama a la abstención en vez de a la participación

placeholder Foto: Concierto de Morrissey en Madrid, presentando álbum 'World Peace Is None Os Your Business'. (EFE)
Concierto de Morrissey en Madrid, presentando álbum 'World Peace Is None Os Your Business'. (EFE)

Palacio de los Deportes. Nueve y media de la noche. El recinto se ha adaptado para reducir su capacidad a la mitad, por escasez de venta en las entradas. Solamente acudieron 4.800 personas de las 15.000 posibles. Los devotos de Morrissey pagaron 56 euros por ver a su ídolo, pero no tienen derecho a asiento, ya que esas zonas están inhabilitadas y escondidas con un telón para ahorrarse el pago de más agentes de seguridad. El ambiente está animado y ayudan las pantallas, que muestran vídeos de los ídolos culturales de Morrissey: Allen Ginsberg, James Cagney, Ben Gazzara, un joven Charles Aznavour…De repente, el cantante británico salta a escena, respaldado por su banda de rock clásico, que ejecutan un saludo de grupo, los unos unos mirando a los otros.Morrissey rebosa energía y anuncia: "Madrid, tengo muy buenas noticias para vosotros". De fondo, los acordes de The Queen Is Dead, la reina ha muerto, el himno antimonárquico de The Smiths. Los móviles se llenan de chistes sobre si Letizia Ortiz habrá acudido al concierto. "Lo mismo le ha librado que no puede salir de juerga por lo lo del ébola", se malicia un asistente. The Queen Is Dead, por cierto, es la mejor canción del concierto, desde ahí toda va cuesta abajo, con una sola remontada y algún destello aislado de vida.

Repertorio ramplón

¿Cuál fue el otro gran momento de la noche? A tres cuartos del recital, llega la radiante Everyday Is Like Sunday, una canción melancólica pero que se las arregla para transmitir ganas de vivir. La letra explica el agobio de estar atrapado en una aburrida ciudad costera británica, sin posibilidades de explorar el mundo.El Palacio de los Deportes despierta, sacudiéndose de golpe la modorra que contagian lascanciones del último álbum de Morrissey, World Peace Is None Of Your Business. Hablamos de un disco previsible y ramplón, sólo animado por unas letras más explícitamente políticas. Suenan como alegatos antisistema, pero no necesariamente desde la izquierda, recordemos que Morrissey es simpatizante de Ukip, el partido xenófobo de extrema derecha británica. Más bien estamos ante un narciso al que le causa repugnancia la mediocridad del sistema político y llama a la abstención en vez de a la participación. Sumergido en plena decadencia artística, Morrissey parece incapaz de darse cuenta de que sus nuevas composiciones no le llegan a la suela del zapato a las antiguas. Todo un desperdicio, ya que su voz sí que sigue en forma, con un tono robusto y encanto crepuscular.

Oda al suicidio

Cerró con How Soon is Now?, otra joya del catálogo de los Smiths, que no alcanzó el voltaje necesario. Quizá llevábamos ya sobre los oídos demasiadas canciones reguleras para apreciarla. Escuchar música del montón acaba por cansar. Abrió el bis con Asleep, otra pieza de su antiguo grupo. Aquí llegó el momento más disfuncional de la noche, con gran parte del público traraeando con entusiasmo una canción que glamuriza el suicidio. Corear algo así rodeado de amigos y con un mini de cerveza en la mano es una estampa para que estudien los psicólogos. En gran parte del recital, Morrissey parece un artista de cabaré, un imitador de sí mismo, refugiado en su personaje excéntrico, estirado y misántropo. El punto máximo de pasión llega con los himnos de defensa de los animales como Meat Is Murdero The Bullfighter Dies. Por cierto, no hubo recuerdo ni dedicatoria para Excalibur, el perro sacrificado, como muchos esperaban…Tampoco apareció el "artista invitado" que anunció la organización y que se canceló a última hora…

Divo derechista

Morrissey es ya personaje más que cantante. Su biografía despierta mucho más interés y ventas que sus discos o sus giras. Vive encerrado en un mundo de hoteles de cinco estrellas y mansiones de lujo (en Los Ángeles compró una que se construyó Clark Gable). Es cierto que ahora escribe sobre protestas populares por todo el mundo, pero parece un retrato hecho viendo la CNN desde la suite de su hotel. Más que apoyar un cambio social, parece el señorito encantado de echarles en cara a los políticos lo mediocres que son en su trabajo. Mirando hacia el futuro, parece improbable que Morrissey recupere la chispa de los Smiths, ni siquiera la de sus primeros discos en solitario o la del elegante Vauxhall & I(1994). Resulta mucho más fácil imaginárselo como una Brigitte Bardot británica, luchando por los derechos animales y apoyando la extrema derecha como modo de conservar las "esencias históricas" de su país.

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