reforma revolucionaria de la colección

Juan José Lahuerta: "No habrá canon catalán en el Museo Nacional de Arte de Cataluña"

El MNAC cambia. El próximo 25 de septiembre se presenta la esperada nueva lectura de su colección de arte moderno. Su máximo responsable lo avanza

Foto: Juan José Lahuerta, jefe de Colecciones del MNAC, entre Tàpies y el ábside Románico de Taüll. (EC)
Juan José Lahuerta, jefe de Colecciones del MNAC, entre Tàpies y el ábside Románico de Taüll. (EC)

Tiene la trayectoria museográfica e historiográfica más impoluta y dilatada de este país, pero es la primera vez que forma parte de la plantilla de un museo. Hace un año aterrizó, procedente de las aulas neoyorquinas, en el Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC), con el encargo de revitalizar la institución desde su colección.

Fue el primer movimiento que armó Pepe Serra tras ser nombrado director, y así Juan José Lahuerta (Barcelona, 1954) se convirtió en el jefe de Colecciones, es decir, en el cerebro que debía hacer hablar a la institución con el ciudadano. Lahuerta empezó jugando fuerte y colocó dos enormes lienzos de Tàpies en el centro de la joya de la corona, las salas de los ábsides de San Clemente de Taüll, para demostrar un diálogo incuestionable.

Lahuerta proyecta una visión revolucionaria de un siglo de arte, para mostrar la ascensión del artista moderno, en la sociedad burguesa, con artistas españoles, extranjeros y catalanes

Serra y Lahuerta defienden que todo en un museo debe girar en torno a su colección. Precisamente, el próximo 24 de septiembre, el MNAC sufrirá la revolución de una de sus partes más populares pero menos popularizadas: la que abarca del modernismo (Mariano Fortuny) a los años de la posguerra, con una visión rompedora en la que no tienen lugar los impuestos nacionalistas. Para muchos, este giro contundente –que adelanta en este periódico– es una lección de valentía contra lo establecido y contra las últimas lecturas de importantes colecciones de museos de arte contemporáneo.   

PREGUNTA: ¿Es habitual la figura de jefe de Colecciones en los muesos españoles?

RESPUESTA: No. De hecho, en este museo la inauguro yo. Esta es la visión del director del MNAC, Pepe Serra, que gestiona excepcionalmente en todos los sentidos, desde las posibilidades económicas (bajo mínimos en ayuda pública, con 13 millones de euros de presupuesto) a las intelectuales. Para Serra lo importante es la colección del museo.

P.: Y delegar.

R.: Bueno, en un museo tan grande como este, si no delegas, mueres.

P.: Hay museos más grandes sin un cargo como el suyo.

R.: Desde luego. Pero este museo es el único en España que tiene estructura similar a la del Metropolitan de Nueva York, es decir, la colección arranca en el siglo IV a. de C. y acaba en la actualidad. No es una colección sólo de arte moderno.

P.: Hábleme de la reforma de esa parte, ¿cuál es el objetivo de la nueva lectura?

R.: La remodelación abarca desde los años sesenta del XIX hasta los años cincuenta, del siglo XX, con Dau al Set. Es una lectura del artista moderno. Al tiempo, inauguraremos una exposición temporal, titulada Prácticas artísticas en la Cataluña de 1950-1977, que es un avance de cuál será el camino que seguirá ampliando la colección.

P.: ¿No tendrá un orden cronológico?

R.: La colección es extraordinariamente compleja. No se puede abarcar desde las categorías historiográficas habituales, como una narración cronológica. Todo eso desaparece, como tampoco habrá el canon catalán [de momento, esta intención no se ha aplicado a su web]. De repente, desde la propia colección se descubre una enorme cantidad de obras y artistas desconocidos.

Lo importante es mostrar que el arte no ocurre sólo en los grandes altares. Si el arte no tiene sentido en los museos, no tiene ningún sentido

P.: ¿De qué manera se establece el orden?

R.: Lo que estamos proyectando es un recorrido que lo que explica, en estos cien años de historia, es la ascensión del artista moderno en la sociedad burguesa, la sociedad de masas, la sociedad industrial. Tenemos una colección en la que hay muchos artistas españoles, no catalanes solamente, como es lógico. Regoyos, Solana, Zuloaga, etc. Y muchos artistas no españoles, porque la Junta de Museos de Barcelona era bastante moderna y compraba en Londres, en Bruselas, en París o en Viena.

'Born Vell', de Ramón Martí, en 1866.
'Born Vell', de Ramón Martí, en 1866.

P.: Cómo reaccionará el público cuando le cuente la historia del arte a partir del artista?

R.: Entenderá mucho más las cosas, porque esta concepción de la colección es más real. Decir "arte" es una abstracción, pero decir "artista" es hablar de un personaje que es un bohemio, que está en contra de la sociedad burguesa y adocenada y, por otro lado, la burguesía es su principal cliente. Cambia su papel en la sociedad y eso hay que contarlo. 

Soy contrario a la idea de universalidad del museo, en el que encuentras de todo. La auténtica riqueza está en lo que el museo tiene.

P.: Sabe que se acercará al público, pero se alejará de la Academia.

R.: Siempre he estado lejos de la Academia, no es algo que me preocupe. Lo importante es mostrar que el arte no ocurre sólo en los grandes altares. Si el arte no tiene sentido en los museos, no tiene ningún sentido. Esta es la base de la función del intelectual en el museo. Él es el que puede romper con los tópicos para que las cosas se hagan más claras.

P.: ¿Puede poner un ejemplo?

R.: En la sala dedicada a Ramón Casas se mezcla su trabajo como pintor fiel a la burguesía de la sociedad, con su trabajo como cartelista, y también mostraremos la relación de todo eso con lo que se hacía en París. Recrearemos la vida moderna, desde las artes superiores a las artes decorativas. Tenemos una colección de artes decorativas increíble. Enseñaremos el mobiliario donde estaban incluidas esas pinturas de Casas.

'Carmen Bastián', de Mariano Fortuny, en 1872.
'Carmen Bastián', de Mariano Fortuny, en 1872.

P.: Es una recreación de la vida moderna.

R.: Claro, yo quiero insistir mucho en que todo eso forma parte de la colección. No hemos mirado lo que hay y hemos dicho: “No tenemos nada de Cézanne, hay que gastar mil millones de euros”. Sería ridículo porque Cézanne no tiene nada que ver con esta colección. La riqueza extraordinaria de la colección surge de ella misma. Es honestidad.

P.: ¿Alguna ausencia notable más?

R.: En esta colección no hay Cubismo. La misma colección explica las razones históricas de esta ausencia. Mire, mientras que un museo norteamericano se construye sobre las fórmulas de los manuales historiográficos y tiene que tener de todo, un museo como el MNAC, cuya colección se ha hecho desde finales del siglo XIX con las compras del Ayuntamiento de Barcelona y las donaciones, es distinto. Ni uno es mejor que otro.

Los museos que tienen sentido son los que tienen sus cimientos puestos en su colección y en su sociedad. También hay un modelo lejano que sería el Museo del Louvre, que es el resultado de un gran robo por toda Europa de las tropas de Napoleón, para crear un museo universal

P.: Hasta ahora los museos eran entendidos como fuente de información universal.

R.: Soy contrario a la idea de universalidad del museo, en el que encuentras de todo. La auténtica riqueza está en lo que el museo tiene. El proyecto no es contar lo que ha pasado en el mundo, ni lo que ha pasado en España en el último siglo y medio. Estudiaremos bien la colección para saber qué es, de dónde viene, cómo ha surgido y ver cuál es su futuro, completando lo que se pueda.

P.: Entonces, ¿cuál es el objetivo al reformular la colección?

R.: El objetivo de la colección es explicar la colección. Imaginemos que llego aquí y me propongo explicar 150 años de la historia del arte catalán, que no es el caso ni pretendemos que lo sea. Y reviso qué falta, para adquirir y completar. Estaríamos forzando la colección, falseándola. Lo correcto es preguntarse por la colección que tenemos y qué significa. Además, la universalización acaba siendo abstracta, incomprensible, inútil y un fácil instrumento de manipulación.

'La siesta', por Ramón Martí, de 1884.
'La siesta', por Ramón Martí, de 1884.

P.: Se lo preguntaré de otra manera: el museo influye en la sociedad, pero ¿cómo influye la sociedad en el museo?

R.: Mucho, porque los museos están en un lugar. El museo siempre es el museo del lugar y las colecciones son las colecciones de una ciudad y de los gustos de sus ciudadanos, de lo que ha ocurrido entre los artistas y sus clientes. Reconozco la ciudad en la que estoy en las salas del museo. Barcelona es una ciudad en la que había una tensión entre lo alto y lo bajo, entre lo popular y lo elitista, y todo eso lo refleja la colección. Los museos que tienen sentido son los que tienen sus cimientos puestos en su colección y en su sociedad. También hay un modelo lejano que sería el Museo del Louvre, que es el resultado de un gran robo por toda Europa de las tropas de Napoleón para crear un museo universal.

Hay una pequeña contaminación en el nombre: Museo Nacional de Arte de Catalunya no quiere decir que tenga que ser de arte y artistas catalanes

P.: ¿El MNAC es una reivindicación de la identidad?

R.: Hay una pequeña contaminación en el nombre: Museo Nacional de Arte de Catalunya no quiere decir que tenga que ser de arte y artistas catalanes. Una Cataluña muy discutible, por otra parte. Por ejemplo, hablar de románico catalán en el siglo XI no tiene sentido. Por tanto, Museo Nacional quiere decir como National Gallery o Museo Nacional del Prado, que es nuestro, de quienes ahora se merecen ese arte que se compró a costa nuestra. Nacional en el sentido de lo común. A nadie se le ocurriría pensar que lo que vas a ver en la National Gallery son artistas locales. No, lo que hay es un Velázquez alucinante.

'La señora Riquer muerta', por Alexandre de Riquer, en 1887.
'La señora Riquer muerta', por Alexandre de Riquer, en 1887.

P.: ¿Y esta manera de pensar le va a traer muchos quebraderos de cabeza?

R.: Creo que no, porque es de una lógica aplastante. Y si no, pues ya veremos...

P.: ¿Ese es el papel del intelectual en el museo?

R.: El intelectual, en el sentido estricto, tiene que ser una profesión con adjetivos, una profesión de riesgo. No te juegas la vida, por regla general, pero lo otro es el intelectual orgánico, el que está al servicio de lo que toca.

P.: ¿Ha perdido importancia la referencia intelectual a favor de la económica?

R.: El proyecto del museo debe ser un proyecto intelectual y el resto de objetivos económicos deben estar sometidos al proyecto intelectual, representado por la colección. La obligación del museo es conservar su patrimonio, darlo a conocer, hacerlo accesible. En la actualidad se presume del perfil como gestor del director de un museo. De esta manera, se limita el museo a términos de empresa, donde lo que importa sólo son las visitas.

Los museos deben volver a manos de gente que piense en el museo como lugar de las musas

P.: ¿Un museo no es una empresa?

R.: Esa es una visión a corto plazo, nada que ver con el discurso y la tarea del museo. Es una visión de negocio en la que sólo cuenta el número de visitantes. ¿Qué hay del servicio que ofrece el museo a la sociedad a la que se dirige y de lo que esta puede aprovechar de su museo?

P.: ¿Qué ocurre con ese público en un museo-empresa?

R.: Los visitantes interesados en disfrutar con una pintura o una fotografía desaparecen y se convierten en clientes. De esta manera, ni siquiera es necesario que entren en las galerías, basta con que se queden en la cafetería y la tienda.

'Autorretrato', de Ramón Casas, en 1883.
'Autorretrato', de Ramón Casas, en 1883.

P.: ¿Cómo se imagina, entonces, el futuro de los museos?

R.: Deben volver a manos de gente que piense en el museo como lugar de las musas. El director no puede tener sólo interés en la gestión económica y financiera.

P.: ¿Los directores pueden abarcarlo todo?

R.: No, del círculo del director salen muchas patas en las que delega funciones y la más importante de ella es la de la colección. Porque un museo es una colección de arte. 

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