Auge y caída de la mansión más egocéntrica de todos los tiempos
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neverland está a la venta

Auge y caída de la mansión más egocéntrica de todos los tiempos

Un crowdfunding intenta evitar el fin de la villa de Michael Jackson. La Graceland de Elvis queda como el último vestigio de una era de excesos

Foto: Un camión de mudanzas entra en Neverland días después de la muerte de Jacko. (EFE)
Un camión de mudanzas entra en Neverland días después de la muerte de Jacko. (EFE)

Pss pss, amigo, ¿tiene usted 75 millones de dólares a mano?, es para una buena causa... El loco mundo del crowdfunding ha entrado en una nueva y errática era conun proyecto que busca recaudar 75 millones de dólarespara comprar la mansión de Michael Jackson. Y la cosa va más o menos en serio.

Alarmado por las noticias de la inminente venta de Neverland al mejor postor,Mark Blackwell, antiguo editor de la revista musicalSPIN,ha hecho unllamamiento (entre desesperado y cómico)a los bolsillos de los fans de Jacko. ¿Su objetivo?Reunir un dineral para hacerse con la propiedad de Neverland y no tocar ni un seto. Que los disparatados sueños megalómanos de Jackson queden a salvo de algún insensato millonario que quieraconvertir Neverland en un lugar normal (porque más demencial que como lo diseñó el Rey del Pop es imposible).

Aunque es improbable que Blackwell se haga con la propiedad, la venta del rancho de Jacko puede propiciar que conozcamos por fin todos sus rincones ocultos. Como todo lo que rodeó a Jackson en vida, Neverland,finca de 1.300 hectáreas situada a unos kilómetros del pueblo californiano de Los Olivos, ha estado siempre envuelto en secretismo, lo que no hizo más que aumentar su leyenda. Sí sabemos que Jackson mandó construir en la propiedad un zoo (con leones, elefantes y el célebre mono Bubbles) y un parque de atracciones (con noria, carrusel y montaña rusa). Lo típico de cualquier jardín, vaya.

En Jacksonismo, ensayo colectivo publicado recientemente sobre la herencia cultural del cantante, se da información relevante sobre un día cualquiera en la mansión:

"Los informes sobre su vida en Neverland incluyen cámaras secretas, vestíbulos oscurecidos y escondites con las cortinas permanentemente bajadas, y un televisor en cada uno de ellos".

"El reemplazo de cada flor en Neverland cuando mostraba el mínimo signo de estar marchitándose costaba más de 300.000 dólares por año. 'Odio ver cómo mueren las cosas bellas', explicó Jackson entre lágrimas".

Aunque las imágenes del rancho escasean, las dificultades económicas (o algo) que atravesó el músicoen sus últimos díastuvo como efecto colateral la subasta de algunos de los objetos más emblemáticos de la mansión, como varioscuadros de Jackoataviado como un faraón y un rey. "Si Elvis escandalizaba al público por parecer vulgar y barato en sus gustos, Michael logró el mismo efecto al ser caro y vulgar en su elección de un entorno real", se lee en Jacksonismo, donde se viene a decir que Neverland erala mansiónmás egocéntrica de todos los tiempos (que se dice pronto):

"Los objetos incluían el Trono del Pop ('un trono monumental bañado en oro con trompetistas, cabezas de cupidos, leones, criaturas marinas y follaje meciéndose', según el catálogoque acompañaba la subasta), un tríptico que retrataba a Jackson como la Santa Trinidad, una toga de armiño y un número de autorretratos en los que Jackson aparecía ataviado como un miembro de la familia real de Inglaterra... La colección de Jackson de unos dos mil objetos hogareños exhibía un grado extraordinario de obsesión consigo mismo: autorretratos, vestuarios de los shows, premios personales y proyecciones de él en todo tipo de escenarios históricos y fantásticos. Eran una mezcla surrealista de referencias: en parte majestuosas, en parte infantiles y por completo narcisistas, un híbrido bizarro de Jeff Koons, Ludwig II de Baviera y Toys 'R' Us".

Si todo esto le parece a usted muy extraño, quizás es porque no comprende que las cosas tenían que ser así: el título de Rey del Pop no se lo dan a uno así como así, y para mantener el tronodurante tantos años eranecesario un derroche excéntrico permanente, que es a lo que se dedicóbásicamente Jackson cuandosu producción musical empezó a declinara mediados de los ochenta.

Quizás la idea era que la mansión del Rey del Pop humillara simbólicamente a la del Rey del Rock (Elvis y Graceland), algo que Jacko lograría con creces, aunque su obsesión por convertir Neverland en un búnker inaccesiblehaacabado pasando factura al legado del rancho: los intentos de convertirlo en un centro de peregrinación para fansfracasaron en parte porque sus alrededoresno contaban con infraestructura de ningún tipo para albergar a las masas turísticas. Por otro lado, el mantenimiento de Neverland tal y como lo diseñó Jacko es tan exageradamente caroque la posibilidad de hacer negocio turísticoesdudosa(los excesos de Jackson en vida han acabado sepultando su herenciapor falta de sostenibilidad).

Ahora que a Neverland le pueden quedar dos telediarios, resulta aún más evidente que la mansión icónica de la música popular va a continuar siendo Graceland, el domicilio de Memphis donde Elvis vivió desde los 22 años hasta su muerte, convertida en casa museo.

Poca broma con Graceland: se dice quees la segunda residencia más visitada de EEUU tras la Casa Blanca con 600.000 turistas anuales (el Rey del Rock contra el Presidente del Mundo Libre, ¿quién da más?). En Graceland hay todo lo que uno puede esperar de la mansión de una estrella del rock con mucho dinero que gastar y escaso gusto estético, incluida una entrada flanqueada por enormes columnas corintias (cómo no).

Albert Goldman, autor de una controvertida biografía de Elvis, describió la mansión como "un burdel" estético. No obstante, en defensa del Rey del Rock hay que decir que ni el Elvis más drogado y confuso de su etapa en Las Vegas habría soñado imaginar un desparrame kitsch semejante al perpetrado por Jacko en Neverland. Eran otros tiempos. Y ni Elvis ganó tanto dinero en poco tiempo como Jackson ni la posmodernidad había hecho estragos estéticos aún en Occidente. Al lado de Neverland, el kitsch paleto de Graceland parece un dechado de sobriedad.

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