la lucha para implantar el 'video on demand'

La receta para evitar la muerte prematura de los estrenos

Los cuatro meses exclusivos en cines que exigen los exhibidores llevan a muchas cintas al fracaso. Los productores demandan más flexibilidad para estrenar

Foto: Sasha Grey en 'Open Windows', de Nacho Vigalondo.
Sasha Grey en 'Open Windows', de Nacho Vigalondo.
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    Los hermanos Weinstein son conocidos en Hollywood por su fama de mafiosos de la producción y su manía de realizar montajes de los filmes que distribuyen más asequibles para el público americano. Pero lo que nadie duda es que Bob y Harvey Weinstein conocen muy bien el mercado en el que pisan.

    El último ejemplo se ha visto con el film de Bong Joon-ho, Snowpiercer. Primero vino la polémica por los cortes que quisieron realizar al filme, y luego la noticia positiva. En cinco semanas en taquilla había recaudado 3,9 millones de dólares, una cifra muy modesta, pero los magnates decidieron saltarse las reglas y lanzarla tres semanas después en plataformas de Video on Demand. El resultado: en dos semanas ha conseguido la misma cantidad que en cines. Un éxito para las nuevas plataformas de distribución.

    Mientras tanto, en España seguimos luchando para que los tiempos de espera entre un estreno en salas y su llegada a internet de forma legal no sean los cuatro meses que ahora suelen pasar. Un tiempo que no está marcado por ninguna ley, como explica Juan Carlos Tous, fundador y CEO de Filmin: “Los principales circuitos de exhibición del país exigen una ventana de cuatro meses desde el estreno convirtiéndose en el plazo habitual”.

    Los principales circuitos de exhibición del país exigen una ventana de cuatro meses

    Es decir, son las salas y las distribuidoras las que tienen miedo a que puedan verse los filmes en otras ventanas de distribución, como también opina el productor y uno de los fundadores de Morena Films, Álvaro Longoria, encargado de títulos como Che o Ma Ma, la nueva producción de Julio Médem. “Los distribuidores y exhibidores dicen: o alguien me protege o nadie va a venir a ver mi película. Pero eso no es así. No es lo mismo ver El amanecer del planeta de los simios en una pantalla grande que en tu casa en una pantalla de 25 pulgadas. Es el espectador el que tiene que decidir cómo quiere ver la película, cómo quiere disfrutar la experiencia cinematográfica”, explica a este periódico.

    Ambos apuestan por la coexistencia de los títulos, lo consideran “el futuro”. Un futuro en el que las salas se centrarán en megaproducciones y las películas más pequeñas tendrán menor presencia. Esta forma de poder elegir dónde ver cada título favorecería a películas menores que, como recuerda Longoria, “no están en ningún sitio durante cuatro meses hasta que pueden salir en Video on Demand, y eso es malísimo para la explotación del filme”.

    De esta forma se aprovecharían mejor los recursos destinados a la promoción de los filmes, que no se perdería en ese limbo de cuatro meses, sino que serviría igual para salas y para internet.

    Fotograma de 'Hermosa juventud', de Jaime Rosales
    Fotograma de 'Hermosa juventud', de Jaime Rosales

    Películas en un limbo

    Tous pone de ejemplo un par de títulos españoles que no han funcionado bien en salas, pero que han tenido una respuesta crítica muy positiva que les podría haber ayudado en un estreno simultáneo en Video on Demand:  “Una película debería estar siempre disponible al público evitando situaciones como las que se producen actualmente en las que películas que han tenido una corta vida de apenas tres o cuatro semanas en cines, como Open Windows de Nacho Vigalondo o Hermosa Juventud de Jaime Rosales , permanecen en un "limbo" hasta que se cumplen los cuatro meses exigidos por los exhibidores de cine".

    "Esa situación no favorece a la industria ni al espectador. Una película debería poder ofrecerse para ámbito domestico, Internet y DVD, tan pronto como sale del circuito de salas de cine. No beneficia a nadie, bueno, a los piratas sí, que una película con su promoción todavía fresca no se encuentre ni en salas de cine ni en formato doméstico ni en los portales legales de cine por Internet”, añade.

    La propia piratería ha impedido que las plataformas de Video on Demand se desarrollen

    La piratería es otro de los factores por los que los productores y las plataformas online piden el recorte de tiempos de espera, ya que en esos meses las copias ilegales acaban con posibilidades de negocio posterior. Una situación que Álvaro Longoria define como “una pescadilla que se muerde la cola”. “Es que la propia piratería ha impedido que las plataformas de Video on Demand se desarrollen, y sólo estarán suficientemente desarrolladas cuando la piratería deje de funcionar. Eso hace que el consumidor esté frustrado, porque encuentra el contenido de forma pirata y de forma legal no”, explica.

    Para solucionar esta situación que “no refleja la realidad de nuestro cine”, Longoria apuesta por una autorregulación que nazca del consenso entre productores, distribuidores y salas: “Lo que hay que hacer es que el mercado se autorregule. No puedes estar poniendo todo el rato reglas artificiales que no reflejan lo que ocurre. El cine es cada vez más complejo y no puede haber una regla para todo. Debe haber una flexibilidad que ahora no hay. Las salas intentan aguantar una situación artificial porque creen que es mejor para ellos, pero creo que se equivocan”.

    Poco a poco comienza a haber películas que desafían las normas establecidas, como recuerdan desde Filmin. Títulos como Carmina o revienta (Paco León), Byzantium (Neil Jordan), Gente en sitios (Juan Cavestany) o Un cuento francés (Agnès Jaoui) ofrecieron al espectador la libertad de decidir cómo querían disfrutar del filme. Títulos que todavía son excepciones en un mercado donde la sala sigue siendo la reina de la fiesta.

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