'el rey Matías I', un clásico de janus korczak

Lecciones al nuevo rey para salvar la corona

El rey debe ser ahorcado o fusilado. Ese es el destino del rey reformista de 15 años que pretendía cambiar el mundo, hacerlo más justo, más

Foto: El rey Felipe VI visita el Estado Mayor de la Defensa. (EFE)
El rey Felipe VI visita el Estado Mayor de la Defensa. (EFE)

El rey debe ser ahorcado o fusilado. Ese es el destino del rey reformista de 15 años que pretendía cambiar el mundo, hacerlo más justo, más pacífico y libre, y que terminó desterrado en una isla deshabitada. Las ideas revolucionarias que el escritor, pedagogo y pediatra polaco Janusz Korczak (1878-1942) pensó para su personaje más famoso chocan con el aparato burocrático y pervertido de los corruptos. El joven rey Matías I el reformista protagoniza una fábula en la que es incapaz de subvertir el orden establecido y termina fulminado por las traiciones, la envidia, la negligencia, la guerra, la ambición…  

Publicada en 1922, la primera traducción al castellano de la obra correspondió a Espasa, a finales de los ochenta, y permanecía fuera de catálogo hasta que hace unos meses la editorial Nube de tinta (Penguin Random House) recuperó la edición coincidiendo con la llegada a la corona española de Felipe VI. Korczak esboza el retrato de un rey ideal: lo suficientemente joven como para no tener la ambición de dominar el mundo, tan inexperto como para leerse todas las cartas que mandan los ciudadanos a palacio.

Janusz Korczak fue asesinado en 1942, junto a los doscientos niños del orfanato que dirigía, en Treblinka, el campo de exterminio nazi

“Quería gobernar para vuestro bien, pero a uno solo le es muy difícil adivinar qué es lo que necesitan los demás”, exclama desesperado a sus diputados el rey, después de haber sobrevivido a una guerra en el frente, de templar relaciones con los países rivales, de proclamar la constitución y de reformar el país a favor de los derechos de la infancia. El rey Matías I es una fábula moral sobre la estupidez humana y su incapacidad para dejar de serlo.

Un futuro muy negro

Los monarcas con buenas intenciones tampoco tienen futuro, porque terminan traicionados o pervertidos. Sólo es cuestión de tiempo. Mientras tanto, el autor aprovecha para describir el absurdo de una institución completamente aislada de las necesidades de los habitantes a los que representa. Inventa la figura del rey huérfano para hacer saltar por los aires el contraste entre la coherencia del recién llegado y el galimatías del protocolo de la corona.

“El maestro de ceremonias no dijo nada, pero pensó: “¡En qué tiempos vivimos! Se tiran a la basura las muelas reales”. Porque en el protocolo de la corte ponía que las muelas reales había que incrustarlas en oro y meterlas en una caja con diamantes que se debía guardar en el tesoro”, esto después de que Matías no diera importancia a la pérdida de unos dientes.

Korczak quiere convertir en soberano a un niño, le hace desear “ser un rey de verdad, poder gobernar solo y saberlo todo”. Autonomía e independencia, respeto por los derechos y la inteligencia infantil. Pero el autor le reserva el abanico completo de quebraderos de cabeza de un adulto, que terminarán con sus esperanzas.

Nuestro autor fue un defensor a ultranza de la infancia y se convirtió en un pedagogo de referencia internacional por sus aplicaciones sociales de la medicina. Participó en la Primera Guerra Mundial, fue el jefe de sala de un hospital de campaña en el frente ucraniano. Allí, al parecer, los niños heridos debieron causarle una profunda impresión.

Seix Barral publica en septiembre la nueva novela de David Safier, '28 días', en la que cuenta la vida en el gueto de Varsovia de nuestro pedagogo, entre otras

Cuidado con las semillas

A la vuelta de la Gran Guerra hace de la protección de los huérfanos su necesidad y satisfacción, retirándose de su actividad médica poco a poco y centrándose en la de pedagogo. "Los niños son personas cuyas almas contienen la semilla de todas las ideas y emociones que poseemos. Hay que orientar con delicadeza el crecimiento de esas semillas”, dejó escrito en uno de sus múltiples artículos.

La vida de Korczak no es una fábula. Todo lo contrario, en 1939 se ocupaba en un orfanato de los niños desamparados de la guerra y logró mantenerlo en pie, a modo de república infantil, confinado en el gueto de Varsovia, donde publicaban un periódico todos los domingos para los vecinos.

Hasta la razia de los nazis, en agosto de 1942, cuando fueron desalojados del edificio y conducidos a los vagones del tren que les llevaría a Treblinka para ser asesinados. Todos, los doscientos niños, con Janusz Korczak a la cabeza. Los nazis le ofrecieron inmunidad por ser quien era para evitar la repercusión internacional que tendría su asesinato, pero no abandonó a los niños.

La trágica historia de este pedagogo será protagonista también, a la vuelta del verano, cuando llegue a las librerías la nueva novela de uno de los reyes del humor David Safier, autor de Maldito Karma. Cambia de registro con 28 días (también publicado por Seix Barral), ni gota de risa para tratar las jornadas en las que el gueto se levantó en resistencia contra los nazis. Una de las escenas más conmovedoras es precisamente la salida de Korczak con todos los niños, camino de la muerte. 

Para entonces había dado vida a Matías y a sus deseos de regeneración democrática: “Señores ministros. Hemos decidido que gobierne todo el pueblo, y que todo el pueblo decida qué es lo que quiere”. Lamentablemente, este Peter Pan polaco, termina estampándose con la realidad, en su última guerra, en la que entiende que habría conservado su trono de haber tenido más cañones y pólvora. De nada le ha servido la clemencia y las reformas. Al final, la pólvora.

Rescatamos uno de los momentos más hilarantes como despedida de una fábula moral con tanta carga mortal como los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, en la que Korczak relata el techo de la sandez humana: “Matías se sorprendió enormemente cuando Bum-Drum le contó que en el siglo pasado hubo una guerra de quince años entre dos reyes negros, únicamente porque mientras uno metía el dedo de la mano derecha en el agujero izquierdo de la nariz en señal de bienvenida, el otro lo hacía al revés. El pueblo enteró se rebeló. Los sacerdotes y los otros reyes se unieron a la causa. Unos decían que se hacía así, otros que asá. Empezaron a pelear para ver quién tenía razón. Quemaban chozas y aldeas enteras, mataban a las mujeres, tomaban en cautiverio a los niños y los esclavos eran arrojados como comida a los leones. Hasta que estalló una epidemia de peste y hubo tal hambre que no pudieron seguir luchando”.

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