La ametralladora pop de Richard Hamilton
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retrospectiva en el reina sofía

La ametralladora pop de Richard Hamilton

La pinacoteca madrileña acoge la mayor exposición del icónico artista británico

En enero de 1957,Richard Hamilton (Londes, 1922-2011)escribió una carta en la que describió con adjetivos el arte pop, que entonces no sólo no era todavía capaz de arrastrar masa algunaa un museo -como ocurrirá sin duda los próximos días en elReina Sofíapara ver la retrospectiva de Hamilton- sino que ni siquiera estaba claroquéera aquel nuevo movimiento artístico:

"El arte pop es popular y destinado a un público amplio,pasajero y efímero, fácil de consumir y de olvidar, barato, producido en serie, joven y querido por la juventud,espiritual, sexy, llamativo, simpático y un negocio redondo", escribió Hamilton en unas palabras tan proféticasque el artista británico parecía inclusocapaz de adivinar los números de la lotería (en 1957, Andy Warhol era aún un mindundi al que todavía le quedaban unos años para protagonizar su primera exposición individual).

En otras palabras: Hamilton sentó las bases teóricas del pop art antes del pop art, y lo hizo siendo conscientede sucontradictoria condición de producto de masas. Consciente también de la potencialidad política o apolítica del movimiento según quién pintara u observara el lienzo. Y consciente, por último, del ambiguo contexto social y político que lo hizo posible:el consumo de masas, el consumismo (y su lado oscuro)y el boom propagandístico de los nuevos medios de comunicación. Todo en una época, mediados de los cincuenta, en la que todos esos campos estaban aún envueltos en un aura romántica con la que jugó Hamilton hastadarle la vuelta.

No contento con adelantarse al pop art, Hamilton decidió pronto desbordarlo, como queda claro en las obras de la exposición del Reino Sofíaposteriores a los años sesenta. Para cuando el pop art se convirtió en lo más de lo más, en el movimiento chic que reventaba precios en las subastas, el artista británico ya estaba dedicado aotros menesteres: profundizando en las posibilidades de la intervención política del arte, como demuestransus muchasdedicadas a buscar las cosquillas a la propaganda política y a los efectos perversos de la exposición a la televisión. Activismo político e intervención en la realidad, cualidades que no fueron precisamente el punto fuerte de otras luminarias del pop art, atrapadas en el guiño irónico permanente a la cultura de masas.

"Richard Hamilton, uno de los artistas más influyentes del siglo XX, es a juicio de muchos uno de losfundadores del arte pop. Pero su importancia se extiende mucho más allá de esta paternidad. Su actividad como pintor, profesor, diseñador de exposiciones, activista político, artista gráfico y tipógrafo, así como sus trabajos experimentales con los medios de comunicación así como con la obra de otros artistas, siguen despertando el interés de aficionados de todo el mundo", cuentanBorja VillelyChris Dercon, director de laTate Modern, en el catálogo de una exposición que aterriza ahora en Madrid tras su paso por Londres.

Hablamos de 270 obras que recorren tanto toda la carrera del artista (de los años cincuenta a 2011) como todos losmedios, géneros y materialesque practicó: pinturas, grabados, fotografías o diseño industrial; retratos, pinturahistórica, propaganda política yreapropiación de elementos de la cultura popular vía collages y fotomontajes.

En efecto, la retrospectiva de Hamilton no será igual sin sus célebres cócteles pop en los que, por ejemplo, una pareja desnuda disfruta (aparentemente) delconfortde un hogar capitalista de los años cincuenta (en una histórica mirada no exenta de ironía anticonsumista y reunida bajo el títuloJust whatis it that makes today's homes so different, so appealing?).

Otro de los platos fuertes de la exposición es la reconstrucción de variasobras/instalaciones del autor: Growth and Form, Lobby, an Exhibit, This is Tomorrow y Man Machine and Motion, formada por 200 fotografías y comprada por el Reina Sofía el año pasado.También hay sitio para obras populares como la serie Swingeing London 67, con Mick Jagger esposado tras una redada antidrogas y Shock and Awe, pintada poco antes de morir, en la que aparece Tony Blair ataviado como un pistolero del salvaje oeste, eco delardor bélico del ex primer ministro británico.

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