Valeriano Bozal: “El director del Reina Sofía no debería creer que el museo es suyo”
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el historiador revisa el arte español del siglo XX

Valeriano Bozal: “El director del Reina Sofía no debería creer que el museo es suyo”

Es una de las referencias historiográficas más importantes de este país y ha actualizado su 'Historia de la pintura y la escultura del siglo XX en España'

Foto: El historiador Valeriano Bozal, junto a la galerista Juana de Aizpuru. (Premio Joven UCM)
El historiador Valeriano Bozal, junto a la galerista Juana de Aizpuru. (Premio Joven UCM)

La política es parte de la cultura. ¿Es posible hablar del arte de los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta olvidando que fueron los años de la posguerra y la dictadura? Valeriano Bozal (Madrid, 1940), una de las referencias historiográficas más importantes de este país, ha actualizado su Historia de la pintura y la escultura del siglo XX en España (La balsa de la Medusa) para aclarar el relato cultural y contestar: “No me parece adecuado ignorar la ausencia de normalidad y el deseo de ella: hacer del nuestro un país normal, semejante a los demás países europeos, era una empresa con fuerte contenido político y cultural”.

La normalidad era el deseo de intelectuales y artistas. La normalidad era la primera pretensión de todos ellos, según el catedrático de historia del arte de la Universidad Complutense de Madrid, más allá de la ideología rupturista, porque la normalidad era la crítica, la ironía, la exasperación, la protesta. La normalidad era otro país.

Y el relato de la historia no puede olvidarlo. Bozal lo olvidó en la redacción de la primera edición de estos dos volúmenes, por eso ha vuelto a escribirlos, asegura. Porque debía romper con las pautas académicas que conciben el mundo del arte como cosa de artistas, museos, coleccionistas, galeristas, críticos, historiadores, etc.

Unos protagonistas insuficientes, porque “ese mundo se enmarca en un ámbito político y moral que lo condiciona” de tal manera que es el mayor rasgo identitario de las prácticas culturales españolas del siglo XX. El historiador aclara que estas obras traspasaron los límites y llegaron a construir “uno de los panoramas más brillantes de nuestro arte”.

Arte y política

La historia nos ha enseñado que “no hay una autonomía estricta o pura” del arte con su contexto, y que el compromiso político que está en los orígenes “no encierra el proyecto de universalidad que asumen las obras”. Sin ir más lejos, el aislamiento cultural de la posguerra y la censura fueron elementos determinantes.

Bozal ha reescrito por completo sus manuales para aportar un relato que echa en falta en los museos, concretamente en el museo responsable de recrearlo, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. “Un museo no puede atender a los gustos personales de quien lo dirige, sino a las necesidades culturales de la sociedad. Todo museo narra una historia, por eso es muy importante cuidar de manera científica y objetiva la historia”, explica.

El historiador señala la responsabilidad del cargo al diferenciar entre gusto y universalidad: “El relato de la historia del arte que se plantee en el museo debe ser verosímil y abierto al debate, con pretensión de universalidad. Sobre la pretensión de universalidad podemos discutir, pero sobre los gustos personales de alguien no hay discusión posible. Por eso el director del Reina Sofía [Manuel Borja-Villel] no debería creer que el museo es algo suyo, porque es una institución del estado y de todos”.

Reconoce que la creación de ese relato que define nuestro pasado no es fácil, porque debe dar a luz uno que sea creíble y se pueda razonar, discutir y dejarlo tan abierto como para ir introduciendo cambios. El relato, como construcción, varía y se matiza, es una identidad transitoria. La historia del arte es una de las muchas biografías que se pueden hacer de un país.

Moderno y con seguridad social

Estos dos suculentos tomos no tienen grasa. Su autor ha eliminado el planteamiento académico del arte basado en estilos y tendencias. Propone una lectura significativa de las obras en su entorno y, sobre todo, la contemplación directa de la misma. Nunca un comentario puede sustituir esa experiencia.

Por otro lado, el libro es polémico por la concepción de “modernidad”: renuncia a las definiciones filosóficas y resuelve que “para ser moderno hay que tener seguridad social”. “Por eso es polémica mi concepción de la modernidad, por obvia. Modernidad es tener las necesidades cubiertas”, dice Bozal a este periódico.

El antiguo presidente del Patronato del Museo Reina Sofía explica la incidencia de la industria cultural sobre la creatividad y el museo. Por un lado, dice que los artistas que se nieguen a comulgar con la cultura de masas se verán abocados para sobrevivir a hacer cosas que antes no hacían. Por otro lado, los museos han reemplazado al científico por el político y el empresario.

Los museos sin científicos

“Hay un fenómeno muy complejo en el Museo Reina Sodía. Un museo no puede estar sometido a una actividad comercial, porque propone actividades que exigen una financiación más allá de lo que al mercado le guste. No creo que un museo pueda ser bueno o malo en función del número de asistentes. La Coca Cola puede ser buena o mala en función del número de compradores. Hay una diferencia fundamental”, explica el historiador.

Valeriano Bozal cree que el Estado debe financiar y mantener las actividades, pero quedarse fuera de la organización. Una práctica incompatible, dice, con llenar los patronatos de los museos de políticos, empresarios y miembros de un ayuntamiento. “El experto es el que debe tomar las decisiones del museo, no el Estado. Pero los científicos han desaparecido de los patronatos. La idea del IBEX en ellos es una idea estadounidense, pero es que allí son los banqueros quienes mantienen a los museos”.

En el relato que propone Bozal el Guernica está en el lugar en el que debería estar. Porque ahí se cuenta la historia del Guernica y del momento más dramático de nuestra historia. “No tiene ningún sentido sacarlo del Museo Reina Sofía y llevarlo al Prado como si fuera un florero, para formar parte de una supuesta identidad española. Estoy en contra de ese sentido de la identidad, porque no existe”.