Indies, hipsters y clase alta

Letizia y el nuevo pijerío cultural

Las aficiones hipster de la princesa no son un escándalo, sino un cambio de estética en la clase dominante

Foto: Letizia Ortiz en un concierto junto a una amigas en 2010 (Gtres)
Letizia Ortiz en un concierto junto a una amigas en 2010 (Gtres)

Horror. Escándalo. Paren las rotativas. La princesa Letizia, que está a punto de convertirse en la próxima reina de España, es aficionada a la cultura hipster. Frecuenta conciertos de grupos modernos como Eels, The Killers y Los Planetas. Acude a espectáculos de humor costumbrista ácido como los Ultrashows del Miguel Noguera. Además, por si fuera poco, Ortiz no deja de encontrarse en diversos saraos con el editor de la revista Vice, biblia del periodismo políticamente incorrecto (léase moderno, escatológico y malote).

El diario El Mundo es el más activo a la hora de fiscalizar las aficiones underground de la princesa. ¿Estaremos ante un problema de Estado? Eso parece por el tono de alguna crónicas, donde se destaca que las letras de sus grupos preferidos hablan sobre drogas duras, experiencias homosexuales o incluyen metáforas satánicas. ¿Será nuestra próxima reina la réplica femenina de Pete Doherty y Keith Richards? La realidad es mucho más prosaica y manejable: la cultura hipster es la preferida de la clase alta global, segmento 25 a 45 años. Y no faltan los ejemplos para argumentarlo. 

El hipster como pijo redux

Basta darse un vuelta por la página web Hipsters From Spain. Se trata de una colección de perfiles de personajes destacados dentro de esta peculiar subcultura. Allí nos encontramos, por ejemplo, con jóvenes como Brianda Fitz-James Stuart, nieta de la Duquesa de Alba, diseñadora de moda, que presenta su marca Planet Palmer. Otro nombre destacado es Lorenzo Castillo, prestigioso decorador de interiores, que posa con chaqueta de Tom Ford, camisa de Ferragamo y fular de Céline. "Cuando a los siete años le preguntaban que quería ser de mayor, contestaba que coleccionista de antigüedades. Antes de los treinta, ya tenía su propia tienda", explican.

Otro ejemplo sacado de dicha web es el de Safu Seghatoleslami, joven iraní forzada a abandonar el país por la situación política, que aterrizó en España para encontrar trabajo creativo en la firma de moda Carolina Herrera. ¿A qué ya va dando menos miedo la cultura hipster?

En realidad, todo esto se parece bastante a la sección Ecos de sociedad de La Razón (si en vez de personajes de ochenta años para arriba se pusiera el límite en cuarenta y ocho). Ningún retrato menciona sus orígenes familiares, centrándose en el carácter "creativo", "talentoso" y "emprendedor" de los personajes. Tampoco hace falta ser Sherlock Holmes para notar que la mayoría son hijos de la clase alta de toda la vida. ¿Otro ejemplo? Según contaba en marzo la prensa del corazón, Borja Thyssen y Blanca Cuesta lucieron look hipster durante su última visita al dentista.

Todo está bajo control

Podemos analizar los ejemplos concretos referidos a Letizia Ortiz. ¿Es un problema de protocolo que escuche a Los Planetas? Cierto que las letras del grupo de Granada hacen alguna referencia a la cocaína, pero hay que recordar que desde los años ochenta la estrella pop favorita de la aristocracia europea se llama Elton John, un hedonista terminal que en 2012 confesaba al Daily Mail que era un milagro no haber muerto por su alto consumo de polvo blanco. "Tomé tanta cocaína como Whitney Houston", admitía. El milagro es doble porque también se libró del SIDA, a pesar de su épica promiscuidad y falta de protección, según el mismo señala. Lo más seguro es que Los Planetas no puedieron seguir su ritmo festivo pre-desintoxicacion.

¿Hay que regañar a Letizia por coincidir en sus gustos con el editor de la revista Vice? Toca recordar que el pasado mes de agosto se hizo público que Rupert Murdoch, el mayor apoyo mediático de Reagan, Thatcher y la derecha global, había invertido 52 millones de euros en acciones de esta cabecera. Vice es una pujante corporación global valorada en mil cuatrocientos millones de dólares que tiene toda la pinta de convertirse en la MTV del siglo XXI. Nada realmente subversivo.

¿Pone en apuros a la Corona la afición de Ortiz a The Killers? No exageremos. Entre los personajes que deambulan por la zona VIP de sus conciertos españoles destacan José María Aznar, Luis María Anson o ex jugadores del Real Madrid como Guti (Xabi Alonso, más hipster todavía, prefiere a grupos indies como M83, Wilco o Belle & Sebastian).  

Banda sonora oficial de las multinacionales

Basta encender el televisor o abrir una revista para darse cuenta de que la cultura hipster es el registro estético favorito de las multinacionales. El último anuncio de Iphone se desarrolla a ritmo del "Gigantic" de los Pixies, banda emblemática de esta escena musical alternativa. Hedi Slimane, director creativo de Yves Saint Laurent, ha contratado como modelos  a músicos tan "cool" (molones) como Beck, Kim Gordon (Sonic Youth) o Daft Punk. Acudir este verano a festivales como el Sónar, Primavera Sound o Benicàssim (por este último pasó Letizia en 2013) equivale a exponerse a un chorreo de stands y escenarios patrocinados por Rayban, Heineken, Adidas, Nokia o Red Bull.La cultura hipster es la banda sonora de la clase media-alta de nuestro país

El grupo sueco The Knife, uno de los favoritos de los hipsters, tiene tantas ofertas para que sus canciones suenen en anuncios y pasarelas de moda que ha llegado a agobiarse: "Nuestro aliciente creativo es pensar qué música podemos hacer que no sea deseable en esos contextos", explicaban hacen un año. ¿Es la cultura hipster una peligrosa desviación de la princesa española? Más bien estamos ante la banda sonora de la clase media-alta de nuestro país (o de quien aspire a situarse por allí). Algunos recordarán como el difunto festival hipster Summercase, con patrocinadores de peso como Movistar, quedó salpicado por la trama Gurtel, el escándalo de corrupción del PP.

Sobre Bobos, yuppies y Davos

El primer aviso sobre este cambio estético fue el exitoso libro Bobos en el paraíso (2000), del periodista estadounidense David Brooks. "Bobo" no es un término especialmente ofensivo, sino la contracción en inglés de los términos "burgués" y "bohemio". La tesis del texto es que gran parte de la clase alta de EEUU siente inclinación por los estilos de vida artísticos y la estética contracultural. Los "bobos" son una especie de "yuppies" que finalmente hubieran aprendido a relajarse.

Por la misma carretera llegaron los hipsters, etiqueta que empezó a sonar en los noventa y alcanza su momento estelar en la década de 2010. Los hipsters originales, surgidos en los años cuarenta, eran desclasados con afición al jazz, los viajes y las drogas. Los nuevos hipsters son más formales y su rebeldía se limita a tirarse de cabeza a la piscina del consumo cultural (sobre todo de la moda y la música llamada indie o alternativa). Este estilo es particularmente popular entre los universitarios occidentales de clase alta (uno de sus orígenes es el "college rock", donde crecieron R.E.M, Sonic Youth o los Pixies). Que no cunda pues el pánico entre la prensa conservadora: estamos ante un cambio meramente estético. Quizá ya no queda tanto para que en la foto anual del Foro de Davos veamos a una serie de señores con barba de cuatro días, camisa de cuadros y chapas de Joy Division y la Velvet Underground

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