Enric Palau, codirector del festival

"El mundo de los 'DJs' se ha vuelto más blanco, aunque Beyoncé gana mucho más que Guetta"

Con veinte años a sus espaldas, el Sónar sigue siendo uno de los pocos festivales que puede presumir de un impacto global.

Foto: Los codirectores del festival Sónar, Ricard Robles (i) y Enric Palau.
Los codirectores del festival Sónar, Ricard Robles (i) y Enric Palau.
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    Si la OTAN decidiera tirar una bomba atómica en la capital de Cataluña entre el 12 y el 14 de junio, las discotecas de medio planeta tendrían un problema para recomponer sus programaciones. Con veinte años a sus espaldas, el Sónar sigue siendo uno de los pocos festivales que puede presumir de un impacto global. En esta edición apuestan por clásicos de todas las épocas como Chic, Massive Attack, Richie Hawtin, Neneh Cherry o Buraka Som Sistema.

    Además de la programación oficial, esa semana la ciudad hierve con fiestas fuera de cartel donde pinchan tótems como Surgeon, Carl Craig, Óscar Mulero, Magda y Derrick May, entre muchos otros. El tópico es cierto: durante cinco días, la ciudad condal es el centro del universo clubero. Podría competir perfectamente con la suma de las programaciones de Londres, Ibiza, Las Vegas, Tel Aviv y Berlín -por citar un repóker de lugares con gran oferta electrónica-. Para comentar el momento del festival hablamos con Enric Palau, codirector de este encuentro de música, arte y tecnología. 

    Me parece importante explicar que la cultura también puede generar plazas hoteleras y puestos de trabajo

    Se habla mucho de Barcelona como ciudad-marca. ¿Cómo encaja ahí el Sónar?

    La palabra "marca" no me gusta.  Dicho esto, Barcelona es una pareja de hecho fantástica para el festival. Es una ciudad simpática, que siempre ha estado relacionada con las vanguardias. Uno de sus mayores atractivos es Gaudí. Hace veintiún años entramos en un momento postolímpico y de reconexión con las vanguardias. La aportación de Sónar es convertir Barcelona en centro de la electrónica mundial. El impacto del festival es de cincuenta millones de euros, según un informe de la consultora Deloitte. Es un discurso sabido, pero me parece importante explicar que la cultura también puede generar plazas hoteleras y puestos de trabajo. En todo caso, queremos seguir creciendo, por ejemplo reforzando Sonar +D, que es un congreso internacional de creatividad donde se juntan arte, tecnología y negocio. 

    La parte del "negocio" trae un conflicto interesante. La electrónica de los noventa tenía un fuerte componente contracultural, por ejemplo, las raves autoorganizadas. Ahora casi todo suena a dinero. Se ha pasado de los comunas al coworking y de los colectivos artísticos a las start-ups.¿Es algo que le preocupa?

    Massive Attack (EFE)
    Massive Attack (EFE)

    Hay que pagar el alquiler a fin de mes. La nomenclatura puede ser de una forma o de otra. Este año, por ejemplo, Massive Attack ya nos han avisado de que van a venir con sus proclamas políticas, sociales y demás. Son artistas que siguen siendo sensibles a lo que pasa a su alrededor. Yo lo veo al revés que tú: creo que la tecnología está rompiendo las clases sociales. Este año tenemos una artista como Alizzz, un chico de 'veintialgo' años de Casteldefells, que gracias a las redes convenció al prestigioso sello Mad Decent de que le ficharan. Hoy su Soundcloud pasa el millón de escuchas y va a empezar una gira por Estados Unidos. Esto era impensable hace veinte años. La relación con los sellos y oyentes era mucho menos directa y esto no podría haber sucedido. La tecnología ayuda a que los creadores más pequeños puedan mover y ofrecer sus ideas. Se están rompiendo muchos moldes. ¿Qué hay demasiado negocio? Vivimos en un mundo capitalista y esto funciona así. 

    La revolución digital puede aumentar la igualdad de oportunidades, lo cual no significa que aumente la igualdad.  Lo que no tenemos ahora son movimientos como Reclaim The Streets, que usaban la electrónica para conquistar espacio público para los ciudadanos. 

    Es verdad que eso ha desaparecido. Si hablamos de música, hay menos contenido político en la música popular. No te sabría decir por qué, supongo que la velocidad de los tiempos o la desafección social y política. No lo tengo claro.

    A nosotros el ayuntamiento no nos promociona. Todo lo que tenemos lo hemos conseguido nosotros y nuestro equipo

    El ayuntamiento de Barcelona ejerce un férreo control sobre la escena cultural de la ciudad: pienso en los castings de músicos callejeros o la represión policial de Can Vies. Parece que hay escenas artísticas que no se promocionan (la música mestiza) mientras que con otras son miradas con empatía, caso de festivales como el Sónar o el Primavera Sound.

    A nosotros el ayuntamiento no nos promociona. Históricamente, en la mayor parte de estos veinte años, todo lo que tenemos lo hemos conseguido nosotros y nuestro equipo. Barcelona busca su discurso y parece que el turismo manda. Creo que eso es pan para hoy y hambre para mañana. El discurso debería ser el poso creativo de la ciudad. El factor tecnológico es interesante para construir una ciudad-laboratorio. No conozco el asunto de Can Vies tanto como para comentar, pero está claro que hay un rechazo social porque el país está sufriendo y enfadado. En Sónar siempre nos hemos mantenido aparte de cualquier cuestión política. Preferimos centrarnos en nuestro trabajo: apoyar la creatividad. Hasta ahora hemos inspirado a mucha gente: ya tenemos público que ha crecido con este festival y ha terminado encima del escenario. 

    El modelo Sónar parece algo exagerado: durante una semana, casi todos los DJs del mundo están en la ciudad, ya sea en el festival o en las fiestas off. El problema que veo es que eso no ha generado en la ciudad una escena de DJs de renombre. Berlín, por ejemplo, apuesta por una programación más regular y eso sí que ha cuajado en una escena muy potente.

    En España la música no ocupa un lugar tan cotidiano y central como en Londres o en otras ciudades europeasEs verdad que Barcelona no está a la altura de Berlín en el día a día. También tiene que ver con la sociedad española, donde la música no ocupa un lugar tan cotidiano y central como en Londres o en otras ciudades europeas. Es una cuestión cultural. También hay que recordar que los clubes de la ciudad no tienen tanto dinero porque están sufriendo la recesión, como todo el mundo.   

    Roger Dedeu, director del festival SOS 4.8 (Murcia), explicaba hace poco que las agencias de Londres tienen la sartén por el mango en cuanto a la contratación. ¿Está de acuerdo?

    Nosotros no dependemos tanto de las agencias. Hemos construido una relación personal, de tú a tú, con muchos artistas a lo largo de los años. Para ellos no somos un festival más. Las limitaciones de programar el Sónar tienen que ver con que ciertos artistas que nos interesan están ahora más centrados en el mercado de Estados Unidos, porque allí la electrónica ha explotado hace poco y hay mucho mercado. Este año nos ha pasado con Chromeo, que queríamos traerlos pero estaban ya comprometidos en el festival Bonaroo (Manchester, Tennessee). Muy pocas veces competimos con festivales españoles por un artista. Solo suele pasar con algunos cabezas de cartel, como Pet Shop Boys, pero el ochenta o el noventa por ciento de nuestra programación no es la de los demás. También tenemos la ventaja de que los artistas internacionales nos ven como una buena plataforma para lanzamientos mundiales. Por eso este año estrenamos el nuevo espectáculo de Massive Attack.  

    Los pioneros y máximos innovadores de la cultura electrónica fueron caribeños y afroamericanos, pero los DJs que más ganan -según la revista Forbes- son casi todos blancos. ¿Lo consideras un problema? 

    Nile Rodgers
    Nile Rodgers

    No me parece significativo. Si miras la lista de Forbes de músicos más ricos suelen estar encabezadas por Jay-Z y Beyoncé. Los cinco primeros nombres suelen ser negros. El mundo de los disc-jockeys se ha vuelto más blanco, pero David Guetta gana mucho menos que Beyoncé. Nosotros siempre hemos apostado fuerte por la música negra. Por ejemplo, este año hemos traído a Nile Rodgers con Chic. Como oyente y como director del Sónar, siempre he prestado mucha atención a la línea que va desde los campos de algodón hasta el trap, pasando por Jeff Mills o la explosión del house. Este año también traemos a Neneh Cherry. Si no hay más artistas negros en el cartel es porque estamos en Europa o porque los raperos de EEUU priorizan tocar en su país porque les pagan mejor.  

    Uno de los artistas de baile más importantes de la actualidad es Diplo, que ha producido desde divas como Beyoncé hasta artistas de los guetos. En los últimos años, parecía casi un consejero del festival. ¿Lo sigue siendo?

    Ha asesorado durante muchos años al Sónar, pero ahora está tan solicitado que la relación es menos fluida. Él fue quien nos descubrió a Calle 13. Tardamos dos años en conseguir que vinieran. Recuerdo que en 2005 Diplo pinchó "Gasolina" de Daddy Yankee y algún periodista de Barcelona se echó las manos a la cabeza. A mí me pareció genial. Hemos tenido una buena relación porque al festival siempre le han interesado las músicas no anglosajonas, como demuestran los carteles con DJ Marlboro (Brasil), Omar Souleyman (Siria) o Konono nº1 (República Democrática del Congo). Este año hacemos una búsqueda en Sudáfrica con artistas como Spoek Mathambo o traemos a Dengue Dengue Dengue de Perú.

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