NO HAY MERCADO EN ESPAÑA

El timo del emprendedor cultural

"Las industrias culturales de aquí nunca han sido sostenibles por sí mismas", explica el investigador cultural Rubén Martínez

Foto: Cartel de Zinc Shower
Cartel de Zinc Shower
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    Los Príncipes de Asturias muestran su apoyo a los emprendedores en un acto en Sevilla. La Cámara de Comercio de Barcelona presenta Biz Exporta para ayudar a los emprendedores a vender fuera de nuestras fronteras.  El consistorio de Murcia presenta su programa de "cheques emprendedor" de 600 euros.  "Para la crisis, crea una empresa", dice la campaña Madrid Emprende, mientras los quioscos despachan la revista Emprendedores y el telediario nos anima con historias de start-ups tecnológicas que cosecharon millones en pocos meses -sin decir palabra de los cientos que se descalabran-.

    Las industrias culturales tampoco se libran de la fiebre. Por ejemplo, este fin de semana se celebra Zinc Shower, feria del emprendimiento cultural de Madrid. Acoge la iniciativa el centro cultural Matadero, que también es la sede de Factoría Cultural, vivero de emprendedores inaugurado este año. Las preguntas salen solas: ¿qué valores representa el emprendedor? ¿Por qué este entusiasmo en promocionarlo?¿Saldrá España del hoyo si tenemos suficientes ideas culturales brillantes? Intentamos responder escuchando a los expertos.

    El 82% de los proyectos de emprendedores españoles fracasa a los cuatro años

    Escasa efectividad

    Los economistas Oriol Amat y Pilar Lloret son autores de un estudio que demuestra que el 82% de los proyectos de emprendedores españoles fracasa a los cuatro años. Si se escoge una base de 10.900 personas, sólo 1.200 tendrán capacidad económica para desarrollar una actividad empresarial, de las cuales las mitad se animan a emprender. A los cuatro meses, de esas 600 empresas sobreviven 208 y a los cuatro años solo quedan 104 empresas vivas -un triste 18%-. ¿Cómo se traduce esto al sector cultural? Preguntamos a Jaron Rowan, autor del libro Emprendizajes en cultura: discursos, instituciones y contradicciones de la empresarialidad cultural (Traficantes de Sueños, 2010).

    "La promoción del emprendizaje es un acto desesperado e histérico por parte de una administración pública, que no tiene ni muchas ideas ni gran capacidad para ejecutarlas. Como se dice vulgarmente, se trata de escurrir el bulto o pasarle el problema a los ciudadanos".  Los proyectos públicos y privados que estudió para su libro apenas han dejado rastro.

    "Repasando la lista de incubadoras, planes, instituciones y programas culturales con los que tuve contacto hasta 2010, apenas quedan dos abiertos. En cuanto han empezado los recortes, muchos han desaparecido. El neoliberalismo propone la eliminación del Estado y su substitución por lógicas de mercado, por eso no es de extrañar que la apuesta por los emprendedores surja con los primeros cierres y recortes de competencias de la administración pública", señala. 

    Las industrias culturales de aquí nunca han sido sostenibles por sí mismas

    No hay mercado en España

    El problema es más amplio de lo que parece. "Las industrias culturales de aquí nunca han sido sostenibles por sí mismas, sino que han necesitado una continua inyección pública para funcionar. No estoy diciendo que la cultura subvencionada sea un modelo bueno o malo, simplemente que la dicotomía estado versus mercado es una falacia en este sector", explica Rubén Martínez, investigador cultural, miembro del Observatorio Metropolitano de Barcelona.

    Rowan se muestra de acuerdo: "La producción cultural del estado español no genera beneficios económicos muy distribuidos, ni muy cuantiosos. Con la excepción de alguna película, algún musical o algún bestseller, la inversión en cultura es un ejercicio de alto riesgo. El modelo del emprendedor puede arraigar en el sector tecnológico, pero no en el cultural, ya que la frecuencia del taquillazo o un bestseller español es muy baja y difícil de determinar", señala.

    Un debate sepultado

    Llevamos varias décadas discutiendo sobre las subvenciones al cine, los límites de la propiedad intelectual y la necesidad de que España aumente la exportación de productos culturales. Tan enredados andamos en estos debates, que se nos olvida la cuestión fundamental. "Se ha borrado de la agenda pública pensar la cultura como un derecho. Un derecho quiere decir que es un bien de acceso universal. Los organismos públicos están obligado a garantizar el acceso universal a los bienes culturales impidiendo que los intereses políticos y los mercantiles se interpongan", explica Martínez. 

    Por supuesto, a muchos les puede sonar ingenuo, pero no faltan ejemplos de proyectos culturales públicos centrados en compartir en vez de competir. El gobierno de Ecuador ha puesto en marcha la iniciativa Flok Society, liderada por Michael Bawuens, referente de la cultura libre y las redes "peer to peer". Brasil creó el programa Pontos de Cultura, en tiempos del ministro Gilberto Gil, cuyo objetivo era descentralizar la circulación cultural y atender a la diversidad -los "puntos de cultura" llegaron hasta 2.500 poblaciones brasileñas-.

    En el Reino Unido, la BBC apostó por el Digital Public Space, una iniciativa que pone a disposición pública todos sus archivos, cediéndolos de manera gratuita, incluso para proyectos con ánimo de lucro.

    Factoría Cultural de Madrid
    Factoría Cultural de Madrid

    Pelotazos culturales

    Rosina Gómez-Baeza, ex directora de Arco, encabeza ahora Factoría Cultural en Madrid, que se financia entre el sector público -55.000 euros del Ministerio de Cultura- y diversos agentes privados ."Veo todas las ventajas a las políticas de apoyo a emprendedores. Es una obligación del gobierno cuando tenemos un 27% de paro. Me parece una pena que no se haya apostado antes, porque en países como Inglaterra llevan años con esto y han conseguido que las industrias culturales tengan un valor añadido superior al de los productos financieros", afirma.

    Jaron Rowan cuestiona este enfoque: "El modelo que articulan las ferias y viveros de emprendedores se basa en la alta rentabilidad, así que excluyen la poesía, el documental crítico, la creación audiovisual experimental… Es un intento de introducir la cultura del pelotazo en un sector en el que se trabaja con otras sensibilidades, economías y temporalidades".

    No hay nada malo en que un programa público te ayude a montar un servicio de diseño web

    El problema del mercado

    Gómez-Baeza define Factoría Cultural como un proyecto modesto y centrado en la asesoría. "No buscamos otra cosa que apoyar al creador en sus sueños, sus deseos y sus proyectos. No aspiramos a arreglar los problemas del mundo, que es muy competitivo, sino ayudarles a salir y mantenerse. Les orientamos en cosas como el networking, afrontar la burocracia, información fiscal, etcétera".

    En realidad, los viveros y ferias de emprendizaje no preocupan tanto por su actividad como por su lógica, que va ganando protagonismo en las políticas culturales de la administración. "No hay nada malo en que un programa público te ayude a montar un servicio de diseño web o una sala de teatro independiente, el problema es que esto se convierta en un mecanismo para situar al mercado como regulador de la producción cultural. El mercado no es solo un mecanismo que reproduce las desigualdades sociales, sino que encima las legitima. Tanto dinero tienes, tanta oferta podrás elegir y tanta cultura podrás producir. La solución no es simple, pero seguro que está en la mezcla de práctica comunitaria y reflexión sobre las instituciones públicas", remata Rubén Martínez.

    Cultura
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