publican el disco de versiones 'granada'

Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró, música contra el masaje

Es probable que esto no signifique nada, pero ella calza sandalias y él zapatillas. Claro que podía haber sido al revés, claro que podía ser de

Foto: Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández, juntos en 'granada'. (Antoine Passerat)
Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández, juntos en 'granada'. (Antoine Passerat)
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    Es probable que esto no signifique nada, pero ella calza sandalias y él zapatillas. Claro que podía haber sido al revés, claro que podía ser de otra manera, claro que no es más que un estúpido detalle elevado a la enésima potencia por alguien que ha creído ver algo más, algo parecido a una manera de ser. Y no es más que eso, una dichosa etiqueta, un puñetero prejuicio. Justamente aquí, ahora, con Silvia Pérez Cruz (Palafrugell, 1983) y Raül Fernández Miró (Barcelona, 1976), Refree, dos seres análogos e incompatibles. Así es, granada (Universal) ha nacido de la contradicción de dos músicos e intérpretes que pertenecen a planetas opuestos.

    En el parto también ayudó mucho Despegando, disco de 1977, en el que Enrique Morente y Pepe Habichuela hacen de una media naranja que ayudó a nuestros protagonistas a eso, despegar. El resultado es una apropiación inquietante y arriesgada de 15 canciones, formadas por capas y capas de elementos escénicos construidos a partir de las guitarras, las improvisaciones, el atrevimiento y el respeto. La voz (embriagadora voz de Silvia Pérez Cruz) es una parte más del espectáculo total. Que se presenta en Madrid, el 14 de junio, en Teatros del Canal. 

    Cuando toco con Silvia es como un calambre. No pienso en nada, ni en la mano, ni en la guitarra, ni el público, es la energía, la conexiónDos músicos, dos intérpretes sin necesidades pedantes, que han trajinado desde la experiencia a la experimentación: con la materia tradicional de la que siempre ha bebido Silvia y las apetencias vanguardistas de Raül. Y viceversa. No son radicales libres, ni revolucionarios vanguardistas. Digamos ya que son dos modestos artistas que han seleccionado canciones que les hacen estar pendientes de un hilo “emocional”. Las comillas son para subrayar el término que más asomará en esta entrevista.

    Es un disco fruto del esfuerzo y la voluntad de congeniar. Desde hace ocho años se juntan para afinar diferencias y comprobar la riqueza del big bang. Un choque visceral, al que no ha sido invitada la razón. Escuchen la deliciosa chimichanga concentrada que han hecho con tres temas de Albert Pla: Papa, jo vull ser totero, La sequía y La platja.
     

    “Albert abrió un camino nuevo”, asegura Silvia de esta pieza muy folk y muy concreta. “Antes trabajábamos desde el drama y el caudal desatado de la emoción. Pero había palabras de Albert que no podía cantar, no por pudor, sino por incapacidad del dibujo que hace mi voz. Así que unimos los cachos que eran posibles hasta que salió una canción nueva. Es un buen trabajo. Nos lo creemos mucho cuando lo hacemos”.  

    El calambre de Raül

    Y que se lo crean los demás depende también del envoltorio. Las voces, la música, sí, pero sus capas escénicas, sus luces, la intimidad de estas canciones que las convierten en carne de bombonera. Cuentan que era muy importante recrear en escena el trayecto de la profundidad de las canciones. Por cierto, de las 18 que venían trabajando desde hace tiempo, en el disco sólo han sobrevivido dos.  

    Serrat actuando con Silvia Pérez Cruz.
    Serrat actuando con Silvia Pérez Cruz.

    Como el directo de estas canciones ya lo conocían, lo difícil era pasarlo por el estudio. Hasta en tres ocasiones. Perfeccionistas que buscan la espontaneidad grabada; artesanos de la precisión, en medio de la velocidad y la jarana de la producción. “Ese nosotros para mí es un punto en el que dejamos de ser individuos para pasar a ser una especie de energía. Cuando toco con Silvia es como un calambre. No pienso en nada, ni en la mano, ni en la guitarra, ni el público, es la energía, la conexión”.

    El silencio es muy importante para nosotros. Vivimos en una sociedad que no lo respeta. Entendemos el silencio como parte de nuestro dúoEl calambre es, por ejemplo, la improvisación de los caminos que le abre Raül a Silvia. “Hay una manera de entender la música que es común, porque ambos buscábamos los recursos para hacer de nuestros estilos favoritos una manera propia. He tardado un poco en darme cuenta. Con la guitarra eléctrica no terminaba de encontrarme cómoda y ahora he visto que no se trataba de la guitarra eléctrica, sino de que no habíamos hallado el sonido que a mí me emocionara. Lo mismo con mi voz”, explica Silvia, que reconoce en los pactos y acuerdos el secreto para alcanzar la “sinceridad”. “Hemos sido muy valientes, porque nos hemos dejado llevar a sitios muy peligrosos para encontrar esa verdad”, añade.

    Hablan de buscar “el equilibrio”, porque esto –granada- suena a “funambulismo”. Ha sido un peregrinaje lento y profundo hacia un sonido peculiar, que une a Robert Schumann con Albert Pla, de Leonard Cohen a Enrique Morente, en un disco que nace alterado: desde el escenario al estudio. De ahí la inquietud, el desasosiego, la fragilidad y la fugacidad. De ahíla reivindicación de un espacio para la resistencia desde la lengua, el lenguaje, la palabra, la música y, por supuesto, el silencio.  

    “Ha sido así desde que nos conocemos. El silencio es muy importante para nosotros. Vivimos en una sociedad que no lo respeta. Entendemos el silencio como parte de nuestro dúo”, explica Raül. Es un disco para escuchar. No es un disco de acompañamiento. No es un hilo musical. “No es un masaje”, dice acertadamente.

    Pero hablábamos de la reivindicación de un espacio de excepción cultural, en el que bulle el catalán, el castellano, el francés, el inglés, el portugués y hasta el alemán. “Hemos sido unos inconscientes”, bromea él para referirse a la exigente tarea de Silvia. Sin etiquetas, simplemente música. Sólo su música, la que les gusta, como una declaración de principios: el Hymne à l’amour de Edith Piaf, Pequeño vals vienés (Federico García Lorca y Leonard Cohen), Que me van aniquilando de Entique Morente, Corrandes d’exili (Pere IV-Lluís Llach)…

    Las guitarras de Raül siguen jugando de fondo, creando capas y expresión. Emoción, emoción, emoción y canciones. Dice Silvia que ese es el secreto de este disco de versiones tan poco al uso, tan digno. Tan de verdad… “Estamos todos tan hartos de tanta mentira”, suelta Silvia. “Hay una necesidad tan grande de verdad y no es que nosotros la tengamos, pero es nuestra verdad. Esto se puede decir sin pedantería. Podemos defender este disco porque nos lo creemos. Es nuestra verdad y creemos en ella”. Brindemos por ello. Por ella. Por ellos. Basta. 

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