el historiador publica 'el evangelio fascista'

Ferran Gallego: “El franquismo no era ignorante”

“Hemos banalizado el franquismo para defendernos de él”, las comillas son del historiador Ferran Gallego, que publica El evangelio fascista. La formación de la cultura política

Foto: El escultor Emilio Aladrén Perojo (1906-1944) trabajando sobre un retrato de Franco. (Instituto del Patrimonio Cultural de España)
El escultor Emilio Aladrén Perojo (1906-1944) trabajando sobre un retrato de Franco. (Instituto del Patrimonio Cultural de España)
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    “Hemos banalizado el franquismo para defendernos de él”, las comillas son del historiador Ferran Gallego, que publica El evangelio fascista. La formación de la cultura política del franquismo (1930-1950), en la Editorial Crítica, en el que argumenta que el fascismo proporcionó un proyecto global a Franco. La intención de Gallego es desmontar la revisión del pasado reciente de este país que dice que aquí no hubo fascismo porque hubo una guerra civil, que actuó de cortafuegos ante la llegada del totalitarismo europeo.

    “La guerra civil fue la conquista del poder por un movimiento que en Europa se llamó fascismo. La guerra civil no es una alternativa al fascismo”, declara el historiador. La peculiaridad del caso español frente al europeo es que la guerra es el origen del fascismo, no el resultado. “En España, el fascismo toma el poder con la guerra civil, a diferencia de Alemania e Italia”, explica. No hubo un partido poderoso que implantara el fascismo, sino un proceso de fascistización reflejo del europeo.

    Nuestros jóvenes no son los de 1920, no creen en utopías o proyectos políticos. Está tan en crisis la posibilidad de la revolución, como la posibilidad de la contrarrevoluciónLa posición ideológica que ocupó el fascismo fue el de la construcción del discurso nacionalsindicalista. Y se ejecutó en estrecha relación con el pensamiento tradicionalista católico. “El fascismo ofrecía envidiables aspectos de modernización, de tensión militante, de atractivo juvenil y de llamada permanente a la nacionalización de masas, dando a su propaganda una singular vehemencia revolucionaria”, añade el autor.

    Evolución al imperio

    Otra característica propia del fascismo español es que fue el único caso revocable: es alterado sin echar a nadie del nuevo proyecto, sin romper con el 18 de julio. Ferran Gallego explica que el fascismo consigue evolucionar a una realidad propia basada en la idea del imperio católico, frustrado tras la derrota del siglo XVII.  

    En ese sentido, el historiador cita a Rafael Sánchez Mazas, quien defendía el establecimiento del mito de la nación y el mito del Imperio. “La misión de destino, como misión nacional en el mundo tiene esta disyuntiva: imperar o languidecer”. La tarea era rehacer España, actualizar la tradición y hacer de las raíces y los orígenes la originalidad española. “Todo nuestro avance está aquí: en el retroceso a las virtudes y razones que dieron a España en los siglos fuerza y esplendor”, escribe en Estado e Historia (1933).

    El descreimiento y la ironía hacen muy difícil que la gente vuelva a creer en un proyecto total, cuando lo hemos liquidado hace 40 añosFrancisco Javier Conde avisa en 1942 que el totalitarismo no había sido todo lo satisfactorio que se esperaba para superar el "fracaso" del Estado liberal. La alternativa era regresar a la doctrina que inspiró el Estado imperial español y demostrar que el pensamiento católico moderno podía enfrentarse a la torcida evolución política de la Europa protestante.

    “El español de hoy cuenta entre sus posibilidades con una que desde hace siglos ha perdido el europeo: la de ser movilizado desde la raíz por lo religioso”, escribió Conde, uno de los intelectuales más importantes del franquismo.

    Represión y franquismo

    El proyecto nacionalista español no miraba al futuro o al pasado exclusivamente, sino a ambos a la vez. Este era el punto de encuentro entre todas las diferencias que pudieran existir entre falangistas y sectores de extrema derecha. Según Gallego el franquismo combinó represión y convencimiento. “Se hizo con sutileza, erudición y potencia del discurso. Pero éste ha sido infravalorado para protegernos. El franquismo no era ignorante. No era mera retórica”, cuenta.

    La sutileza de los trabajos académicos rompía con el lenguaje expresivo de la propaganda y ensayaba en la incipiente ciencia política española. “La tarea debía subrayar la continuidad entre el proceso de fascistización y la consolidación del Nuevo Estado”. La elite académica se reafirmó en sus aseveraciones doctrinales desde antes de la guerra hasta los años de la transición, según explica el autor.

    Una sociedad que sólo trata de identificarse es una sociedad que termina por no identificar sus problemasSe formaron en la Alemania, donde los intelectuales de la “revolución conservadora” proporcionaban, desde los años veinte, propuestas para la construcción del nuevo Estado alemán, en el que debía ser abolida la democracia parlamentaria. Los pensadores franquistas “habían evolucionado radicalizando sus posiciones a medida que se aproximaba la guerra civil, convirtiendo sus simpatías hacia el fascismo en una identificación española con sus planteamientos”.  

    Tareas pendientes

    El fascismo no era un proyecto político más, era “la esencia de la nación”. “La única forma de ser español, porque saca el ser originario. Por eso no puede entender la pluralidad”. Parece que Ferran Gallego se acerca vertiginosamente el presente, pero aclara que el fascismo corresponde a su época, que es un dinosaurio adaptado a un ecosistema y que cuando éste cae, lo hace el dinosaurio. Fallece en 1945.

    ¿Y ahora qué? “Ahora el fascismo tiene un obstáculo fundamental: podemos tener conciencia de crisis, pero no tenemos conciencia de crisis de civilización. Hace mucho tiempo que dejamos de creer en los grandes proyectos emancipadores, en los grandes proyectos totales. El descreimiento y la ironía hacen muy difícil que la gente vuelva a creer en un proyecto total, cuando lo hemos liquidado hace 40 años. Nuestros jóvenes no son los de 1920, no creen en utopías o proyectos políticos. Está tan en crisis la posibilidad de la revolución, como la posibilidad de la contrarrevolución. Los movimientos de protesta actuales son espasmódicos”.

    Ese escenario populista, sin embargo, sí lo identifica en Cataluña, donde el historiador catalán encuentra una sociedad de creyentes. “No es que sean fascista, es que tienen la necesidad de creer en algo. Pero supone una pérdida de calidad democrática, porque una sociedad que sólo trata de identificarse es una sociedad que termina por no identificar sus problemas”. Por ejemplo, las resonancias de una cultura corporativa, autoritaria y una ciudadanía pasiva. 

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