veto oficial al envío postal de textos

Cárceles inglesas: prohibido leer libros... menos '50 sombras de Grey'

Justicia alega motivos de "seguridad" y asegura que las bibliotecas carcelarias están bien surtidas. Los escritores se movilizan contra la medida

Foto: La poeta Carol Ann Duffy y la actriz Vanessa Redgrave protestan a las puertas de la prisión de Pentonville contra la prohibición de enviar libros. (Reuters)
La poeta Carol Ann Duffy y la actriz Vanessa Redgrave protestan a las puertas de la prisión de Pentonville contra la prohibición de enviar libros. (Reuters)
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Podría haber sido una escena concebida por los Monty Python pero ocurrió en el mundo real: el ministro británico de justicia Chris Grayling discutiendo con sus subalternos si era o no apropiado permitir que esa joya de la literatura universal titulada 50 Sombras de Grey, esté disponible en las bibliotecas de las cárceles femeninas.

"Si el libro las incita a leer más, bienvenido sea". Con este 'sólido' argumento trataba Grayling de defenderse en una carta abierta de las iras de la comunidad literaria tras su decisión de prohibir el envío directo de libros a presos. Él, dice, siempre ha estado a favor de la lectura. Pero desde el pasado noviembre, si quieren leer, los reclusos británicos dependen exclusivamente de las bibliotecas de sus prisiones, no especialmente célebres por su oferta o su calidad literaria, como demuestra el título escogido por Grayling, quien recurrió a contar esa anécdota para subrayar que él nunca ha estado en contra de los libros en las prisiones.

Los presos ya no pueden recibir paquetes que no sean de extrema necesidad. Los libros no entran en esa categoríaCon la excusa de la seguridad, y para evitar la entrada de drogas, por decisión del ministro los presos ya no pueden recibir paquetes que no sean de "extrema necesidad". Los libros no entran en esa categoría. Las revistas y la ropa tampoco. Su idea es que los compren realizando tareas en las prisiones que les permitan ganar dinero por buen comportamiento. Una pretensión algo absurda, teniendo en cuenta que un preso puede ganar como máximo unos 20 euros a la semana (con suerte… ¿dos libros?) y pasa en su celda unas 40 horas a la semana. Por eso la comunidad literaria, con el escritor Mark Haddon a la cabeza recogiendo firmas, la ONG literaria PEN y organizaciones que velan por las condiciones de los presos, como la Howard League for Penal Reform, están haciendo ruido a través de la campaña Books for Prisoners para que se revoque esta orden, entre otras cosas porque el estado de las bibliotecas de prisiones es bastante lamentable, según un informe publicado por la Howard League.

El pasado 23 de abril, coincidiendo con el día del libro, la sede inglesa del PEN envió libros a presos de todo el mundo, una iniciativa que arrancó hace años en lo que ellos bautizaron como La noche de los libros, cuando reparten a mano libros por el Reino Unido entre la gente con más bajo índice cultural. Irónicamente, los presos de su país – el 40% leen como niños de 11 años, según el subsecretario de Justicia, Sadiq Khan- no pudieron recibirlos. Ante esa imposibilidad, el PEN ha invitado a escritores, activistas o periodistas que en algún momento estuvieron presos y cuyas causas defendió la organización, a que escriban sobre la importancia de los libros durante su estancia en prisión.

Protesta contra la prohibición de enviar libros a las cárceles. (Reuters)
Protesta contra la prohibición de enviar libros a las cárceles. (Reuters)

Quizás al lector español le sorprenda descubrir que entre los que han respondido está Teresa Toda, periodista que fue subdirectora del diario Egin en la década de los noventa y quien pasó seis años en la cárcel condenada por colaboración con ETA (como otros periodistas del mismo diario). "Hice algunas cosas positivas mientras estuve en prisión pero una de las más importantes fue leer. [..] Le pedía a amigos y familiares libros sobre los que leía en periódicos o revistas y esperaba con impaciencia a que me los enviaran. […] Leer ayuda a los que están en prisión por sus duras circunstancias personales o sus privaciones sociales a mejorar, a prepararse mejor para el momento en que van a salir a una sociedad que está en constante cambio y exigirá mucho de ellos para permitirles un lugar en ella. [..] Impedir el libre flujo de libros es una ofensa contra los derechos humanos en un momento de la historia en que deberían expandirse, no estrecharse".

Precisamente porque tienes libros sabes que cada día que pasas entre rejas no es en vanoJunto al nombre de Toda está el de Nadezhda Tolokonnikova, un miembro de la banda rusa Pussy Riot, quién pasó en la cárcel un año y medio tras ser condenada por vandalismo por el gobierno de Putin tras pedirle durante una performance en la Catedral de Moscú a la Virgen María que echara del gobierno al presidente. "Los libros son toda tu vida cuando estás preso. Precisamente porque tienes libros sabes que cada día que pasas entre rejas no es en vano. Te despiertas y te duermes con un libro. Las prisiones son probablemente el lugar más texto-céntrico de nuestra realidad contemporánea". Entre otras cosas sorprende descubrir que uno de los libros que más la ayudó durante su encierro fue el Nueva Testamento, algo que incluso ella califica de irónico teniendo en cuenta que durante su juicio fue acusada de anti-cristiana.

Algunos textos son particularmente conmovedores, como el del periodista nigeriano Kunle Ajibade, quien estuvo encerrado en una prisión "que olía a carne podrida, a excrementos, a orina" pero adónde sí llegaban los libros del exterior. "Yo soy testigo de lo terapéuticos que son los libros en momentos de oscuridad. ¿Es posible que alguien a quien realmente le preocupe la humanidad quiera negarle a un prisionero fortaleza para la mente?".

Los libros no deberían ser un privilegio. Son esenciales. También les podrías quitar la comida o el agua a los presosLa campaña para volver a poner los libros rumbo a las prisiones cuenta con el sólido apoyo de toda la comunidad literaria británica, desde Ian McKennan a Salman Rushdie pasando por Irvine Welsh o Carol Ann Duffy e incluso actrices como Vanessa Redgrave, que el mes pasado se dejó ver a las puertas de la prisión de Pentonville en un acto público de protesta en el que se leyeron poemas y se criticó la decisión del gobierno. "Los libros no deberían ser un privilegio. Son esenciales. También les podrías quitar la comida o el agua a los presos. Si las prisiones tienen algo que ver con la rehabilitación los libros te alimentan psicológicamente, emocionalmente y educativamente. Son la mEjor manera de sacar a la gente del camino en el que están metidos", proclamó entonces la escritora Kathy Lette.

En una semana en la que el mundo entero ha llorado la muerte de un escritor universal como García Marquez, ha celebrado el 450 aniversario del nacimiento de otro genio, Shakespeare, y se ha entregado el premio más importante de las letras españolas, el Cervantes, clamar para que los libros y todo el universo que desfila por sus páginas puedan volver a entrar libremente en las prisiones británicas no parece una petición descabellada. Hasta Luis María Ansón – la antítesis ideológica de Teresa Toda- estaría de acuerdo: buceando en internet se puede leer una carta abierta que el antiguo director de ABC le escribió a la periodista (con la que trabajó en ABC) contando que hizo gestiones tres veces para visitarla…. y llevarle libros.  

"Querida Teresa: Consternado, te dirigí una carta pública cuando ingresaste en prisión. Satisfecho por tu libertad, vuelvo a escribirte ahora. Tal vez no sepas que por tres veces hice gestiones para visitarte en la cárcel y llevarte algunos libros de interés y, también, mi afecto personal. No olvidaré nunca la suerte que tuve al trabajar junto a ti en el ABC verdadero. Eras una profesional del periodismo ciertamente excepcional y yo admiraba tu capacidad para rastrear la noticia y tu preparación cultural. Después la vida te llevó por otros rumbos... Me opuse públicamente a la tropelía de que se suspendiera el diario [EGIN] porque los periódicos no delinquen. Lo hacen a veces sus empresarios, sus directivos o sus colaboradores y sobre ellos debe caer el peso de la ley. Pero o se está con la libertad de expresión o se está contra la libertad de expresión. Y si se está con la libertad de expresión hay que hacerlo con todas sus consecuencias. Cerrar un periódico socava la libertad de expresión", escribió Ansón.

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