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Boots Riley: "La mayoría de la humanidad no cree en el capitalismo"
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Entrevista con un mito del hip-hop político

Boots Riley: "La mayoría de la humanidad no cree en el capitalismo"

Boots Riley, líder de The Coup analiza las claves de su música y de la sociedad actual. La banda estará de gira por cinco provincias de nuestro país en mayo

Foto: Boots Riley, líder de The Coup
Boots Riley, líder de The Coup

Raymond Lawrence Riley nació en 1971. Sus padres fueron activistas en la lucha por los derechos civiles de la comunidad negra. Trabajaban en Chicago, el estado del norte que más destacó en su rechazo al racismo. El joven Raymond se introdujo la militancia política a los catorce años, pero también sintió la llamada de la música. En 1991 funda el grupo The Coup, uno de los nombres clave del rap con mensaje social.

Sus influencias van de Karl Marx a Prince, pasando por Public Enemy, pero siempre se ha mostrado escéptico con la eficacia de las letras combativas: “Se le dio demasiada importancia a la primera oleada de hip-hop político. El público se vino arriba y empezó a lucir medallones africanos pensando que su vida iba a cambiar. El problema es que cuando volvían a casa seguían encontrando la nevera vacía. Para ellos, el movimiento no tuvo consecuencias en el mundo real. Cualquier música que se califique como política debe de estar conectada con organizaciones o movimientos sociales que trabajen para mejorar las condiciones de vida de la gente".

El próximo mayo, The Coup ofrecen una extensa gira por nuestro país: La Coruña (8), Oviedo (9), Vitoria (10), Madrid (13), Barcelona (14) y Zaragoza (15). El Confidencial habló con Riley durante una hora.

PREGUNTA: ¿Qué opinas del estado del hip-hop en 2014?

RESPUESTA: Tan bueno como siempre. En realidad, no escucho tanto rap, ando más metido en géneros negros clásicos, como el soul o el funk. Lo que falta en Estados Unidos es un movimiento social masivo que se oponga a la rapiña de las grandes empresas. Si ese movimiento existiera, tendríamos rap comprometido, funk comprometido y hasta rock comprometido.

En los años ochenta, los raperos rimaban sobre chicas guapas y cadenas de oro. Ahora siguen hablando de lo mismo. ¿Sabes por qué la mayoría de las canciones populares tratan sobre dinero? Porque, en esta sociedad, la mayoría no tenemos el dinero necesario para desarrollarnos como personas. Vemos los billetes como la llave de la libertad. En realidad, tenemos una idea muy pobre sobre lo que significa ser libre, parece que no basta con tener que preocuparnos de pagar el alquiler.

El rapero Master P. escribió una canción titulada "Ghetto D", que básicamente explicaba cómo fabricar crack. No lo hizo para chulearse, sino porque buscaba ayudar a la gente a sobrevivir en una sociedad hostil, donde solo cuenta el dinero. En su cabeza, era una solución práctica, porque ayudaba a la gente a tirar para adelante. Su intención era buena, aunque yo no esté de acuerdo, porque el único paso inteligente es organizarnos. Estamos muy centrados en el camino individual, pero hay otro comunitario, que requiere movimientos colectivos.

P.: ¿Se ha perdido el sentido de comunidad en la música negra?

R.: Creo que no. De los años sesenta y setenta no puedo hablar, porque no los viví, pero ahora existe un gran sentido de la comunidad. ¿Cuál es la principal actividad de la policía ahora mismo? Disolver fiestas. ¿Por qué? Porque crean lazo social y sentido de la comunidad. En Estados Unidos, y también en otras partes del mundo, existe una costumbre que se llama sideshow, donde la gente se junta con sus coches en un descampado, trae donuts, bebida y se ponen a hacer locuras al volante. Cuando esos encuentros son de gente blanca, el sistema los mira bajo una luz romántica y les dedican películas como American Graffiti (George Lucas, 1973). Si quien lo ha organizado son negros o latinos, se acerca el coche patrulla a ver si pueden pararlo de alguna manera. Lo perciben como algo peligroso.

placeholder El grupo de rap, The Coup

La gente que compra alcohol y se pone a beberlo delante de la tienda no es peligrosa, al menos no se puede suponer que sea más hostil que los blancos que acuden a bares finos. El problema es que los medios de comunicación y la policía criminalizan a los pobres.

P.: Se supone que eso es algo típico de los países protestantes.

R.: Aquí se culpa de la pobreza a quien la sufre. En realidad, la pobreza no es un defecto, sino una necesidad del capitalismo para funcionar. Lo curioso es que yo estoy de acuerdo con las élites en una cosa: la pobreza es culpa de lo pobres. No porque seamos idiotas, sino porque deberíamos recurrir a la huelga más a menudo. Así no podrían intimidarnos hasta el extremo de aceptar esos sucedáneos de sueldo que nos pagan.

El desempleo es la gasolina del capitalismo. Lo que permite mantener los sueldos bajos. A la clase dirigente le asusta que florezca el mercado negro, ya que es otra forma de crear comunidad para los de abajo. Si los italianos participan en el mercado negro, les dedican esas películas épicas sobre la mafia, donde todo está romantizado. Se les presenta como héroes inteligentes.

El desempleo es la gasolina del capitalismo. Lo que permite mantener los sueldos bajos. A la clase dirigente le asusta que florezca el mercado negro, ya que es otra forma de crear comunidad para los de abajo

Si el mercado negro lo organizan latinos o afroamericanos, el enfoque es bien distinto, como si fuéramos una especie de bestias salvajes incapaces de controlarnos. Las élites quieren que percibamos a los pobres como alguien distinto de nosotros. El racismo es una herramienta política para mantenernos separados. La única salida posible es una revolución multicolor en la que nos sacudamos la opresión de las élites.

P.: ¿Qué impide que ocurra eso?

R.: En realidad, la mayoría de la humanidad ya está convencida. Apenas hay personas que crean en el capitalismo. Casi todo el mundo sabe que el sistema nos explota miserablemente. El problema es que una amplia mayoría social piensa que no se puede hacer nada al respecto. Luego están los que creen que sí se puede, pero no tienen claro cómo empezar. No es un asunto sencillo.La tarea de los disidentes es convencer al resto de que la batalla se puede ganar.

¿Por qué no lo hemos conseguido? Nos centramos demasiado en explicar asuntos macroeconómicos y dedicamos poco tiempo a destapar los mecanismos de explotación. La mayor contradicción del capitalismo es la explotación de la fuerza de trabajo. Deberíamos dedicar más tiempo a explicar por qué la mayoría sufre para pagar su alquiler. La vida de todos sería mucho más sencilla con otro sistema social. ¿Qué alternativa política proponemos? Una en la que los trabajadores tengan mayor acceso a la riqueza que generan.

P.: ¿Dirías que los guetos de Estados Unidos están peor o mejor que los años noventa?

R.: Están peor. No es necesario vivir allí para saberlo: cuando sube el paro, siempre empeoran las condiciones de vida de los pobres. Elegir una marioneta digna para la Casa Blanca, por ejemplo Barack Obama, no supone mucha ayuda. El poder no es del presidente, sino de las élites económicas. Los políticos son sirvientes y facilitadores. Hay pequeñas diferencias entre presidentes de EE.UU, pero son las mismas que puedes encontrar en cualquier comisaría entre el que hace de "poli bueno" y el que hace de "poli malo".

P.: ¿No ayudaron, por ejemplo, los programas de Franklin Delano Roosevelt a salir de la Gran Depresión?

R.: Si lo planteas así, te dejas fuera un montón de cosas importantes. Es más sencillo hacer cambios para un presidente derechista que para uno de izquierda. El truco está en que el derechista solo hace cambios si está presionado por un movimiento social fuerte. Aunque pocos lo recuerden, Nixon fue quien aprobó los programas de Discriminación Positiva, no por gusto personal, sino porque tenía una enorme presión de movimientos sociales en casa y en el resto del mundo. Quería evitar que creciera el sentimiento revolucionario.

En realidad, hay que mirar más atrás: durante los años veinte, hubo muchas huelgas en Colorado, por ejemplo las de los mineros militantes. Los Rockefeller contrataron matones de la agencia Pinkerton para romper huelgas y los mineros se armaron para defenderse. El sur echaba humo y el Partido Comunista ayudó bastante. Hay que recordar que en esa época había en EE.UU un millón de comunistas con carné en una población de 127 millones de personas (también había muchos simpatizantes comunistas sin carné).

Otro momento histórico importante fue la Bonus March de 1932: fue una manifestación masiva de veteranos de la Primera Guerra Mundial, soldados pobres que se morían de hambre. Acudieron armados a Washington, pero el general McArthur les recibió con tanques y no fueron concedidas sus demandas. En Utah, Montana, Idaho, Alabama y Michigan cuajó un gran magma revolucionario. Hoover tenía razón cuando llamó a esos lugares "criaderos de actividad comunista".

En el Medio Oeste los obreros ocupaban fábricas para reclamar subidas de sueldo y otras medidas revolucionarias. Las élites empezaron a tener miedo, por eso hicieron concesiones, no por su buena voluntad.

P.: ¿Hubo algún acontecimiento histórico o social que contribuyera a politizarte?

R.: Cuando era adolescente, a los catorce o quince años, me apunté al Progressive Labour Party. Ayudábamos a la Organización de Granjeros Antirracistas, en el Valle Central de California. Trabajé en la ciudad de Delano y alrededores. La mayoría de mis compañeros eran miembros de la Unión de Granjeros que habían sido expulsados por su afiliación comunista. Su gran pecado político fue pedir que se admitiera en la organización a inmigrantes sin papeles, ya que hasta entonces solo se había aceptado a los que estaban en California de manera legal.

Yo participaba durante el verano y vivía con los granjeros. Me levantaba con ellos a las tres de las mañana para trabajar y luego organizaba una manifestación o un mitin. Allí encontré ciudades pequeñas, pero ciudades enteras, donde todo el mundo hablaba de revolución. Aprendí que la mejor forma de conseguir que un empresario negocie consiste en convencer a su fuerza de trabajo de que deje de recoger uvas. No es lo mismo leerlo en un libro que vivir cómo funciona algo así en la práctica.

P.: Has dicho alguna vez que tener éxito puede ser un obstáculo para grabar buenos discos. ¿Nos lo puedes explicar?

Tradicionalmente, el mejor arte sale de posturas a la contra. Los músicos rompedores suelen tener un criterio que desafía los valores establecidos. Prince sabe que va a tener fans toda su vida, pase lo que pase, eso le ha hecho perder interés en su trabajo

R.: Creo que los músicos llegan a su cima creativa cuando tienen que llamar la atención. Especialmente los chicos cuando quieren conseguir sexo. Una vez que tienen todo, baja el nivel artístico. Prince toca demasiado bien, tiene millones de seguidores y cree que lo sabe todo. Eso ha afectado negativamente a su música. Lo digo con pena porque es uno de mis artistas preferidos.

Tradicionalmente, el mejor arte sale de posturas a la contra. Los músicos rompedores suelen tener un criterio que desafía los valores establecidos. Prince sabe que va a tener fans toda su vida, pase lo que pase, eso le ha hecho perder interés en su trabajo. En The Coup somos muy conscientes de ese tipo de peligros. Intentamos poner toda la pasión en nuestras canciones. Las reflexiones políticas que te he soltado en esta charla no sirven para hacer de The Coup un grupo mejor. De hecho, yo apenas escucho música combativa porque la mayoría de los artistas políticos me suenan aburridos.

No es frecuente encontrar una buena banda política. Ese tipo de artistas suele pensar que el mensaje es suficiente. Para mí, no tienen razón: lo único importante es la habilidad musical que tienes y como la usas. The Coup tocamos a un volumen tan alto que el mensaje no se escucha. Hacemos una mezcla bastante enloquecida de punk, funk, soul y hip-hop. La gente suda y baila en nuestros conciertos. No entienden nada de lo que digo, pero quien lo ha pasado bien busca las letras al llegar a casa y se enteran del mensaje que queremos compartir.

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