Hanif kureishi desata la polémica

Cursos de literatura creativa: ¿Una pérdida de tiempo?

El escritor británico califica las clases que enseñan a escribir una buena novela como inservibles a pesar de que él las imparta en la Universidad de Kingston

Foto: El escritor británico Hanif Kureishi (EFE)
El escritor británico Hanif Kureishi (EFE)

Hanif Kureishi (Londres, 1954) es una de las voces más influyentes de la literatura británica actual. Comenzó su carrera con su novela más celebrada, El buda de los suburbios, publicada en 1990 cuando ya estaba en la treintena. La fama de Kureishi se ha visto refrendada por sus guiones para filmes como Mi hermosa lavandería (por la que obtuvo una nominación al Oscar), o más recientemente The Week-end.

El autor también se encarga de enseñar a escribir novelas, guiones y obras de teatro en la Universidad de Kingston en Londres, una entidad que le ha reconocido como catedrático y miembro de honor.

Hasta aquí todo normal, un escritor de prestigio que decide enseñar a los jóvenes sus conocimientos. El problema ha llegado el pasado fin de semana, cuando en un acto del Festival Literatura Independiente de Bath (promovido por el departamento de Escritura Creativa de la Universidad local) el propio Kureishi ha declarado que los cursos de escritura creativa son “una pérdida de tiempo”, según recoge el diario inglés The independent.

El realizador de la película británica 'le week-end' roger michellk (a la derecha), acompañado del guionista, hanif kureishi. (efe)
El realizador de la película británica 'le week-end' roger michellk (a la derecha), acompañado del guionista, hanif kureishi. (efe)
El autor argumentó que la mayoría de los alumnos que acuden a estos cursos no tienen las cualidades necesarias para convertirse en escritores: “Es probable que el 99,9% de estudiantes no tengan talento” explicó.

Javier Sagarna, director de Escuela de Escritores (Centro encargado de impartir un Máster de Narrativa y Cursos de Literatura Creativa) cree que este pensamiento es algo habitual en muchos escritores que creen que si ellos pudieron hacerlo sin ayuda, el resto también debe hacerlo, aunque en su opinión casi todos los autores tuvieron al menos “un mentor o un grupo o tertulia literaria en la que se leía y aprendían los unos de los otros”. Comparte con Kureishi que el talento no se puede enseñar, aunque “sí se estimula, se descubre, se orienta, se pule, se pone en contacto con otros talentos para que madure, se mima, se afina, se potencia y se multiplica”.

Abajo la prosa

En opinión del autor británico existe una excesiva preocupación en estas clases sobre la forma, y poca sobre el contenido. “Muchos de mis alumnos no pueden contar una historia. Pueden escribir frases, pero no saben cómo hacer que una historia se dirija hacia su final sin que la gente se muera de aburrimiento por el camino. Es algo muy difícil de hacer, y es una gran habilidad la que hay que tener. ¿Se puede enseñar eso? No lo creo” completó Kureishi.

Muchos no entienden que es la historia la que realmente te ayuda. Se preocupan de la escritura y de la prosa y piensas: ¡Qué le den a la prosa! Nadie se va a leer tu libro por tu forma de escribirLa poca importancia que dan los profesores a la historia volvió a centrar otro de sus ataques: “Muchos no entienden que es la historia la que realmente te ayuda. Se preocupan de la escritura y de la prosa y piensas: ¡Qué le den a la prosa! Nadie se va a leer tu libro por tu forma de escribir, lo único que quieren es descubrir lo que ocurre después”.

Una opinión que Javier Sagarna no comparte: “Es una forma de verlo muy de guionista. Estoy seguro de que Proust o Joyce no le darían la razón; ni Conrad ni García Márquez, ni Bradbury, Umbral, o Foster Wallace… La historia, sin duda, es fundamental en la mayoría de los textos: encontrar una buena historia y contarla con vigor y ritmo es indudablemente la labor de un narrador. Pero la prosa es el vehículo para contar esta historia y debe cuidarse al menos de la misma manera” concluye.

Según Kureishi, de 59 años, el problema de todos estos cursos está en el excesivo número de profesores que hay en ellos: “Hay demasiados profesores, y la mayoría de ellos te van a enseñar cosas que son una pérdida de tiempo” contaba el escritor en su discurso a la vez que añadía que él no pagaría miles de libras para apuntarse en un curso de escritura creativa: “Sería una locura, preferiría encontrar un profesor que creyera que va a ser bueno para mí”. La enseñanza personalizada como alternativa.

Consciente de la paradoja que supone su crítica cuando él mismo es profesor de Universidad y enseña cómo escribir guiones y novelas, el autor también habló sobre su relación con sus alumnos y lo que intenta enseñarles. Una labor que define como de terapista en vez de maestro.

“No puedo darles talento, pero puedo decirles: Mira, si haces esto vas a desperdiciar mucho tiempo” dijo Hanif Kureishi que considera que su fin no es crear grandes escritores.

No puedo darles talento, pero puedo decirles: Mira, si haces esto vas a desperdiciar mucho tiempoUna visión pesimista que quedó refrendada cuando admitió que antes pensaba en convertirse en un artista pero que, actualmente y con tres hijos que mantener, trabaja para la industria y para ganar dinero.

Javier Sagarna considera que estas declaraciones dejan ver que Kureishi no es un profesor vocacional. “Parece incapaz de comprender la maravilla que es ver cómo los alumnos desarrollan poco a poco sus capacidades hasta llegar mucho más lejos de lo que nunca soñaron. ¿Es un fracaso si luego no publican y no salen en los medios? Lo dudo mucho. Si han aprendido a expresarse, a contar historias, si han leído mucho y bien y digerido esas lecturas, si escriben con oficio y al máximo de su talento, el único fracaso puede ser para el ego del alumno. O el del profesor” añade.

Tras las declaraciones del autor británico han sido muchos los que han criticado la doble moral de Kureishi. Por un lado critica este tipo de cursos, mientras que cobra por impartirlos. En su defensa ha salido un representante de la Universidad para la que trabaja, que ha manifestado que el escritor está contratado por su “provocadora e inspiradora contribución”, algo que los estudiantes “alaban constantemente de él, además de beneficiarse de sus consejos”. Consejos que si siguieran al pie de la letra les llevaría a abandonar su propia clase.

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