segundo juicio contra Eugenio merino

La Fundación Francisco Franco define "arte"

“Hemos conseguido que Eugenio Merino no vaya a ferias de arte”. Al artista censurado se le ha quedado clavada esa declaración de los representantes de la

Foto: Eugenio Merino, junto a la pieza 'Always Franco', en ARCO 2012.
Eugenio Merino, junto a la pieza 'Always Franco', en ARCO 2012.
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“Hemos conseguido que Eugenio Merino no vaya a ferias de arte”. Al artista censurado se le ha quedado clavada esa declaración de los representantes de la Fundación Francisco Franco, en el segundo juicio por la segunda denuncia a la que ha tenido que hacer frente. A pesar de que la Justicia sentenció que el artista obró como tal y no ofendió a nadie al mantener bien refrigerado una figura de Franco en una máquina de refrescos, la corporación que se dedica a mantener viva la memoria del dictador creyó que Merino volvía a faltar el honor de Franco clavando su cabeza –la de un muñeco- en un punching ball.

La persecución contra la libertad de expresión del artista que revolucionó aquel lejano ARCO 2012 ha tenido hoy en los juzgados de Plaza de Castilla un capítulo decisivo en la definición del arte. ¿Qué es el arte contemporáneo para la Fundación Francisco Franco? Es la pregunta que la abogada de Eugenio Merino, Susana Repiso, planteó a Jaime Alonso, presidente de la Fundación para demostrar que el organismo y sus representantes desconocen el fundamento de la denuncia que han planteado: eso no es arte, es un insulto. Piden 12.000 euros a pagar por el artista.  

La obra por la que ha sido denunciado Merino.
La obra por la que ha sido denunciado Merino.

“El arte no puede denigrar ni ofender”; “No pueden injuriar a personas que han sido de notable relevancia en la nación, en Europa”.

La Fundación ya calificó la obra de Merino en su primera demanda, en referencia a Always Franco, de “bodrio artístico” y “ofensa, que caricaturiza al anterior Jefe de Estado y que constituye una provocación en toda regla”. Para los abogados de la Fundación Francisco Franco lo que hace Merino no es arte.

La definen como “un escarnio a la figura de Francisco Franco que no se puede consentir”, “un atentado” que reproduce al dictador “rayando con lo grotesco y lo ofensivo”, que caricaturiza “al anterior Jefe de Estado”, y, en resumen, que es una provocación. Se alega que Merino ridiculizó a Franco para darse relevancia porque, según su parecer, es “un autor desconocido”.

Un ideal dogmático y tiránico

Para Fernando Castro Flórez, filósofo, especialista en estética, crítico de arte y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, los responsables de la Fundación “tienen una concepción platónica del arte, que es el origen de la concepción dogmática y tiránica del arte”. Para Platón el arte no debía trasgredir los límites y establecía que las fuerzas del orden persiguieran a quien lo faltase.

Platón quería expulsar al artista de la ciudad si éste no aplicaba la moral. Los franquistas han expulsado a Merino de ARCO, donde despliega su tarea”, añade el filósofo. Lo han podido hacer con el beneplácito de Ifema (José María Álvarez del Manzano) y con la dirección de la feria de arte contemporáneo. “Hoy en día la labor del arte no puede establecerse a partir de lo ejemplar, lo moral y lo que no insulta. La realidad es un insulto continuo. El arte contemporáneo no puede ser dogmático, estatal, nacional y programático como el que ellos proponen”. 

Platón tuvo réplica en Heidegger y el nazismo. El filósofo alemán propuso también un arte estatal y normativo. “Nosotros no tuvimos a un Heidegger, aunque Ortega y Gasset fue un fascinado de eso, pero tuvo la suerte de tener cerca a Ramón Gómez de la Serna que le impidió la deriva totalitaria”, añade Castro Flórez. “Definieron el arte como el espíritu del pueblo, el folclore. Wagner es otro momento totalitario neoplatónico. Que en España fue Lola Flores y la copla”.

El artista eugenio merino 'manda' por mensajería militares vivos a la guerra
El artista eugenio merino 'manda' por mensajería militares vivos a la guerra
En las fuentes originales de la idea del arte que pretende la Fundación Francisco Franco están las palabras del ministro de Educación franquista, Joaquín Ruiz Giménez, quien impuso en los años cincuenta una visión del arte desde la trascendencia, la autenticidad, la españolidad y el decoro.

Una idea que cuadra a la perfección con la definición de arte del organismo que denuncia el trabajo de Merino y defiende el honor del dictador en el juicio: “Fortificar 
el 
sentido 
nacional, huyendo
 de 
todo 
falso 
universalismo, 
de 
toda 
provinciana 
admiración 
por 
lo 
que 
se 
hace 
fuera 
de 
la 
propia
patria, 
lo
 cual 
no
representa,
ni 
mucho 
menos,
desviar
 a 
los artistas 
de 
las 
corrientes 
universales
 del 
arte,
 sino 
tan 
sólo 
procurar 
estar 
atentos 
a 
sus valores 
propios”.

Una vez la jueza dicte sentencia la próxima semana sobre la nueva denuncia, el debate sobre la mentalidad retrofranquista en la actualidad y sus imposiciones “dogmáticas y fanáticas” quedará abierto. La Justicia ya ha demostrado estar de lado del artista y su libertad de expresión, pero ¿y la industria artística?

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