Arranca la primera jornada de ventas en arco

A Roures le gusta el arte de 20.000 euros

El dueño de Mediapro pasea por la feria y se acerca a la obra de un artista cubano que trata el desarraigo y la naturaleza, dos de sus temas favoritos

Foto: Jaume Roures, recogiendo el Goya a Mejor Película por 'Camino' en 2009 (EFE)
Jaume Roures, recogiendo el Goya a Mejor Película por 'Camino' en 2009 (EFE)
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Los coleccionistas son gente normal que lo deja todo por una barra libre de buen café con cruasanes calientes. ARCO les recibe con toda suerte de cariños para que aflojen la cartera. La c-arte-ra. Dicen que el buen coleccionista es el que sabe negociar el primero para salvar la segunda. También que la sensibilidad no está reñida con el buen gusto, pero basta darse una vuelta por la feria para entender que, aunque puedan parecer la misma cosa, no tienen por qué serlo. De hecho, en apariencia no coinciden nunca.

En ARCO se sienten cómodos por dos días, el miércoles y el jueves. Entonces la feria se abre de puertas para recibir a quien quiera hacer negocios en ella. Son dos días de frenesí neoliberal, en los que se puja por un artista reconocido, se apuesta por una promesa y se regatea todo. Bienvenidos todos, los que lo hacen con factura y los que prefieren la “B”. Como escribía María Dolores Jiménez-Blanco, en el informe El coleccionismo de arte en España, para la Fundación Arte y Mecenazgo de La Caixa: “El coleccionismo privado español sigue siendo escaso y, sobre todo, silencioso”. De un mudo casi oscuro.

Jaume Roures junto al galerísta, ante la pieza de Mayet.
Jaume Roures junto al galerísta, ante la pieza de Mayet.
No importa porque son los salvadores del arte contemporáneo español y tienen la mesa para hinchar la burbuja durante dos jornadas. No se espera a Cristóbal Montoro. Uno de los artistas que aguarda en su stand a la marabunta de compradores propone un “Especial opacidad en el arte contemporáneo”, en el que se pregunte a la fauna de feria por la última vez que vendió y compró arte contándoselo a Hacienda. De hecho, en el informe citado se aclara que desde la Transición democrática el auge del inversor en arte era desconocido en la historia anterior del país. Eso no significa que haya ido acompañado de “transparencia”.

Así que bienvenidos todos menos los aguafiestas, porque todo está en venta, desde los más radicales a los más templados, desde los más ásperos a los más amables. Precisamente, nuestro protagonista se ha parado ante una bonita obra de Jorge Mayet, artista cubano de 52 años, que abandonó la isla y ahora vive entre Berlín y Palma de Mallorca. Nuestro coleccionista ha pasado primero por la galería de Ivorypress, en el pabellón 7, pero no parece haberle atraído nada. La galería de la doctora Ochoa y mujer de Norman Foster siempre tiene un producto muy sofisticado. Él sigue pasillo abajo hasta que se topa con esa tajada de tierra arrancada y al vuelo de Mayet. Ha debido pasar por ese momento del que hablan, el “enamoramiento”.

A Jaume Roures, dueño de Mediapro (junto con Tatxo Benet), sólo hay dos cosas que le gustan más que el arte contemporáneo: Woody Allen y los derechos del fútbol. La prensa ya no. El galerista del artista cubano explica que Mayet siempre trabaja con temas referidos a la naturaleza. Árboles, jardines, edenes flotantes, nubes, como una isla iluminada por un rayo de esperanza y marchitada por todo lo demás. Utiliza el papel maché y cables para crear estas maquetas de paraísos inquietantes que “gustan a todo el mundo”. “Habla de la cubanía y del desarraigo”, señala.

La naturaleza de Jorge Mayet, valorada en 20.000 euros más IVA.
La naturaleza de Jorge Mayet, valorada en 20.000 euros más IVA.
Ya tuvimos noticias del gusto del productor y coleccionista por el paisajismo ilustrado en la exposición que el Museo Thyssen-Bornemisza dedicó al pintor Antonio López, dos temporadas atrás. Es una espléndida vista del Campo del Moro, junto al Palacio Real, en el que la masa verde de la arboleda de los jardines se une a la de la Casa de Campo y es amenazada a ambos lados por la presión de la ciudad. El lienzo enorme está valorado en cerca de cinco millones de euros y el pintor suele recordar con cariño aquella compra.

Es el mismo cuadro que le colocó en una embarazosa situación cuando se vio en la obligación de responder a uno de los periodistas del periódico Público, propiedad del coleccionista, si estaría dispuesto a venderlo para salvar el diario, en sus últimos días de vida. Ante la atención de la plantilla, reunida en torno a él en la redacción, supo salir con vida: “Si con eso bastara lo haría”. A los pocos meses declaró la quiebra de la empresa y la falta de recursos para hacerse cargo de las indemnizaciones de todos los trabajadores.

Antonio López muestra a la Reina el cuadro propiedad de Jaume Roures, durante su exposición en el Thyssen. (EFE)
Antonio López muestra a la Reina el cuadro propiedad de Jaume Roures, durante su exposición en el Thyssen. (EFE)

La pieza por la que se interesaba ayer en ARCO tenía un precio de 20.000 euros. El galerista le explicó, le contó, le habló (en catalán) y Roures negoció, como buen coleccionista. El galerista tiene la obligación de llegar a un acuerdo con el creador cuando esto ocurre para rebajar las pretensiones, y confirma a este periódico que las tres piezas de Ayet se han vendido a dos compradores españoles. Cosa rara, porque asegura que el 80% de las ventas en la feria es a extranjeros. Las tres obras se han cerrado en dos horas. El coleccionista que se ha quedado con dos de ellas no tenía nada del cubano, pero “siempre le había gustado”. Aunque no ha confirmado la identidad del comprador, un Monument Man del arte contemporáneo español, ni si habrá plan “A” o “B”.  

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