Un libro desmonta el mito de los 80

"La movida fue un movimiento aburrido y mesiánico"

La periodista Patricia Godes analiza las claves de su libro sobre Alaska y los Pegamoides, donde critica el mito de la Movida y la euforia democrática de los 80

Foto: Portada del disco 'Grandes éxitos'
Portada del disco 'Grandes éxitos'
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El paraíso español en la Tierra existió. Año 1982. Jóvenes y carismáticos líderes socialistas inventan la fórmula política perfecta: conservadores en lo económico, progresistas en lo social. Se abren las puertas del maná europeo. España baila enloquecida al ritmo de Alaska y los Pegamoides y Mecano. La movida pone la Marca España en órbita planetaria. Etc, etc, etc. Ni la llegada del PP al poder pudo con el mito del 82 como el año en el que España se volvió loca de alegría y enterró su pasado conflictivo. Hasta que llegó el porrazo (crash de 2008, pinchazo de la burbuja, 15M) y las visiones mitificadas sobre el 82 empezaron a resquebrajarse y a tener que competir con las que clamaban: de aquellos polvos estos lodos.

Y en esas estamos. En los primeros ochentas convertidos en campo de batalla cultural. A un lado, los que responden a las actuales penalidades económicas redoblando la apuesta nostálgica por esa década como arcadia romántica a recuperar para superar nuestra depresión. En la otra acera, los que han decidido revisar críticamente una época en la que lo político y lo cultural confluyeron como pocas veces.

Algunos de los ensayos críticos más interesantes sobre la juerga democrática del 82 han llegado desde el frente culturalQuizás por eso algunos de los ensayos críticos más interesantes sobre la juerga democrática del 82 han llegado desde el frente cultural. Hablamos de los libros sobre Mecano y Alaska y los Pegamoides publicados por la editorial Lengua de Trapo en su colección Cara B,  que analiza la gestación de discos míticos del pop español atendiendo al contexto sociológico que los hizo posible.

Disparar con bala

Del libro de Mecano, escrito por Grace Morales, ya hablamos aquí. El de Alaska y los Pegamoides y su disco Grandes éxitos, que se publica la semana que viene, lo ha escrito Patricia Godes, crítica musical de referencia desde los años ochenta. 

Parte de la gracia del ensayo es que Godes no sólo vivió la explosión de la movida desde dentro, sino que fue amiga personal de algunos miembros de los Pegamoides. Y lo que es mejor: Godes, como es habitual en ella, dispara con bala. No tanto contra las personas, a las que retrata en sus claroscuros artísticos, sino contra un movimiento, la movida madrileña, cuyas carencias culturales contrastan grotescamente con la hagiografía constante de la que ha sido objeto.

En el ensayo hay anecdotario de primera mano, entrevistas a personas que conocieron el fenómeno, rastreo de hemeroteca para ver cómo cubrió la prensa la irrupción de la movida (resumiendo: frenética sucesión de acríticas mamadas periodísticas lideradas por Francisco Umbral), análisis musical  e interpretación sociológica de todo ello.

Guerra contra la caspa

El título de libro, Alaska y los Pegamoides. El año en que España se volvió loca, resume tanto un estado de ánimo (eufórico) como un modus operandi clásico de la época: cuando todo un país entró en frenesí para ver quién era el más moderno. Estaban los grupos de música, con sus pintas imposibles y su lucha por ver quién era el más auténtico de la esfera pop. Pero también los políticos y sus seguidores.

Elogiar a la Movida sirvió como herramienta para el reciclaje político aceleradoLa izquierda institucional procedió a prender fuego a las chaquetas de pana, comprarse gafas de diseño y arreglarse los dientes. Como si cambiar de look fuera imprescindible para ser tomada en serio como opción de Gobierno: del progre casposo al gestor responsable, de la manifestación y la algarada a la modernidad tecnocrática liberal y el glamour de la beautiful people. La derecha, por su parte, se sumó al moderneo para sacudirse el pelo de la dehesa y acelerar su conversión en derecha responsable que había roto los puentes con el conservadurismo franquista. Elogiar a la movida como herramienta para el reciclaje político acelerado. Alaska como icono de consenso democrático.

Hasta aquí las impresiones sobre el libro y la época. Respecto a la entrevista a Patricia Godes, resulta curioso la cantidad de veces que repite la siguiente frase durante la conversación: "La movida no tuvo nada de divertido", cuenta a El Confidencial. Parece una frase banal pero, si lo piensan, se trata de un cañonazo contra la línea de flotación de un mito histórico que ha atravesado generaciones.  "La diferencia entre lo que cuenta la memoria histórica de esos años y lo que yo viví es abismal", afirma Godes, que utiliza la grabación del disco de los Pegamoides como hilo conductor del repaso a toda una era.

"Pasó algo, de acuerdo, pero nada muy diferente a lo que lleva pasando toda la vida: una juega musical de veinteañeros. ¿Por qué a estos se les hizo caso y a otros no?. Se produjo una amplificación absurda del fenómeno de la movida. En el Rock-Ola cabían 600 personas. Con eso está todo dicho. 600 personas viendo a una serie de grupos españoles e ingleses más o menos malos. ¿Por qué hemos tenido que tragar hasta ahora con estas ruedas de molino?. De verdad, la movida no fue algo tan divertido. La movida fue una gran borrachera y una gran mentira. Aquella no fue una época feliz, para nada", añade.

¡Qué tiempo tan feliz!

Es curioso, por ejemplo, la tendencia a contar la transición en clave de exitoso acuerdo político y contar los primeros ochenta en clave de fiesta cultural, cuando el país sufría entonces una crisis económica de campeonato. La actual nostalgia por los años ochenta como paraíso perdido de la buena vida española choca con las estadísticas que recoge el ensayo de Godes tirando de hemeroteca:

España atravesaba entonces su peor situación económica desde hacía años "España atravesaba su peor situación económica desde hacía años con un 14% de inflación anual y un 17% de paro, que seguirá subiendo hasta el 20% con un ritmo de destrucción de empleo frenético. Algunas de las noticias resultan tremendamente intemporales: los desempleados dentro de la población entre 16 y 24 años suponen el 50,33% del total de parados y las mujeres entre 16 y 24 años representan el 64,59%... Y, por supuesto, la cháchara periodística era idéntica a la de ahora: 'La reactivación decisiva de la economía española no se producirá hasta 1982, según la OCDE', informa un titular de El País"

Dice Godes que el  disco de Alaska y los Pegamoides "no necesita defensa" porque "ya está en la memoria colectiva". Otra cosa es el fenómeno que se montó alrededor de la movida. Para rematar, he aquí seis joyas de la entrevista a la periodista donde destripa el mito:

1) "En parte es un libro contra la movida. Tiene un origen visceral que he intentando racionalizar y argumentar".

2) "Tenía unos demonios que me quería sacudir de encima. Nunca me llaman para hablar de la movida pese a que yo sí viví la época. Quizás porque nadie quiere oír lo aburrido y mesiánico que fue todo aquello".

La prensa se volvió loca en sus elogios a unos músicos principiantes y amateurs3) "La prensa se volvió loca en sus elogios a unos músicos principiantes y amateurs. Las bandas salían sin parar en los periódicos pese a que históricamente la prensa generalista española ha marginado a los grupos de música".

4) "Como periodista, lo único que puedo afirmar a favor de esa época es que pude decir en los medios lo que me dio la real gana, cosa que dejó de ocurrir a partir de los noventa".

5) "La generación progresista del 82 era tan estricta, puritana y dogmática como la conservadora".

6) "La idea de que la España del 82 iba bien es un disparate".    

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