El presente es del ensayo
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Cuatro autores en busca del futuro del género

El presente es del ensayo

Cuatro ensayistas, cuatro posiciones ante la política y el tratamiento de la realidad: Ramón González Férriz, César Rendueles, Antonio Baños e Iván de la Nuez

Foto: Un acampado en la Puerta de Sol, en mayo de 2011. (Efe)
Un acampado en la Puerta de Sol, en mayo de 2011. (Efe)

Cuatro ensayistas, cuatro posiciones ante la política: un liberal (Ramón González Férriz), un neomarxista (César Rendueles), un libertario (Antonio Baños). Y un moderador poco moderado: Iván de la Nuez. No está prohibido hablar de política, pero toca analizar los recursos y los reflejos de un género que tradicionalmente ha mantenido una posición de enfrentamiento con la sociedad española, y que las carambolas de la actualidad han colocado en el centro de la atención popular.

Los acontecimientos brindaron hace cinco años la oportunidad a los ensayistas de romper definitivamente con la Academia para acercarse al público y a sus preocupaciones. Estrecharon lazos con la comunidad, se liberaron de las pústulas elitistas y asumieron un papel que ni se les había demandado ni lo habían ofrecido. Estos cuatro representantes de la nueva generación de pensadores demuestran un interés inédito por el presente inédito, y hace del género un arma arrojadiza, dinámica y contemporánea.

En el Museo Reina Sofía se han reunido para celebrar el renacimiento de una herramienta útil para el análisis de la realidad, con características propias: los acontecimientos políticos, económicos y sociales son analizados desde el punto de vista del autor. “El ensayo es lo más parecido al Jazz. No hacemos rock, ni pop, ni salsa, hacemos un tipo de escritura que se convierte en una conversación con uno mismo”, rompe el hielo Iván de la Nuez, que estos días presenta su libro El comunista manifiesto (Galaxia Gutenberg).

Enséñame a pensar

De la ignorancia al protagonismo existe la amenaza del oráculo. Ninguno de ellos pretende ofrecer las soluciones a los problemas que atañen a la sociedad en ruinas. Ninguno de ellos quiere dar lecciones. Ninguno ser el guía. “Los ensayistas enseñan a pensar”, añade De la Nuez, que aclara que el ensayo, más allá de cualquier consideración, es una actitud. “El papel del ensayista es colocarse en el momento anterior a la función real, por eso el ensayo se parece al boceto, al borrador, al entrenamiento deportivo, al afinamiento de un piano, pero también al de una navaja”.

Los ensayos no explican problemas, ojo, llevan los problemas al centro de la sociedad. Enfrentan a la comunidad a sus fallos, para que asuma su responsabilidad y la búsqueda del bien común, entre todos. “Nuestro deber es ofrecer problemas, no resolverlos”, vuelve a la carga De la Nuez.

Antonio Baños (Barcelona, 1967) es una buena muestra del cambio de actitud del ensayista, que ha optado por degenerarse mezclándose con otros lugares de actuación social, como el periodismo. Al autor de La economía no existe (Los libros del lince) le gusta definirse como un “estricto periodista”, para provocar a la Academia. Baños representa al agitador (de conciencias) compuesto por ironía, descaro y desafío a partes iguales.

¿Cómo se ensaya y se piensa el presente? “Desde la tendencia a la claridad. La monserga francesa protegía de los embates del mundo feo capitalista de los ochenta, que ganaba por goleada”, cuenta Baños. Tampoco cree en el agradable mundo del pop. “Me espanta”. El pop también planteaba una negación de la realidad de la explotación persistente. “Nos negamos a aceptar una tradición de la derrota. Hay miedo a asumir que seguiremos en una vida derrotada hasta el final de nuestras vidas. Es un error”, matiza.

Borrachera ideológica

La utilidad. Un ensayo también puede ser útil. Ramón González Férriz (Barcelona, 1977) defiende ese valor rentable para el lector que se acerque al ensayo. El placer de sentir que la lectura sirve, incluso para incidir en la política. El autor de La revolución divertida (Debate) y editor de Letras Libres, cree que en tanto el ensayista sea preso de su ideología no avanzará más allá de ella. “Te emborrachas de ideología y piensas que puedes explicarlo todo con ella. Hay que ser consciente de las limitaciones de la ideología, porque yo no quiero ser un tipo de partido”, explica.

¿Es el género propio del siglo XXI? “No. El género del siglo XXI es la tertulia, exactamente lo contrario al ensayo”, remata González Férriz muy cáustico. Explica que la exposición de certidumbres breves sobre cualquier cosa es la esencia de la tertulia, justo todo lo contrario al ensayo. Baños opina que para ser el género del XXI hay que pagar unas tasas, como pecar de condescendiente o cordial con los lectores (“Como si los tuviéramos”) para no cerrar el acceso al coto.

“Yo soy muy pesimista: no creo que el ensayo sea el género del futuro, aunque es verdad que la novela ha perdido el centro de la opinión”, ha tomado la palabra César Rendueles (Gijón, 1975), autor de Sociofobia (Capitán Swing), que asegura que es importante “resistir a la tentación de la originalidad”. El futuro no es de la originalidad, sino de los que repiten una y otra vez lo mismo. “Esos sí que son originales. Hago elogio de la pesadez”, a pesar de que coincida con los otros tres autores en una prosa limpia y accesible.

Reducir la complejidad del mundo, pero sin traicionarla. Esa es la máxima que figura en el escritorio de Antonio Baños. Transmitir conocimiento complejo y hacerlo inteligible, sin resistirse a la tensión de la creación. “¿El ensayo debe informar o formar conciencia? ¿Debe estar en el dato o en el relato? ¿Uno debe narrar esa complejidad?”, se pregunta.

Ensayistas VS. novelistas

De ahí que defina al ensayo como un intento, como un fracaso continuo, como un vademécum sin soluciones, como una herramienta que propicie la vuelta a la perplejidad. Hay unas cuantas recomendaciones para lograrlo: “Romper con el consenso de los mitos confortables. No halagar los oídos de nuestro propio público. No escribir para nadie, sino para todos. No tratar de convencer a los convencidos”, que, según Baños, ha sido uno de los grandes errores de la tradición española.

Otro fue permanecer lejos de la calle. Durante la conversación surgió el acercamiento del ensayo al periodismo -y nadie pareció sonrojarse por ello- por la necesidad de realidad que ha surgido entre la población española, a raíz del movimiento 15M, esencialmente. “De repente, hay un mundo que el novelista no sabe explicar. Es el mundo que nace en 2008”, dice Baños. Ramón González apunta que el género ha resurgido porque a la gente le interesa cada vez más la realidad, “muchos se han desengañado de la imaginación”.

El ensayo aporta información que las personas ninguneaban, pero que de un día para otro han necesitado descifrarla. En esa línea, Rendueles aclara que “es un auge de las preguntas más que de las respuestas”. Iván de la Nuez pinta una escena en la que las instituciones y la sociedad esperan a que pase la crisis para volver a funcionar como habían funcionado hasta el momento, mientras que los ensayistas, dice, son los únicos que han aprendido algo. Parte con ventaja y la quiere compartir.

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